Tuerto Rey - Poesía y alrededores

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"La aparición de la poesía"


por Sandra Cornejo para El Día

La poesía llegó muy temprano de la mano de unos gitanitos que me producían toda clase de asombro y me acompañaban como seres de carne hueso; desde una canción de cuna que mamá cantaba, entre mudanzas y baúles llenos de supuestas pertenencias (que iban y venían en profusos camiones de empresas que ya no existen) ellos, los gitanitos, en la voz de mi madre, me remontaban a otros mundos, a otros paisajes donde había una sola casa (el hogar) que generalmente con un sótano y algún cobertizo prescindía de las casas reales.

Texto completo en:
http://www.eldia.com/nota/2017-9-23-5-39-1-la-aparicion-de-la-poesia-opinion


Imagen: Valle Grande, arboleda.


Simone Weil


 

El deseo de luz produce luz.
Hay verdadero deseo cuando hay esfuerzo de atención.
Es realmente la luz lo que se desea cuando cualquier otro
     móvil está ausente.
Aunque los esfuerzos de atención fuesen durante años
     aparentemente estériles,
un día, una luz exactamente proporcional a esos esfuerzos
     inundará el alma.
Cada esfuerzo añade un poco más de oro
a un tesoro que nada en el mundo puede sustraer.

Simone Weil
(Francia 1909-Reino Unido 1943)



Imagen: Caminos en Hyde Park, SC


Decir una montaña: Etel Adnan


Mientras Etel Adnan ve la pintura como una expresión de la joie de vivre, la escritura es su campo de meditación. Su montaña sagrada... (por Javier Hontoria)

fragmento

"...Adnan pinta igual que escribe, sentada, junto a una mesa desde la que divisa el exterior. La extensa serie dedicada al Tamalpaïs reúne pinturas de pequeño formato, de un tamaño algo mayor que el de una cuartilla; su orografía se torna cada vez más esencial y su color permanece plano, sin mezcla. Son también esenciales y afiladas las palabras que brotan paralelas a las pinturas, como las que dan forma a su penetrante Journey to Mount Tamalpaïs, uno de sus textos más conocidos. También sus leporellos, sus cuadernos que se abren como un acordeón (muy bien representados en esta exposición austriaca), subrayan la naturalidad con la que palabra e imagen habitan un mismo lugar en un tiempo idéntico.

La exposición se titula Writing Mountains, pero uno no sabe si quien escribe es la autora o si es la montaña misma la que empuña el verbo, si es éste el que dice de la montaña o si es la montaña quien discretamente se dice. En una obra sin apenas variación en casi siete décadas, el medio es Tamalpaïs. En ciertos momentos del metraje de un montaje de películas realizadas en Super 8 vemos la cima de la montaña imponerse sobre las nubes que todas las tardes se ciernen invariablemente sobre la bahía de San Francisco. Llegado el momento, la bruma oculta las imágenes y han de aflorar las palabras, en un ejercicio que es sucesivo, diario. Sobre la célebre y repentina oscuridad vespertina ha escrito Adnan una colosal pieza literaria, Sea and Fog..."
 

Completo en: http://www.elcultural.com/revista/arte/Decir-una-montana-Etel-Adnan/35954

Imagen: Landcape with Mountains, 2014 (detalle). Por Etel Adan


"Educar en la era planetaria"

Edgar Morin

 

fragmento
 

"...La desesperanza nace de la conciencia sobre las carencias del Hamo sapiens/demens, y de las manifestaciones históricas del ruido y del furor que barrieron tantas veces con la razón y el amor. Esta dialógica dispone de seis principios de esperanza en la desesperanza:

- Principio vital: como todo lo que vive se autorregenera en una tensión
irreductible hacia su futuro, también todo lo humano regenera la esperanza
regenerando su vida. No es la esperanza lo que hace vivir, es el
vivir que crea la esperanza que permite vivir.
- Principio de lo inconcebible: todas las grandes transformaciones o
creaciones fueron impensables antes de que se produzcan.
- Principio de lo improbable: todos los acontecimientos felices de la
historia fueron a priori, improbables.
- Principio del topo: que cava sus galerías subterráneas y transforma el
subsuelo antes de que la superficie se vea afectada.
- Principio de salvataje: es la conciencia del peligro que según Holderlin
sabe que "donde crece el peligro, crece también lo que salva".
- Principio antropológico: es la constatación de que Hamo sapiens/ demens ha usado hasta el presente una pequeña porción de las posibilidades
de su espíritu/cerebro, esto implica comprender que la humanidad se halla lejos de haber agotado sus posibilidades intelectuales, afectivas, culturales, civilizacionales, sociales y políticas. Es decir, que salvo una posible catástrofe el ser humano no se halla en el límite de las posibilidades cerebrales/espirituales, históricas de las sociedades y antropológicas de la evolución humana. Nuestra cultura actual corresponde entonces, a la prehistoria del espíritu humano y nuestra civilización corresponde a la presente edad de hierro planetaria.


Imagen: "Pensamiento global", 100x100cm. de Sanzsoto
Gällivare Museum, Laponia, 2010
En: http://sanzsoto.blogspot.com.ar/

 


Moya Cannon y sus aves de invierno

6-agosto-2017

Por Sandra Cornejo

Texto publicado en:
Argentina:http://www.eldia.com/nota/2017-8-6-8-12-49-moya-cannon-y-sus-aves-de-invierno-septimo-dia
Chile: http://letras.mysite.com/scor060817.html

“Jamás pensé en hacerme escritora”, revela Moya Cannon en el prólogo de la antología “Aves de invierno y otros poemas” de la editorial Pre-Textos. La poesía simplemente le aconteció, refugio ante la turbulencia de la vida que vendría después. La autora también ha dicho: “ningún escritor elige su tema, el tema lo elige a uno”. Es así como en este libro, integrado por poemas de cuatro libros anteriores (“Oar”, “The Parchment Boat”; “Carrying the Songs: New and Selected Poems” y “Hands”), ella elige -o es elegida por- aquellos tonos que marcaron su infancia en su Donegal natal, último rincón al noroeste de Irlanda y de toda Europa. En ese tiempo, el padre de Cannon, maestro, fue volcando en la niña una cosmovisión singular, al tiempo que la madre aportaba una entusiasta inclinación por la poesía. Ambos suponían la importancia del aprendizaje del gaélico, de modo que el irlandés sería su lengua materna. El inglés vendría poco antes de iniciar la escuela.

Ambos, padre y madre, habitarán luego los poemas de la hija. También lo harán los seres sufrientes y severos de aquel paisaje aislado pero muy cercano a las mareas. Los poemas escritos ya en Dublín, traerían en su imaginería el recuerdo de los años fundantes. Esos símbolos de la infancia (tan destacados por María Zambrano o Antonio Colinas para la hechura de una obra) se harán visibles frente a la fragilidad de los días. Una inclinación hacia la observación y el extrañamiento y una sensibilidad abierta y punzante, llevarán al papel desde entonces palabras como valva, brezo, piedra caliza, remo, marea, granito, barreno, tulipanes, gansos, helada.

La de Cannon no es una poesía simple, si bien franca. Hay en la construcción de su poética un lenguaje moldeándose en capas, una revuelta de asociaciones en torno a un tema o paisaje. La perplejidad por la que es tomada la autora ante la pérdida, el misterio o la fragilidad del ser -y de cada uno de los detalles cotidianos, como un caracol o el polen-, es la misma perplejidad que nos toma a nosotros, sus lectores, ante cada uno de sus poemas. Porque cada uno de sus poemas, además de ser un canto, una historia o un relato; es una pequeña pieza construida con esmero de artesano, cuyo cincel esculpe matices a través del tiempo. Esta “arqueóloga de la emociones” (como la definiera su traductor y amigo, Jorge Fondebrider) dice por ejemplo en su poema “Atención”: “A veces no hay nada,/ absolutamente nada,/ que hacer sino observar/ y esperar/ y dejar que el reloj que divide nuestros días/ nos suelte/ hasta que la mente sea capaz/ de confiar en la tormenta/ de soportar nuestro peso de carne y hueso/ de hacerse cargo de respirar/ el ritmo de la sangre/ un ritmo sostenido/ entre dos respiraciones/ un llanto de recién nacido/ un último resuello”.

Cannon apunta a lo primordial, a esa emoción que al ser traducida en un poema se manifiesta en cierto conocimiento poético, hecho que no sólo hace a la expresión de una identidad personal sino que, en palabras de Robert Duncan, hace a la expresión de una “identidad cósmica”. Ocurre que su poesía, a través de lo propio, habla de lo universal; dice por ejemplo: “el de la muerte es un país privado/ como el del amor” o escribe en “Manos” (al observar unas manos en un vuelo de avión) “como si esto fuera lo que es la vida humana:/ser pasado de mano en mano”. Es así que las aves de invierno no sólo son los gansos de pecho negro que en octubre bajan desde Groenlandia; son, además, aquellos muchachos que en los bancos de las últimas filas de la clase emigrarán indefectiblemente por sustento y futuro. Es así también que, al observar la demolición de una casa, reflexiona sobre el recuerdo de una vieja historia de amor.

La vida en las Islas del norte es una coartada en Cannon para poetizar sobre la vida y la muerte, la vejez o el dolor, un violín, un erizo, un tren o el río de estrellas en un cielo perenne. En ella, la poesía es el sortilegio para “encontrar una gramática nueva”. Al escribir sobre lo propio (y aquí es imposible no mencionar a Seamus Heaney) abre una ventana desde la mismidad a la otredad, ahondando en lo que habita más allá de la frontera personal para deslizarse entre los confines humanos.

¿Qué se aprende en definitiva de la lectura de Moya Cannon? Que la vida subterránea tiene sus propias geometrías, que estamos ávidos y que la criatura herida puede convertirse en una antorcha, más o menos, un mapa ante el dilema del mundo.


Sam Shepard

1943/2017

En Rapid City, South Dakota, mi madre me daba cubitos de hielo envueltos en servilletas para que los chupara. Estaban saliéndome los dientes y el hielo me insensibilizaba las encías.
Aquella noche atravesamos los Badlands. Yo viajaba en la bandeja que hay detrás del asiento trasero del Plymouth, mirando las estrellas. El cristal estaba helado al tacto.

Nos detuvimos en la pradera, en un lugar donde había un círculo de enormes dinosaurios de yeso blanco. No era un pueblo. Simplemente los dinosaurios iluminados desde el suelo por unos focos.

Mi madre me llevó a dar una vuelta abrigado bajo una manta parda del ejército. Tarareaba una canción lenta. Creo que era “Peg a’ My Heart”. La tarareaba bajito, para sí misma. Como si sus pensamientos estuvieran muy lejos de allí.

Serpenteamos lentamente por entre los dinosaurios. Por entre sus patas. Bajo sus tripas. Describimos círculos en torno al Brontosauro. Miramos desde abajo los dientes del Tyranoraurus Rex. Todos tenían unas lucecitas azules a modo de ojos.

No había nadie. Sólo nosotros y los dinosaurios.

 

Sam Shepard-9/1/80-Homestead Valley, Ca.
De Sam Shepard, en Crónicas de Motel (Anagrama, 2005)


Mircea Cartarescu



...Como si los puentes se derrumbaran a mi paso.

...Como si las estrellas explotaran después de caer dormido.

...Como si nuestra memoria fuera un osario.

...Como si nuestra mente fuera una campana resquebrajada.

 

El ojo castaño de nuestro amor (Mircea Cartarescu)
Imagen de MC en: http://impedimenta.es
 


Thoreau

por Ernesto Estrella


(fragmento)

...Walden nos presenta de un modo muy sistemático los principios que pueden llevarnos a una vida en armonía con la naturaleza. El Diario es una obra más abierta, pero, según avanzamos en nuestra lectura, se nos van revelando las estrategias que configuran un “método Thoreau”. Este método nos invita a movernos en nuestro día de manera similar a como él lo hiciera, y nos propone un itinerario ético que afecta a cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Si Walden despliega el sistema ideal para un modo de vida sostenible, el Diario nos da la opción de recorrer los entresijos y posibilidades de esa sostenibilidad en el contexto real de las situaciones, necesidades y contratiempos que afrontamos en nuestro día a día.

En 1845, Thoreau se mudó a la laguna de Walden —allí construiría su famosa cabaña—, dedicando dos años a mirar y pensar la sociedad de su época desde un ángulo crítico. Ni demasiado cerca, ni demasiado lejos de los hombres, podría ser el leitmotiv de ese experimento vital. La obra icónica de Thoreau nos comunica ya esta dinámica compleja y frágil, explorada lúcidamente por Antonio Casado da Rocha en su reciente libro Una casa en Walden. En el Diario, esa dinámica de cercanía y de distancia (que todos necesitamos) se nos presenta en su estado más sutil. En sus páginas queda claro que el yo que interesa a Thoreau no es más que un punto de apoyo relacional desde el que caminar —con la mente, con los sentidos— hacia todo aquello que no somos nosotros mismos y que puede transformarnos y enriquecernos. Desde ese lugar de compromiso constante con el presente, Thoreau observa, registra y actúa en su territorio. Este territorio nos acerca, a veces, al entorno natural (la fauna y la flora de Walden), y otras, al entramado social, cultural y político que le tocó vivir y del que siempre fue un participante activo.

Completo en: https://cultura.elpais.com/cultura/2017/07/11/babelia/1499769214_357663.html


Dublín y otros temas en La Pecera


 

Dublín,
La ciudad escrita

La autora de "Todo lo perdido reaparece", Sandra Cornejo (La Plata, 1962), nos presenta una crónica de su viaje a Dublín,
sus encuentros con poetas irlandeses y las entrevistas a Pat Boran y Moya Cannon que se agregan en los siguientes links.
(En Revista La Pecera de invierno, dirigida por Osvaldo Picardo y 
Héctor Freire).

https://www.lapecerarevista.com/dublin

 


William Butler Yeats


Él desea las telas del cielo
 

Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
recamadas con luz dorada y plateada,
las telas azules y las tenues y las oscuras
de la noche y la luz y la media luz,
extendería las telas bajo tus pies:
pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he extendido mis sueños bajo tus pies;
pisa suavemente, pues pisas mis sueños.
 

He wishes for the cloth of heaven


Had I the heavens' embroidered cloths,
enwrought with golden and silver light,
the blue and the dim and the dark cloths
of night and light and the half-light,
I would spread the cloths under your feet:
but I, being poor, have only my dreams;
I have spread my dreams under your feet;
tread softly because you tread on my dreams.
 


Pablo De Santis en la AAL



La imaginación de Pablo De Santis llegó a la Academia

 

Por Silvina Premat
en: http://www.lanacion.com.ar


"Cada escritor tiene su libro imposible, que lo persigue como un deber pendiente. En esas páginas se unen el impulso por escribir y el impulso, no menos fuerte, por postergar, por dejarlo para otro día, o por cambiar continuamente de plan." Pablo De Santis describió así una de las experiencias esenciales de todo escritor al ser recibido ayer formalmente como miembro de número de la Academia Argentina de Letras (AAL).

En un acto realizado en el Palacio Errázuriz le dieron la bienvenida el presidente de ese organismo, José Luis Moure; el poeta Antonio Requeni, y otros nuevos pares, como Jorge Fernández Díaz.

En su discurso, De Santis se refirió a los libros imaginados, pero nunca completados por los escritores, y enumeró originales experiencias de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Rodolfo Walsh y Ricardo Piglia, entre otros. "Libros prometidos: una biblioteca interrumpida", tituló De Santis a su alocución, que pronunció frente a miembros de la AAL e invitados entre los que estuvieron Juan Sasturain, Guillermo Martínez, Marcelo Birmajer, Oche Califa, Hugo Beccacece y Graciela Melgarejo, entre otras personalidades de la cultura.

De Santis, de 54 años, es licenciado en Letras y escribe habitualmente artículos periodísticos sobre el género policial y la literatura fantástica. Es autor de las novelas La traducción, Filosofía y Letras, El teatro de la memoria, El calígrafo de Voltaire, Crímenes y jardines y El enigma de París, traducida a veinte idiomas. Sus cuentos están reunidos en Rey secreto y Trasnoche. Entre sus libros para jóvenes figuran Lucas Lenz y el Museo del Universo, Enciclopedia en la hoguera, El inventor de juegos, El buscador de finales y El juego de la nieve.

En su carrera, recibió numerosos galardones como el Premio Konex de Platino 2004, el Premio Planeta Casa de América 2007 y el Nacional de Cultura 2012. Su álbum de historietas El hipnotizador dio origen a la serie homónima de HBO y su novela El inventor de juegos fue llevada al cine en 2014 por Juan Pablo Buscarini.
Sobre las obras de los escritores "efectivamente" publicadas, De Santis afirmó ayer que "llevan en sí algo irrealizable porque siempre, en el plan original, había algo más vasto, y más rico y abundante". Y agregó: "Las palabras, que antes podían ser tachadas o cambiadas de lugar, de pronto quedan fijas sobre la página impresa, y ya no pueden soñar con ser algo distinto. Atrapadas por la red de tinta, las palabras ni siquiera tienen derecho a ser su propio sinónimo. Con cada palabra escrita se renuncia a la ambición original. Pero también se renuncia, felizmente, a la secreta vaguedad de las cosas imposibles, al injusto prestigio de lo irreal".

 

En la imagen: Pablo de Santis.
Más datos en: http://www.aal.edu.ar/

 


XII Festival Internacional de Poesía Buenos Aires

del 14 al 18/Junio 2017
CABA, AR


Se llevará a cabo desde el 14 hasta el 18 de Junio de 2017 en el CCK, Sarmiento 151, CABA, Argentina.

El 14 de junio a las 19:00 hs. se realizará la inauguración del XIIº Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires en la Sala Argentina del 6º Piso del CCK. Este Festival –que integra el Movimiento de poetas del Mundo– es considerado uno de los más destacados, junto con el Festival de Poesía de Medellín y el de Trois-Rivières, Quebec, Canadá. Su Directora, la poeta Graciela Aráoz, destacó que: “Este año recibiremos por primera vez a poetas de Austria, Finlandia y Eslovenia; además de presentar poetas de diecisiete países tales como Francia, Dinamarca, Holanda, España, Italia, Turquía y Uruguay, entre otros. Vienen además poetas de algunas de nuestras provincias: Córdoba, Tucumán, Río Negro, San Juan, Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.

El FIP tiende a la mezcla de estéticas, unión de expresiones antagónicas e inclusión social. Artistas y poetas como Dani Umpi (Uruguay), Carmen Berenguer (Chile), Jaime Siles (España), Lina de Feria (Cuba), Helena Sinervo (Finlandia), Vicente Zito Lema (Argentina), Laura Calvo (Río Negro), Inés Aráoz (Tucumán), unificarán sus voces; además, este año se recibirá con entusiasmo al poeta hipoacúsico Nicolás Domínguez Bedini.

Esta es la segunda edición del Festival en el CCK, sin embargo, desde su creación el FIP salió a la calle y a diversos espacios: hospitales y cárceles; Centros Culturales, Museos, Bares Notables y mercados, como el Del Progreso. Se continuará con instalaciones, integración con otras artes, performance, cantautores, artistas visuales, y en especial, la interacción que provoca el encuentro del poeta y sus lectores.

Además, con la VI edición de la Escuela Internacional de Poesía dentro del Festival, se cuenta con talleres muy innovadores, gratuitos pero con cupos limitados. Inscripciones: escuela@festivalpoesia.com.ar

Toda la data del FIP en: http://festivalpoesiabsas.com.ar/wordpress/


 


Irlanda en la literatura

por Marcelo Ortale

En http://www.eldia.com/nota/2017-5-21-8-39-1-irlanda-en-la-literatura-septimo-dia

El misterio de una tierra “con los mejores escritores por metro cuadrado”. La gravitación de Dublín. Autores argentinos influenciados por irlandeses. Benito Lynch. Testimonio de la poeta platense Sandra Cornejo

Por MARCELO ORTALE

Una sólida unión enlaza a la literatura irlandesa con la argentina –también a las dos culturas- y así lo corroboró la exposición organizada el año pasado por la Embajada de Irlanda en nuestro país, que se presentó en la Biblioteca Nacional. Se eligió ese año, el de 2016, al recordarse, por un lado, el centenario del patriótico alzamiento de Dublín que originó la emancipación irlandesa del Reino Unidos y, por el otro, el bicentenario de la Independencia de nuestro país.

Existe un fenómeno literario casi extraño en Irlanda. El español Antonio Rivero Taravillo escribió hace poco tiempo un artículo en el diario madrileño El País, titulado “Irlanda: la tierra con mejores escritores por metro cuadrado”, cuyo primer párrafo dice así “¿Qué misterio hace que una isla medio despoblada en el confín de Europa posea la más alta concentración de escritores de talento del mundo? Quizás parte de la respuesta resida en su carácter insular: esto sería comprobable también en Islandia (en la que, por cierto, se asentaron monjes irlandeses antes de la llegada de los escandinavos) o en Cuba. Pero hay otros ingredientes que intervienen en la fórmula magistral de su literatura única”.

Lo cierto es que hay cuatro escritores irlandeses que, desde la superficie no demasiado extensa de Dublín, merecieron el premio Nobel. Así, el poeta Williams Yeats lo recibió en 1923; con posterioridad George Bernard Shaw (1925), Samuel Beckett (1969) y Seamus Heaney (1995). Este último fue elegido recientemente por miles de oyentes de una radio irlandesa como autor del mejor poema escrito en Irlanda en los últimos cien años.

El poema de Heaney –”When all the others were away at mass” (Cuando todos los demás estaban en misa)- dice así, según traducción anónima: “Cuando todos los demás estaban en misa/ yo era todo de ella mientras pelábamos papas/ Ellas rompían el silencio, al dejarlas caer una a una/ como soldaduras saltando del hierro soldado/ frías comodidades entre nosotros, cosas que compartíamos/ brillaban en un balde de agua limpia/ y otra vez volvían a caer, pequeños y agradables salpicones de agua,/ que del trabajo de cada uno nos hacían volver en si,// Así que cuando el cura de la parroquia parado junto a su lecho/ rezaba con toda determinación las oraciones por los muertos/ y algunos respondían y otros lloraban,// yo recordaba su cabeza inclinada hacia la mía/ su aliento en el mío, nuestros veloces cuchillos pelando papas,/ Nunca tan próximos el resto de nuestras vidas”.

Pero aquellos cuatro irlandeses encumbrados por el mayor premio literario no logran eclipsar la excelencia de escritores de ese país como James Joyce, Oscar Wilde, Jhon Millington Synge, Bram Stocker, Flann O´Brian o Jonathan Swift, entre muchos otros.

Una historia nacida hace un siglo señala que ambas literaturas y ambas historias, la argentina y la irlandesa, se fundieron amistosamente y se sintieron hermanadas. En el caso nuestro, el infaltable Jorge Luis Borges es considerado un primer responsable de esa atracción. “La influencia de la cultura irlandesa en la Argentina se revela sustancial apenas se mira su reflejo en la literatura, concretamente en Borges, el primer intelectual en escribir en nuestra lengua sobre lo que significaba el Ulises de Joyce en 1925”, dice el crítico Rafael Toriz.

“Dublin es una ciudad antigua por su fundación, pero de una modernidad manifiesta que la traspasa. Fue declarada Ciudad de la Literatura por la UNESCO. No es para menos. Los escritores le brotan.

La propia literatura argentina se pobló de autores de descendencia irlandesa como John William Cooke, María Elena Walsh, Edgar Bayley, Sergio Kiernan, Juan José Delaney, entre otros. A su vez, los poetas y escritores irlandeses que Borges importó influyeron en figuras aún contemporáneas como Alberto Girri o Alejandra Pizarnik, mientras que el novelista platense Benito Lynch, descendiente de una familia irlandesa adinerada, no dejó de poblar sus novelas y cuentos con personajes nacidos en Inglaterra e Irlanda, ya gauchos, ya acriollados en nuestra llanura. Como se sabe, Lynch fue durante años uno de los que prestigió la redacción de El Día.

En los cuentos de Lynch “el lector puede observar el desarrollo criollo empujado por la influencia irlandesa y la sangre inglesa. Esto produce en él el problema de presentar dos culturas, una con verdadero entendimiento (la irlandesa) y y la otra con reservas (la inglesa)”, dice Jeffry Lane Green, en su tesis de licenciatura.

Otro escritor y poeta, César Cantoni, platense también, escribió dos bellos poemas sobre Irlanda. Uno de ellos, titulado “En el día de San Patricio”, dice así: “En el día de San Patricio/ mientras bebo con los hermanos irlandeses/ que habitan este suelo –mujeres y hombres/ convocados por el patrono de la isla–,/y brindo en honor de los poetas caídos/ en las cruzadas de liberación,/empezando por el bravo Pádraig Pearse,/yo te declaro mi guerra sin cuartel y para siempre,/ Inglaterra”.

“La influencia de la cultura irlandesa en la Argentina se revela sustancial apenas se mira su reflejo en la literatura, concretamente en Borges, el primer intelectual en escribir en nuestra lengua sobre lo que significaba el Ulises de Joyce en 1925”

Licenciado en Filosofía y Letras en Dublin, el embajador de Irlanda, Justin Harman, explicó recientemente en el diario “Perfil” acerca de lo que denominó “la profundidad de los lazos culturales y literarios entre nuestros países, por ejemplo la manera en que la literatura irlandesa ha impactado en la Argentina, como en el caso de Borges influenciado en gran medida por escritores irlandeses”.

Añadió que Irlanda, como Estado, es cien años más joven que la Argentina y que nuestro país “tuvo una influencia importante sobre el movimiento de la independencia en Irlanda en parte por la gran colectividad irlandesa emigrada al país. Argentina fue uno de los primeros Estados en reconocer al nuevo Estado irlandés. Justamente el que izó la bandera sobre el Correo Central, que fue el epicentro del levantamiento, causa por la que fue condenado a muerte, había nacido en Argentina, y pudo ser exonerado por haber nacido en suelo extranjero. Hubo un gran apoyo entre las colectividades y un vínculo histórico muy importante”.

POETA PLATENSE EN IRLANDA

Poeta con obra publicada e incluida en varias antologías –autora de Borradores (Cuadernos de Sudestada, 1989), Ildikó (Último Reino, 1998), Sin suelo (Ediciones Vox, 2001), Partes del mundo (Alción Editora, 2005), Todo lo perdido reaparece (Cuadernos orquestados, Cuadrícula Ediciones, 2012) y Bajo los ríos del cielo (Ediciones Al Margen, 2014)- la poeta platense Sandra Cornejo acaba de volver de Irlanda, entrevistándose en Dublín con los intelectuales y poetas irlandeses Pat Boran, Moya Cannon, Paula Meehan y Theo Dorgan. Una de ellas, Meehan, fue elegida entre los diez finalistas del concurso sobre el poema más amado de los irlandeses, que ganó Heaney y que fue transcripto arriba.

En la capital de Irlanda, dice, encontró “una atmósfera de los años 60 ó 70, pero en este siglo. Se me ocurre que siguieron una trayectoria de evolución aún con sus guerras y sus complejos entrecruzamientos culturales. Percibí un aire de sabia receptividad. Una energía perenne. En algunos ojos tristes que observé, no encontré pizca de rencor sino un mundo interno que bulle en ellos”.

Hace menos de un mes Cornejo caminó Dublín y en cada lugar tomó notas “tal vez para releerlas y recordar después, o porque en Dublin hay frases en las paredes, en los muros, en las habitaciones, y esas frases de una o tres líneas, de una o dos palabras, dan vuelta por instantes el mundo, al menos mi mundo”.

“Dublin es una ciudad antigua por su fundación, pero de una modernidad manifiesta que la traspasa. Fue declarada Ciudad de la Literatura por la UNESCO. No es para menos. Los escritores le brotan. Es un misterio. O un producto de la magia. Un arpa, un trébol, bardos, monjes, son sus emblemas. Los rodea el agua y tal vez han aprendido a ser Irlanda por oposición a ser Inglaterra (algo así me diría Pat Boran en una entrevista). También han aprendido a ser Irlanda desde sus ancestros vikingos, celtas, sajones, normandos. Han llegado del mar y han salido hacia el mar. Son una Isla, una república partida en dos. Y sin embargo trascienden el dolor para habitar en el futuro, cuidadosos de sus tradiciones”, dijo Cornejo.

Borges hermanaba la irreverencia irlandesa frente a Inglaterra con la iconoclasia argentina. Los escritores irlandeses quisieron sentirse diferentes a los ingleses y crearon un estilo y una literatura propia; los argentinos, como los sudamericanos en general, pudieron abordar todos los temas europeos y superarlos con innovaciones afortunadas.

En cuanto a Dublín, como ciudad de los escritores, también Borges escribió alguna vez: “Un estudiante de Dublín escribe una novela sobre un tabernero de Dublín, que escribe una novela sobre los parroquianos (entre quienes está el estudiante), que a su vez escriben novelas donde figurará el tabernero y el estudiante, y otros compositores de novelas sobre otros novelistas”. En los pubs de Irlanda todos escriben, todos leen.

Rivero Taravillo, traductor al español de cuentos “Deseo” de Liam O’Flaherty –otro de los grandes autores irlandeses- recuerda que a la verde y bella Irlanda se la conoce también por el apodo de “tierra de santos y poetas”. Dice que Joyce tituló así un ensayo sobre su país, en donde “los poetas ocupan un lugar prominente en las islas, hasta el punto de que el actual presidente, Mihael D. Higgins, es también autor de algunos poemarios”.

En ese artículo de Joyce, el autor de Ulises aludió a la infatigable –y en ocasiones frustrante- creatividad irlandesa. Reseña que en cierta ocasión Oscar Wilde le dijo a un amigo suyo: “Nosotros, los irlandeses, no hemos hecho nada, pero somos los más grandes habladores habidos desde los tiempos de los griegos”.

 

Imagen (que no es la que aparece en el diario) Moya Cannon, Sandra Cornejo, Theo Dorgan, Paula Meehan...faltó Pat Boran que andaba por ahí, alimentándonos...


Erri De Luca, dos poemas


Con la ayuda de Hölderlin
 


El mes de mayo del noventa y nueve
los belgradenses se hacían los astrónomos
y escrutaban el cielo.
El suelo explotaba, temblaban las piedras
más aún que los viejos, los perros o los niños.
Las bombas de grafito habían cortado la electricidad,
en la oscuridad la fraternidad aumentaba.
“Donde existe el peligro, crece
también aquello que puede salvarnos.”
(Wo aber Gefahr ist, wächst / das Rettende auch.)
El poeta no estaba en Belgrado aquel mes de mayo,
estaba muerto desde hacía siglo y medio,
pero sus páginas sí, se encontraban en mis bolsillos
como arma antiaérea, como salvoconducto.
En la guerra las palabras de los poetas protegen la vida
junto a las plegarias de una madre.
En una guerra los huérfanos y quienes no tienen un libro
están al descubierto.



Rostros
 


Quienes han tendido los brazos a lo ancho
batiendo las aletas de los pies
con los ojos absortos en la oscuridad de un suspiro,
quienes se han sumergido en el fondo de la pupila
de un mero en su refugio
olvidando el aire, quienes han atado
al árbol una tela y han alternado
la ruta y la deriva, quienes han remado
de pie con largos remos: ellos saben
que las aguas tienen rostros.
Y sobre los rostros afloran
borrascas, quietudes, corrientes
y el salto de los peces que sueñan con el vuelo.

 


En Sólo ida. Poesía completa, Seix Barral, Barcelona, 2016. Trad. de Fernando Valverde con la colaboración de Eden Tosi.
(Gracias Jonio González por traer una vez más a Erri De Luca a nuestros muros!)

 


En “Tres tratados de armonía”

Antonio Colinas

Las grutas, los acantilados, los volcanes, la alta mar, las cimas de las montañas, son los límites, las fronteras que no se superan sin riesgos, los espacios que se abren al Enigma.


En algún lugar del valle están ardiendo piñas y ramas de pino fresco. El aire que trae simplemente aroma de infinito.


¿Nos espera la destrucción del planeta o un progresivo y salvador regreso al origen, a  la armonía? Quizás esté llegando el momento de volver a fundar el mundo, es decir, de ser conscientes de una vida equilibrada en él. Para ello, habría que comenzar por dejar hacer a la naturaleza y que el hombre deje de hacer.

Vuelve los ojos hacia adentro, pues allí encontrarás siempre lo que has buscado toda la vida fuera. Allí dentro está todo, pero no es fácil dar con esa totalidad. Hallada, habrás dado con la bondad o energía de una luz que no se ve, pero que se inflama y entrega con dulzura. Y fluyendo con ella en tu respiración, se abrirán todos los caminos que antes se cerraban.

 


Dereck Walcott, in memoriam

(23 enero 1930-
17 marzo 2017)

Volcán

Joyce les temía a los relámpagos,
pero los leones rugieron durante su sepelio
desde el zoológico de Zurich.
¿Era Zurich o Trieste?
No importa. Éstas son leyendas, en tanto
sea leyenda la muerte de Joyce,
o el fuerte rumor de que Conrad
ha muerto, y que Victoria es irónica.
Al borde del nocturno horizonte
desde esta casa de playa en el acantilado,
pueden mirarse ahora, hasta el amanecer,
dos resplandores que llegan —millas mar adentro—
desde las plataformas petroleras;
se asemejan al resplandor de un puro
o al resplandor del volcán
al final de Victoria.
Uno podría abandonar la escritura
por las señales lentamente ardiendo
de lo grandioso, y ser, en cambio,
su ideal lector, reflexivo,
voraz, haciendo que el amor por las obras maestras
sea superior al intento
de repetirlas o superarlas,
y convertirse en el mejor lector del mundo.
Por lo menos esto requiere asombro,
algo que se ha perdido en nuestro tiempo;
demasiada gente que lo ha visto todo,
demasiada gente capaz de predecir,
demasiados que se niegan a penetrar el silencio
de la victoria, la indolencia
que consume hasta la médula,
demasiados que no son otra cosa
que ceniza erguida, como el cigarro,
demasiados que dan por sentado el relámpago.
¡Qué tan común es el relámpago,
qué tan perdidos están los leviatanes
que dejamos de buscar!
Había gigantes en aquellos días.
En aquellos días se hacían buenos puros.
Debo leer con más cuidado.

Derek Walcott (Castries, Santa Lucía, Antillas Menores, 1930)
Versión de Óscar Paúl Castro Montes en http://campodemaniobras.blogspot.com.ar

Volcano
Joyce was afraid of thunder / but lions roared at his funeral / from the Zurich zoo. / Was it Trieste or Zurich? / No matter. These are legends, as much /as the death of Joyce is a legend, /or the strong rumour that Conrad / is dead, and that Victory is ironic. / On the edge of the night-horizon / from this beach house on the cliffs / there are now, till dawn,/ two glares from the miles-out- / at-sea derricks; they are like / the glow of the cigar /and the glow of the volcano /at Victory's end. /One could abandon writing /for the slow-burning signals /of the great, to be, instead,/their ideal reader, ruminative,/ voracious, making the love of masterpieces /superior to attempting /to repeat or outdo them, /and be the greatest reader in the world. /At least it requires awe, /which has been lost to our time; /so many people have seen everything, /so many people can predict, /so many refuse to enter the silence /of victory, the indolence /that burns at the core, /so many are no more than /erect ash, like the cigar,/ so many take thunder for granted. /How common is the lightning, /how lost the leviathans /we no longer look for! /There were giants in those days./ In those days they made good cigars. /I must read more carefully.


Collected poems 1948-1984, The Noonday Press, Nueva York, 1994


Mary Oliver

El viaje / The Journey

 

El viaje

 

Un día finalmente supiste
lo que tenías que hacer, y comenzaste,
aunque las voces a tu alrededor
continuaban gritando
su mal consejo –
aunque la casa entera
comenzó a temblar
y sentiste el viejo tirón
en tus tobillos.
¡Arregla mi vida!
lloró cada voz.
Pero tú no te detuviste.
Supiste lo que tenías que hacer
aunque el viento acechó
con sus dedos severos
los mismos cimientos--
aunque su melancolía
fue terrible.
Ya era suficientemente tarde
una noche salvaje,
el camino repleto de ramas
y de piedras caídas.
Pero poco a poco,
según fuiste dejando atrás sus voces,
las estrellas comenzaron a arder,
a través de sábanas de nubes
y hubo una nueva voz
que lentamente
reconociste como la tuya,
que te hizo compañía
mientras tú avanzabas
más y más profundo
en el mundo,
determinada a hacer
la única cosa que podías hacer--
determinada a salvar
la única vida que podías salvar.

 

The Journey

 

One day you finally knew
what you had to do, and began,
though the voices around you
kept shouting
their bad advice--
though the whole house
began to tremble
and you felt the old tug
at your ankles.
"Mend my life!"
each voice cried.
But you didn't stop.
You knew what you had to do,
though the wind pried
with its stiff fingers
at the very foundations--
though their melancholy
was terrible.
It was already late
enough, and a wild night,
and the road full of fallen
branches and stones.
But little by little,
as you left their voices behind,
the stars began to burn
through the sheets of clouds,
and there was a new voice
which you slowly
recognized as your own,
that kept you company
as you strode deeper and deeper
into the world,
determined to do
the only thing you could do--
determined to save
the only life you could save.


Y la muerte no tendrá dominio

Villa María, Córdoba
5-02-2017


Por Iván Wielikosielek
 


El 5 de febrero de 1960 y con sólo 22 años de edad, se suicidaba Alberto E. Mazzocchi, poeta cordobés nacido en Las Varillas. A 57 años de su muerte, su paso por la tierra sigue siendo un misterio tan fascinante como insondable. Y su obra, de una calidad y melancolía sin precedentes en la literatura cordobesa, un diamante desconocido para el cánon de la poesía argentina.
 

Existe una sola foto de Alberto Mazzocchi. En ella se lo ve sentado sobre una tumba con las manos cruzadas en el pecho, casi como la parodia de un zombie levantándose de entre los muertos. Tiene la mirada fija en la cámara y una rosa negra a sus pies, oscuro talismán sobre el mármol color de sus zapatos. En la parte posterior, su amigo y albaceas Federico Undiano había estampado “1956” y una breve leyenda, la cual explicaba que “aquella foto” le había sido expresamente “dedicada” por el retratado. Cuatro años después y a la luz del abrupto (acaso inexplicable) suicidio de Mazzocchi, esa pequeña placa tomaría una dimensión de oráculo; no sólo porque el poeta anunciaba su propia muerte sino porque, de algún modo y al igual que “aquella foto”, esa muerte también era “dedicada” a su amigo. Pero el oráculo iría mucho más lejos. Y se extendería de manera fabulosa en el tiempo y el espacio prefigurando la ulterior resurrección poética de Mazzocchi, su modo de levantarse de entre los muertos tan joven como había sido sepultado, vestido de blanco y con los ojos embrujados; como si tras una breve temporada en el Purgatorio alguien lo hubiera lavado de todos sus pecados humanos, de toda su tinta sangrando los versos más melancólicos y maravillosos que alguna vez se escribieron en Córdoba; la sangre derramada de su sien como un tintero de poemas misteriosos, inéditos para siempre.


Los días en la Tierra
 

La biografía escrita por Federico Undiano (1932-2000) afirma que Alberto Enrique Mazzocchi nació en Las Varillas el 21 de septiembre de 1937, que al poco tiempo su familia se trasladó a Córdoba y que en 1952 ingresó al Seminario Menor “San Isidro” de Jesús María, del cual sería expulsado. En 1956 y con 18 años, Mazzocchi asiste como oyente a la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba. En esos claustros trabará conocimiento con Undiano, por entonces estudiante de Letras. A los pocos meses y de común acuerdo, ambos decidirán abandonar la carrera para iniciar una formación autodidacta compartida en escritura, dibujo y pintura.

Luego, tanto la biografía como algunas cartas que Undiano le enviara a este periodista entre 1997 y 2000, refieren encuentros y desencuentros del poeta con algunas mujeres, la clara atracción sexual que Mazzocchi ejerció en su amigo (“jamás consumada”, según Undiano), internaciones psiquiátricas a las que lo habría sometido su madre y tres tentativas de suicidio. “Quiso que nos suicidáramos juntos, estrechándonos las manos, uno junto al otro, a la caída de la tarde de un 16 de junio de 1957” escribió Federico 40 años después.

Tras un difícil 1958 en que Mazzocchi viaja a Buenos Aires y al Uruguay indocumentado, Undiano se traslada a Montevideo. Será en marzo de 1959 cuando Mazzocchi lo visite sin previo aviso, dispuesto a radicarse con su amigo en la capital uruguaya. “Como mi propia situación era en extremo precaria, se vio forzado a iniciar un verdadero vagabundeo callejero que no le privó de penurias como la mendicidad y algunos latrocinios”. El 29 de mayo y tras rogarle que volviera a La Docta, Undiano escribe en una de aquellas cartas: “urdí la ocurrencia de proponerle emprender juntos un viaje por América, si él consentía en dejar Montevideo mientras yo mismo lo pasaría a buscar por Córdoba. Nunca sabré si me creyó”. Lo cierto es que la noche del 11 de junio de ese año, Mazzocchi vuelve a Córdoba. Ni él ni Federico sabían que se estaban saludando por última vez en la Tierra. Esa noche, Mazzocchi escribiría el último poema que registra la edición bilingüe hecha por Undiano en París y que, como “aquella foto” y como tantos textos, está dedicado “a Federico”.

Tengo que viajar como todos los que viajan a altas horas de la noche
no dejando nada aquí
pronto comenzará el verdadero invierno
el círculo de luz de la luna poco a poco desaparece
un petrel altivo enfrenta el viento
nadie me reconoce como a un enviado
y en el fondo de todo
y en el fondo de mi alma
sólo queda el sencillo recuerdo de lo que he vivido
tengo que viajar como viajan los que se van de aquí para siempre
o para volver con otro rostro
más lejos están las estrellas
y sé que aquí no hay nada
que tenga que volver a vivirlo
el frío me acompaña
mis sueños me acompañan
y tengo puesta la misma ropa
la misma ropa inveterada que me ha acompañado
y aunque sé que no estoy solo
y aunque sé que iré a seguir viviendo
que iré nuevamente a esperar con mis manos juntas
y con mi sonrisa habitual de pobre
sin embargo
cuántas cosas terribles he hecho para no volver
adentro de todo sé que hay algo mío
que aunque no me lo hayan dado hasta ahora
algún día será mío
aunque permanezca donde estuvo siempre
y yo no lo pueda ir a buscar
como los viejos iré a caminar
hacia lo que está infinitamente solo
y allí recapacitaré como cuando fui más joven
todos los días aprenderé algo profundo
que solamente yo podré interpretar
tengo que viajar
el cielo se extiende cada vez más
se elevan los árboles
duermen los animales y los hombres
se repite la intensidad del frío
alguien demuestra un profundo cariño
quizá todo lo poco que he hecho por mí mismo
sea algo majestuoso
la esperanza estará abierta en todos los lugares
si no me comprendieron
sólo fue
porque fui demasiado extraño.
 

Aunque el poema refiera en apariencia a un simple viaje en colectivo (al menos en ese contexto fue escrito) en el fondo habla de otro viaje infinitamente más trascendental. Acaso sea la pulsión mortuoria del texto lo que me hizo pensar así la primera vez que lo leí; ese estribillo que vuelve una y otra vez y cuyo  “tengo que viajar” tanto se parece a “me tengo que matar”. Y sobre aquel misterioso final donde la voz poética parece haber concluido para siempre su misión en la tierra: “si no me comprendieron/ sólo fue/ porque fui demasiado extraño”. Pero tras esa frase ya nada más se puede modificar. Aquel viaje radical y póstumo es un hecho. Y el poeta ya se había embarcado en la “carroza del abismo” de la que hablaba Pessoa.

Pero volviendo a la parte física del poema, es decir al viaje en colectivo, tras su regreso a Córdoba, Mazzocchi le enviaría tres cartas a su amigo. Y nunca obtendría respuesta. Será el preludio de una tormenta que se desatará muy poco tiempo después, en noviembre del ´59, cuando Undiano vuelva “clandestinamente” a su ciudad y no le avise a Mazzocchi. “Pero alguien, estoy persuadido, aguardó a que yo hubiese viajado de regreso a Montevideo para decirle, recién entonces, que yo había estado en Córdoba. Y también estoy persuadido que fue a partir de entonces, que, ensordecido por mi silencio, sintiéndose perdido, enceguecido de ira, sin resignarse, liberó todas las fuerzas más sombrías que había ido acumulando”. Y acaso Undiano tenga toda la razón al decir lo que dice. Y si no, repasemos la cronología de los últimos dos meses del poeta. El 10 de diciembre se casa con Lidia, una mujer diez años mayor, pero dos semanas después se produce una violentísima reyerta conyugal; la primera de una serie infernal que finalizará recién el 24 de enero, cuando harta de sufrir golpes y agresiones Lidia huya a casa de sus padres. Pero esta fuga de la esposa será el principio del fin; ya que el martes 2 de febrero y saltando tapias con una soga, Mazzocchi logrará introducirse en casa de sus suegros. Una vez allí, cortando el cable del teléfono, obligará a su esposa a volver con él a punta de pistola. Ese mismo día, los padres de Lidia realizan la denuncia. El viernes 5, localizada la pareja en una pensión frente al Parque Sarmiento, los integrantes de la comisión policial golpearon la puerta para llevarse detenido a Alberto Enrique Mazzocchi. Pero este, empujándolos, empezó a correr por la ciudad y se dio a la fuga revólver en mano. Cuando la policía lo cercaba, Mazzocchi deteniéndose bruscamente, amenazaba con deserrajarse la sien; razón por la cual los uniformados lo dejaban seguir. Esta situación se repitió hasta que uno de ellos le disparó en una pierna y la víctima rodó en la avenida. Y así, sin perder el revólver de su mano, se disparó en la sien frente al pasaje de un colectivo que apenas alcanzó a frenar para no atropellarlo. Su deceso fue inmediato. La crónica de este hecho puede leerse en “La Voz del Interior” fechada el sábado 6 de febrero de 1960. Por cierto, en ningún lugar de la noticia se dice que el “suicida” era un poeta. Y era normal que eso pasara, ya que en vida Mazzocchi sólo había publicado dos poemas con pseudónimos. En lo que respecta a esa muerte irracional, Undiano tiene una explicación por demás categórica: “Para mí, Federico Undiano, Alberto E. Mazzocchi, incapaz de vivir sus sentimientos para conmigo, me tributó su muerte; yo, por mi lado, le brindé gran parte de mi vida”.

 

Apuntes sobre una resurrección



Si la poesía de Mazzocchi resucitó en muchos lugares del mundo, se debió exclusivamente a la incansable labor de su amigo y albaceas. Y es que Undiano logró publicarlo en Uruguay, España y sobre todo en Francia, cuando en 1985 apareció la edición bilingüe de “Poèmes-Poemas” (64 poemas y un fascinante apéndice biobiliográfico en 360 páginas de Editions L´Harmatann). Pero en Argentina y sobre todo en Córdoba, Mazzocchi sigue siendo un ilustre desconocido. Y excepto para algunos escritores aislados sin ningún peso ni importancia en el “establishemnt”, el poeta sigue estando muerto. No así su obra.

Escrita bajo un hipnótico ritmo de soledad y muerte, emparentada con el excepticismo radical de Lautréamont, la síntesis oriental de Ezra Pound, la metáfora ardiente de Dylan Thomas y el luminoso simbolismo de los evangelios, la obra del varillense es uno de los puntos más altos de la poesía argentina del siglo veinte. Y resulta curioso que Mazzocchi, quien de algún modo prefiguró la poética de Alejandra Pizarnik, no haya sido leído ni siquiera al contraluz de su contemporánea más famosa.
Este “pasar desapercibido” no fue en absoluto ajeno a Mazzocchi. Por el contrario. Ya que otro de los oráculos del poeta fue la perfecta aceptación de su invisibilidad, la plena conciencia de que nunca sería nadie en la poesía argentina mientras estuviera vivo. Este dato se ve corroborado al leer lo que Undiano escribe sobre la tapa de “Poêmes-Poemas”. Dice así. “Alberto E. Mazzocchi, al ver concluido su retrato, me pidió que lo hiciera reproducir en la tapa del libro que yo consiguiera hacer publicar son sus poemas. Sobreentendía que él mismo moriría antes de ver su obra literaria editada”.

Un año atrás y acaso como un ejercicio por entrar en el panteón de la posteridad, Mazzocchi había escrito un poema con el que cubrió las carpetas de su obra antes de su tercera tentativa suicida. Leemos aquel epitafio en verso:

Realmente hubiera podido
no decidir suicidarme si mi encendedor
si estuviera seguro que mi encendedor
no se me perdiera o no se me deteriorara
si estuviera seguro que mi encendedor
fuera lo suficientemente bello
para retenerme en esta vida
para estar en esta vida
y encender mis cigarrillos de mala marca
con él
y mirar con su luz las cosas en la oscuridad
y alumbrar con él un camino en la oscuridad.

Cuando pienso en Mazzocchi y Undiano más allá de toda contingencia terrestre o (para decirlo con el título de un grandioso poema del platense Néstor Mux) “lejos de este único mundo”, los veo a los dos caminando por una Córdoba en blanco y negro, charlando en la puerta de un cine donde acaban de ver “Pasaron las grullas” o encendiendo sus “cigarrillos de mala marca” en una esquina del Parque Sarmiento al atardecer. Pero la postal más recurrente tiene que ver con el mar en Uruguay. Caminatas interminables por la arena en esos últimos tres meses que, sin saberlo, compartirían en el mundo. Por esos días del ´59, Mazzocchi escribió un poema cuyo protagonista era el mar. Y si bien el poema está cruzado por la palabra “muerte”, yo quiero creer que hay algo más; un “bonus track” implícito al final, un verso subliminal, una línea que Mazzocchi nunca escribió o tal vez nunca quiso escribir para que la imaginen otros o porque detestaba la obviedad. Aunque nominalmente no está dedicado, es casi obvio que también era “para Federico”.

Olvidaba decirte
que el mar guarda el secreto
que yo no escribí en las piedras mi nombre
ni dejé a propósito una huella en el suel
encontré la verdadera tristeza en estos cadáveres de pájaros
pero si también he apartado la arena
fue por algo
no temas que las hierbas divulguen mi muerte
las hierbas guardan el secreto
y si he perdido alguna medalla hace mucho
en ellas no hay ninguna leyenda
no temas que en las medallas se diga algo de mi muerte
las medallas son demasiado pequeñas
para escribir en ellas una leyenda
las gaviotas no saben nada
saben de sus nidos y del día
y del alimento que flota en el agua
pero tú sabes que muchos bosques han desaparecido
pero en esos caminos lo único que puedes hallar
es la soledad
no temas
es la soledad que se nutre
y no mi manto ni mi blusa
ni un cabello mío que ha quedado en alguna rama
el viento también guarda el secreto
si inclina los árboles las ramas atas de los árboles
y desparrama las hojas pequeñas de los pinos
o si despeina un niño pobre
o si sacude la falda de una mujer pobre
no es para decir mi nombre
la noche está allá en el barranco
donde estuvo siempre allá en el barranco
este mar guarda el secreto
no dirá a nadie que he muerto.

Y ese mar tampoco dirá a nadie que Alberto E. Mazzocchi había resucitado. Que como en la foto en blanco y negro que hace 60 años le regaló a su amigo, no sólo estaba predicho su final sino también su nuevo principio; todo vestido de blanco y sin manchas en la tierra como una aparición. Tal como lo escribió su admirado Dylan Thomas que, sin conocerlo, también tuvo un oráculo para Mazzocchi. Dice así:
“Y la muerte no tendrá dominio./ Desnudos los muertos se habrán confundido/…/ aunque se vuelvan locos serán cuerdos,/ aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,/ aunque los amantes se pierdan quedará el amor./ Y la muerte no tendrá dominio”.

Así sea en la tierra como en el cielo.
 

****

Nota:
Sobre  Iván Wielikosielek aquí en Tuerto rey en "Navegantes necesarios".
Imagen: Alberto Mazzocchi


“La poesía es una experiencia trascendente”


"Una conversación infinita" (Ediciones Del Dock) es una lúcida reflexión en torno al papel de la poesía y la tarea de escribirla. Entrevista a fondo con su autor Rafael Felipe Oteriño.
 

Por Augusto Munaro 
Especial para Cultura del diario Los Andes, Mendoza.
http://www.losandes.com.ar/article/-la-poesia-es-una-experiencia-trascendente
 

Más allá de sus versos, no es habitual que un poeta domine además un género literario tan delicado y disímil como el ensayo.

Sin embargo, han existido excepciones notorias como el poeta norteamericano T.S. Eliot, autor de “Cuatro cuartetos”, quién con sus libros “Criticar al crítico” o “El arte de la poesía y el arte de la crítica”; cuestionó su experiencia poética, permitiéndose desarrollar sus conceptos hacia otras zonas de autonomía intelectual.

En la Argentina, esta categoría podría estar representada por Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945), quien acaba de publicar el esperado “Una conversación infinita” (Ediciones Del Dock), una lúcida reflexión en torno al papel de la poesía y la tarea de escribirla.

Su estilo narrativo consiste en una equilibrada conjunción entre claridad y lucidez para ofrecer cuestionamientos estéticos contundentes.

Sin caer en simplificaciones y con una sensibilidad imparcial, Oteriño reelabora contenidos sobre el misterio de la poesía y su lenguaje a través de una prosa crítica que se halla en continua tensión; dando cabida a un tipo de ensayo donde no hay palabra, frase o expresión que sea fruto del azar.

-“Una conversación infinita” podría leerse como una autobiografía encubierta. ¿Cómo surgió la posibilidad de componer un libro de estas características?

-Sí, en efecto, si por autobiografía entendemos los caminos recorridos, las lecturas realizadas, los autores que fui descubriendo y que con su lección me enseñaron a despejar dudas y sortear inconvenientes con respecto a la escritura de poesía. También está el registro de zonas esclarecidas y varios ejercicios de admiración.

En cuanto a la composición del libro, fue la reunión de piezas en las que venía reflexionando sobre el papel de la poesía y sobre la tarea de escribirla, con algunos homenajes a poetas que forman mi canon y a otros que me acompañaron con su amistad.

-La relación de la poesía con el lenguaje no es simple. Afirmás en uno de tus ensayos, que algunas palabras son “portadoras” de una “temperatura”, antes que de un “significado”. ¿Podrías glosar esa idea?

-El poeta no dice más de lo mismo: dice lo otro de lo mismo.  No tiene como finalidad contar ni describir algo preexistente, sino poner en acto una operación de lenguaje que lo resignifica.

Su desafío consiste en darle voz al secreto de los hechos, a lo amenazado por la insignificancia. De tal manera, no siempre opera el lenguaje de conformidad al uso corriente, sino también de acuerdo a un uso figurado –por su destello, rapto o temperatura emocional- que trae a la superficie eso que permanecía oculto o soslayado.

-Excelente la cita que incorporás de Frost, “la poesía sostén momentáneo contra la confusión”. La vida es caos, pero algunos versos de Dante, los sonetos de Banchs o de Shakespeare, los Cantos de Pound traen la posibilidad trascendental de esclarecimiento. Lo que me lleva a preguntarte sobre el valor religioso que ocupa lo metafísico en tu obra poética. 

-“Lo que está más allá de la palabra del hombre nos habla elocuentemente de Dios”, escribe Georges Steiner, y lo suscribo. La poesía es una experiencia trascendente, aunque más no sea por el hecho de que lo desconocido es más grande que lo conocido.

El poeta somete el lenguaje a pruebas extremas, giros audaces, metáforas, retruécanos y sinonimias, a fin de alcanzar un horizonte que se encuentra en el límite de las palabras y que en la sintaxis escuchamos como perteneciente al mundo natural. “Ver en la muerte el sueño,/ en el ocaso un triste oro…” escribe Borges instituyendo una realidad/otra.  En un mundo sobrecargado de palabras, el poema es siempre una epifanía.

-Hallar una voz propia es saber responder a la temida pregunta: “¿qué he venido ha decir?”

-Es el primer paso para saberlo. Hallar la voz propia es contar con el instrumento adecuado –las palabras, un repertorio de imágenes propias, recuerdos que se imponen por su valor simbólico, alguna experiencia desarrollada con el lenguaje- a fin de comprobar las posibilidades que nos otorga este venero.

La voz propia se convierte, de tal modo, en la llave para conocer la latitud de nuestra búsqueda y la naturaleza de nuestros hallazgos. Da la dimensión y el carácter de lo que podemos decir. Luego vendrá la prueba más difícil: comprobar si el lector lo comparte, haciéndolo suyo.

-Un error común es creer que el lenguaje poético y el comunicativo son una misma cosa… ¿Por qué creés que este error es tan común?

-Pienso que por la larga tradición -primero, de la épica; luego, de la juglaresca- que veía en el poema un instrumento para contar historias –al cabo, para entretener e informar-, y que todavía tiene seguidores en quienes no acompañaron los cambios de este lenguaje en estado especial.

También por influjo de la razón prosopopéyica, hímnica, que veía en el poema un dispositivo apropiado para celebrar personas y episodios.  Creencia que pierde de vista que el lenguaje poético instaura una nueva realidad de sentido y sonido (cuyo fin no es la de ser práctica ni utilitaria), mientras que el lenguaje comunicativo tiene como principal función la de ser conducente, precisamente, a finalidades prácticas y utilitarias. Un poema no se escribe para describir una historia, sino para exponer esa historia en sus virtualidades inexpresadas.

-¿El horizonte del poeta está constituido únicamente por las palabras?

-Sí, el horizonte inmediato, en tanto que escritor y en la medida que las palabras son el medio con el que busca conformar la pieza verbal y escrita que dé significado a los hombres, a las cosas y a las relaciones humanas. Mas esto no borra que el horizonte mediato está constituido por esa terra incognita que, a modo de desafío e interrogación, lo acucia, lo conmueve, lo desvela, para que le dé asiento y realidad en las palabras.

-¿Por qué la poesía no puede ser verificable? ¿Por qué no puede cumplir dicha exigencia?

-Precisamente, porque trabaja con lo imponderable, para darle fijación en las palabras; con lo no nacido, para que nazca; con lo improbable, para que tenga carnadura entre las demás cosas existentes. Y nada de esto tiene un correlato objetivo y anterior al poema. El poema es una intensificación de la vida (o de alguno de sus momentos) y no la rima de sus componentes.

No es mejor o peor, verdadero o falso, porque guarde relación con algún modelo exterior. Saturado por la ambigüedad que es propia del lenguaje, contradiciendo cualquier semejanza, su legitimación es en primer lugar artística. Es un acto de fe. De ahí que conserve (y no sin discrepancia) el calificativo de “creación”.

-¿Podríamos considerar este libro como una defensa de la poesía?, ¿por qué?

-Sin dudarlo. Como tarea de esclarecimiento y puesta en claro (al menos en mi intención) de lo que es la poesía como articulación de lo humano, y del papel que cumple (o puede cumplir) en la composición e inteligibilidad de este mundo.

Con su polisemia, ganando en extensión y profundidad, la poesía salva a la realidad –y al lenguaje, en primer lugar- de los peligros del adocenamiento, la trivialidad y la apariencia. Y esto debe ser recalcado una y mil veces, a fin de relevarla de las funciones decorativas, ocurrentes, de juego lábil o meramente festivas (en el peor de los sentidos) que con tanta liviandad suelen adjudicarle. 

-En “Sobre el verso libre”, tratás el tema del verso blanco. ¿Qué soluciones formales presenta este tipo de composición poética, hoy por hoy, en pleno siglo XXI?

-En poesía no hay distancia entre lo dicho y su realización. Por el contrario, el cómo es dicho funda el contenido de lo dicho. En un momento, la forma estricta fue una barca en la que se transportó información, glosa, memoria; esto es: contenidos.  Dicha forma estricta (regida por preceptivas) le dio al poema un componente ineludible para su memorización. Luego, el poema se fue desprendiendo de esta modalidad y concentró su valor en la palabra y su polisemia.

Y eso fue un gesto de autonomía. Hoy el poema, ya sea de forma estricta (sujeto a prescripciones) o de forma libre (no medido en términos uniformes) o blanca (sin rima ni ecos premeditados) centra su valor en el acontecimiento de lenguaje que pone en marcha, de la mano de un componente no menos relevante: su composición visual (que no es otra cosa que su organicidad plástica).

Y su carácter  no está dado por la maestría lingüística de un conjunto de palabras que suenen bien, sino por los factores  intensidad, concentración y rapidez, que en su conjunto conforman otro no menos relevante: la inevitabilidad (que lo dicho no pueda ser expresado de otro modo, que lo dicho no nos deje indiferentes).

-Rafael, estamos adentrándonos en el 2017. En esta contemporaneidad tan cambiante, frente a las formas efímeras del lenguaje comunicativo (Twitter, los correos SMS, el intercambio de selfies), ¿quiénes son hoy los aliados de la poesía?

-Paradójicamente, en un mundo que hace creciente abandono de la lectura, esos soportes efímeros, esos resortes instantáneos de la comunicación, esos vínculos sin arraigo que se multiplican sin cesar, pueden convertirse –quiero pensarlo- en los nuevos marcos de esta palabra acosada por el silencio y la charlatanería.

No debemos perder de vista que se trata de herramientas, utensilios (aunque muchos los vean como fines), y si algo muestra la historia es el peso de la inevitabilidad (y hoy los productos de la técnica parecen tener esta condición).

Me permito entonces pensar que, cuando cese la novedad y tomen su verdadera función instrumental, estas formas hoy efímeras del lenguaje comunicativo pueden llegar a ser los nuevos portadores de la cultura hoy amenazada por la frivolidad y el descarte.

En los comienzos de la era Gutenberg se produjo el cambio de la lectura de unos pocos en voz alta por la lectura masiva y en voz baja. Y se creyó que el cambio aparejaba la pérdida de una autoridad sapiencial. Pero las pruebas demostraron que, aun a espaldas de aquella voz canonizada por décadas de prestigio eclesiástico y universitario, la cultura se expandió.

En esta dirección, si hemos de pensar en “aliados” de la poesía, debería apuntar la capacidad del hombre contemporáneo para captar lo fragmentario dentro del conjunto, la simultaneidad en lo temporal, la variación en la síntesis.

-La poesía no nos saca del mundo, está claro, pero hace la vida sustancialmente más intensa. ¿Sería desacertado considerarla un ejercicio de evasión?

-Mejor sería decir: un ejercicio de exploración de algo que está allí, enmascarado, todavía no pronunciado. Y, asimismo, de sutura, puesto que, nacida en contraste con el silencio –para que éste no tenga la última palabra- la poesía también está llamada a guardar el silencio. Pero la pregunta lleva a otra más difícil de responder: ¿por qué el hombre hace arte?

Y no tengo otra respuesta más que la de decir que esto ocurre porque siente que hay algo más –mucho más- y quiere comunicarlo. O dicho de otro modo: porque tiene conciencia de que existe el otro.

La creación poética no es un ejercicio de evasión (aunque en su génesis haya juego y fiesta, y que su realización depare un efecto de liberación). El poema –debemos recordarlo- siempre habla a alguien y sobre algo.

***
Augusto Munaro en: http://www.augustomunaro.com/

***
Imagen, Rafael Felipe Oteriño
 


Mark Strand

Fragmentos

Completo en Letras Libres
http://www.letraslibres.com/mexico-espana/entrevista-mark-strand#.WD9cC_Lcu0U.facebook


¿Cómo debería formarse un poeta?
Leyendo los clásicos.

También ha dicho que el verdadero alimento para un poeta son otros poemas.
Sí, creo que es así. Creo que uno no se hace poeta sin saber lo que es un poema, o sin haber tenido algún contacto con la poesía. A uno lo inspiran otros poemas y luego escribe. Cuando hablé de mis comienzos como poeta, mencioné mi fascinación por Veinte poemas de amor y una canción desesperada, y ese libro en cierta medida me hizo querer escribir mis propios poemas de amor y mi canción desesperada. Creo que si algo te conmueve, quieres reproducir eso que te conmovió, pero en tus propios términos, para ver si puedes generar algo parecido a lo que hizo el poeta que te precedió.

¿Sería entonces una especie de traducción, traducir del vocabulario poético de otro poeta al propio?
Creo que uno ingiere otro poema, que toca cierta fibra en uno, despierta algo en uno, y uno siente la necesidad de capturar aquello que se ha despertado y ponerlo por escrito.

Al leer sus poemas, tengo la sensación de que crea un mundo alternativo. ¿De dónde surge eso?
Es un mundo verbal que he creado a partir de mi mundo, a partir de mi experiencia. Pero las palabras crean ideas, crean sentimientos, y he creado un mundo en el que ciertas ideas, ciertos estados de ánimo, se han vuelto característicos, y cuando alguien lee mis poemas, se siente transportado –o eso espero– al mundo de Strand, por las palabras que uso y lo que ellas sugieren.

¿Cuáles son sus palabras preferidas?
Me gustaría que fueran más, pero por bastante tiempo fueron “piedra”, “vidrio”, “cielo”, “mar”, palabras muy genéricas... Las imágenes de mis poemas no son necesariamente imágenes visuales, muchas de ellas son acciones, mis poemas describen actividades, a veces de carácter nervioso o absurdo, a veces muy pacífico, pero eso es lo que les da vida. No soy un poeta de la naturaleza, no ahondo en el aspecto de las cosas, sino más bien en su comportamiento. Para mí, el paisaje es un mero decorado, las montañas de Utah eran un decorado, el mar del Atlántico Norte cerca de Nueva Escocia es un decorado, lo que me interesa es lo que se desarrolla frente al telón de fondo de las montañas o del mar.

El humor es un elemento importantísimo de su poesía.
Creo que se piensa, erróneamente a mi entender, que la poesía es algo serio y oscuro... Hay muchas cosas perturbadoras en el mundo, y hay tantas cosas absurdas y tanta locura en el mundo que me parece que sería un error ignorarlas. Cuando leo los diarios, me río y me angustio en igual medida.

Una de las cosas que hace tan atractiva su poesía para mí es cómo logra mezclar comedia y elegía con gran elegancia, de forma que lo cómico nunca se vuelve frívolo ni burdo, y lo elegíaco no llega a volverse dramático, sino que es apenas una nota lánguida de fondo...
Creo que lo has expresado muy bien, eso es exactamente lo que intento hacer. Alguna vez lo describí como una mezcla de melancolía y humor, pero creo que el elemento elegíaco es muy característico de mis poemas, y trato de incluir ambos elementos en el mismo poema, intentando que la transición sea casi invisible, para que los lectores no sepan muy bien cómo sucedió...

“Casi invisible”...
Sí, Casi invisible.

¿Qué piensa de los poetas que, como procedimiento, se basan en la experiencia cotidiana para hacer algún tipo de afirmación?
Hay poetas metonímicos, que toman un trozo de vida para representar la totalidad de la vida, y que por lo general tienen una moraleja, explícita o implícita. Yo me considero más bien un poeta metafórico, creo un mundo alternativo que tiene sus propias reglas y regulaciones, en el cual tal vez se puedan percibir algunos elementos de nuestro mundo, y que por eso no resulta totalmente ajeno. El poeta metonímico debe asegurarse de que ese mundo reducido que está representando sea fiel al mundo verdadero de la experiencia. Yo no siento para nada esa obligación. Solo quiero ser fiel a mis propias ideas respecto de lo que funciona en un poema, y no a lo que el mundo consideraría realista o correcto. Lo que me importa es la integridad del mundo que creo, y no lo que estoy revelando sobre el mundo en el que viven los demás.

Sobre Mark Strand aquí en:
http://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=235

 


Ricardo Piglia se ha ido a una nueva ciudad

SEA

http://www.lasea.org.ar/


Ricardo Piglia, el autor de “Respiración Artificial” entre otras grandes obras, es hoy el reconocido como el autor más importante de nuestras letras.
Traducido a muchos idiomas y ganador de importantísimos premios, uno de los últimos de ellos el premio Formentor, el mismo que hace más de cincuenta años compartieron nuestro Borges y el irlandés Samuel Beckett.

El jurado español dijo que ese premio era para Ricardo Piglia porque era dueño de “una obra narrativa que se desenvuelve armónicamente entre la originalidad y la cultura popular y la tradición más exigente”.

A un gran lector y crítico literario como lo es Ricardo, los otros lectores le debemos la pasión y lucidez que nos dejan sus libros.

Recientemente se han publicado “Los diarios de Emilio Renzi”, ese diario, compuesto de decenas de cuadernos, al que Piglia en sus declaraciones siempre puso en el centro de toda su producción y que se remonta a los orígenes del escritor.

Vivía en Adrogué, cerca del ferrocarril, y cada media hora pasaban frente a su casa los pasajeros que habían llegado en el tren que llegaba desde Buenos Aires. El niño estuvo sentado ahí, como si leyera, hasta que una larga sombra se reclinó sobre él y le susurró que tenía el libro al revés. Era uno de los pasajeros del tren, y Piglia cree hasta hoy que ese hombre debió haber sido Borges, que en aquel tiempo solía pasar los veranos en el Hotel Las Delicias de Adrogué. “¿A quién, si no a él –se pregunta Piglia-, se le puede ocurrir hacerle esa maliciosa advertencia a un chico de tres años que no sabe leer?”.

Una imaginación incesante y un hombre dedicado con tenacidad a su elección: la literatura. Como expresan sus amigos en muchos artículos: de una gran sencillez, llanura que borra todo límite. Un ser generoso, brillante y con profunda devoción por su país y su literatura recibió el año pasado la Mención de Honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento”, máximo reconocimiento que otorga el Senado de la Nación.

Gracias Ricardo Piglia por su literatura, por sus clases magistrales, por su ejemplo de vida y por despertar entre muchos esa pasión por la lectura, sin la cual todas las mujeres y los hombres seríamos más pobres, porque leer es como el pan, un alimento imprescindible para comprender un país, leer su cielo y abrazar a autores como Faulkner, Arlt, Borges, Macedonio, entre el “Blanco Nocturno” y “La Ciudad Ausente”, títulos de dos de las novelas de Piglia.


COMISIÓN DIRECTIVA de la SEA, Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina
6 de enero de 2017

Fotografía de Ricardo Piglia por Daniel Mordzinski


sin premura a través del lenguaje

2016 - 2017


“Si somos seres espirituales que seguimos un camino humano en lugar de seres humanos que seguimos un camino espiritual, lo cual intuitivamente creo que es cierto, entonces la vida no es sólo un viaje, sino también una búsqueda o peregrinación” (Jean Shinoda Bolen).


“Nosotros, en realidad, no lo sabemos, pero lo sospechamos: hay una vida que es como barco gemelo a la nuestra, que sigue una ruta totalmente distinta. Mientras el sol arde tras las islas” (Tomas Tranströmer).


“En contra del ser humano de nuestros días, que no cesa de ir y venir, de maquinar, qué paz la de ese hombre que parte leña. O la de aquel que quita las hierbas en el huerto de sus antepasados. Ellos son, sin más, los dueños del tiempo, que para ellos es lento, muy lento, como un oro líquido que se va colando, también lento, desde el horizonte que los ve luchar, desde el horizonte que los ve morir” (Antonio Colinas).


"El Himalaya es un santuario. Quienes amamos las montañas visitamos esas moles como peregrinaje religioso o sentimental, para respirar un poco de su aspereza, de su dureza, de su impracticabilidad. En el campo base somos mucho más precarios y frágiles de lo acostumbrado. La montaña es un lugar desconocido, un lugar extraño para nosotros. Los que empezaron a colonizar la montaña, lo hicieron porque escapaban del valle. Es un puesto fronterizo donde la especie humana se interrumpe y las fuerzas de la naturaleza más hostiles prevalecen. Es un lugar donde incluso la tierra se interrumpe. El alpinismo ha sido el último capítulo de la geografía: se habían visitado todos los puntos de la tierra, sólo faltaban algunas montañas (Erri de Luca ).


Algunas cuestiones en torno al canon*

María Teresa Andruetto

 

* leído en el II Argentino de Literatura. Universidad Nacional del Litoral. Santa Fe. 28/6 al 1/7 2006. Mesa de Literatura Infantil: Acerca de los problemas del canon. Beatriz Actis, Lilia Lardone, María Teresa Andruetto. Coordinación: Germán Prósperi.


(Fragmento de un texto imperdible)

 

10. ¿Cómo se hace para estar en el centro y en los márgenes? En toda cultura trabajan dos mecanismos contrapuestos: la tendencia a la variedad y la tendencia a la uniformidad. También sucede eso al interior de cada escritor y entonces la escritura se coloca en un punto de tensión entre esos dos extremos: diversidad/ uniformidad. Mientras preparaba estas líneas me llegó una entrevista a Enrique Butti. Leo un párrafo porque dice, de un modo más eficaz que el de mis palabras, la posición en que me interesa colocarme a la hora de escribir:  “Lo que debe preocuparle al escritor es tratar de escapar de sus límites o, por lo menos, tratar de cavarse túneles, fosos, pozos, ir más allá. Nuestra época canta loas a los escritores bien pautados y de senderitos asfaltados, cuando no de bien señalizadas autopistas. La alternativa la constituyen los autores que, merced a su vagabundeo, han dilatado los alcances y la amplitud de su estilo, autores preocupados no por estampar su firma en cada línea de sus libros, sino arrebatados por saltos mortales siempre más allá...”
El cambio de género y de potencial lector han sido para mí modos de escapar a los encasillamientos que Butti llama “senderitos asfaltados o bien señalizadas autopistas”. Yo podría, a esta altura de los años, visto cómo van las cosas, dedicarme exclusivamente a escribir libros para los chicos. Es ése un espacio en el que he alcanzado cierto reconocimiento, no tengo mayores problemas para colocar editorialmente lo que produzco y a su vez, los libros que he publicado –sin ser yo nunca un éxito de ventas- se han sostenido a lo largo del tiempo, de modo que devienen en liquidaciones de derechos de autor que –de dedicarme yo a tiempo completo a producir ese tipo de textos- engrosarían. ¿Para qué entonces escribir poesía, por ejemplo, para editarla en ediciones pequeñas, alternativas, a cambio de unos pocos ejemplares de obsequio? ¿Por qué escribir cuentos que, como dicen a coro los editores, no se venden? Sin embargo, cada vez que termino un proyecto de escritura (o cuando lo abandono porque no funciona como quisiera) me cruzo a viejos borradores que están en una búsqueda diametralmente opuesta a la que tenía entre manos. Es que no se trata sólo de escapar a los encasillamientos o  etiquetas que puedan ponernos los lectores o los editores, sino sobre todo a los propios encasillamientos, etiquetas y estereotipos. Se trata de generar estrategias para permanecer en constante desacomodo, si es que uno entiende la escritura como una exploración, un camino de conocimiento.
 

11. En relación a esto, quisiera leer unas líneas sobre Carver, escritas por su mujer en el prólogo a uno de sus libros de poemas, porque tienen que ver con la exploración, con ese desacomodo interno al que me refiero, con la dialéctica entre el propio centro y los propios arrabales: “Ray utilizó su poesía –dice Tess Gallagher- para sacar al tigre de su escondite... (...)... desobedecía a sabiendas las presiones que le hacían para que escribiera relatos porque era en lo que se centraba su reputación y por lo que recibía mayores recompensas en términos de reputación y de público. No le importaba. Cuando recibió el premio Mildred and Harold Strauss, concedido sólo a escritores de prosa, inmediatamente se sentó y escribió dos libros de poesía. No estaba ‘haciendo carrera’; vivía una vocación y eso significaba que su escritura, fuera poesía o prosa, estaba ligada a unos mandatos íntimos que insistían más y más en una aprensión crecientemente inmediata de sus asuntos...” He traído este párrafo también para decir que se necesita tener un sentido ético sin fisuras para sostener lo que él sostuvo y aquí se ha dicho. Y para decir también que la ética de lo estético –la búsqueda de esa verdad interna de escritura- es para mí (ahora que hablamos de centro y periferias) central en un escritor y, aún más, que se trata de una construcción que lleva toda la vida. Centro del hacer que se sostiene por la posibilidad interna de forzar los propios límites, de explorar los linderos de la experiencia, los propios arrabales.
 

Imagen: María Teresa Andruetto


“Nocturna” o las criaturas que habitan la noche

sobre el libro “Nocturna”
de Eduardo Rezzano

Por Sandra Cornejo


En:http://www.eldia.com/septimo-dia/eduardo-rezzano-nocturna-o-las-criaturas-que-habitan-la-noche-180000

 

Al tiempo que me llega “Nocturna”, libro reciente de Eduardo Rezzano, veo los capítulos finales de “Penny Dreadful”,  serie que ahonda en los claroscuros del ser, en la noche y sus animales dispersos en ella, humanos o no; la poesía, de alguna manera, los conforta.  “Nocturna”, reciente poemario del músico y poeta platense, inicia su recorrido justamente con un texto llamado “Criaturas de la noche”. En este poema, sin saber muy bien por qué, dialogan entre sí cucarachas, personas y grillos. Luego, en “Violeta”, una tortuga atraviesa la delgada raya “entre la hibernación /y la muerte” para ofrendar su pequeña obra de arte. Entrelíneas, las bestias, los muertos y los abandonados hablan en un lenguaje dificultoso, semejante al de la propia comunicación humana.

 

Sugestivo, “Nocturna” expone el universo de los invisibles. Establece una poética a partir de la mirada de quien ha sido abandonado, incluso, por su propio nombre. Rezzano, de vida errante él mismo,  recorre aquí un paisaje urbano que deviene páramo; así, en una especie de limbo, el hombre, el niño o la mujer, como lobos de estepa, moran en “una compañía muda/ y deshabitada”. Leve en su hechura, poético desde la desolación, este libro traduce la soledad de distintas maneras y nos envuelve en su tejido sutil. Con voz musical nos arroja al azul, a las “partículas subatómicas” y compone un registro que mucho tiene que ver con las últimas cosas. Ese otro orden se dice de manera tenue, a expensas de lo dolido, de lo maldito, de lo marcado y del río de la vida que lleva “peces muertos/ y desperdicios”.

 

En “Nocturna” hay una noche cerrada, un dormir y nacer en lo oscuro; hay niños como rastros de carbonilla en el aire, niños lámparas nocturnas, niños, mujeres y hombres aturdidos por el ruido de las refinerías, en una habitación vacía, con una herida vieja que todavía sangra. También hay una conmovedora “Niña del viento” donde leemos: “Cuando murió Amparo/ mi primera mujer//mi hija me dijo/yo soy hija/del desamparo”. Textos hilvanados por la cadencia de la sencillez pero que demandan de nosotros una percepción aguda y descalza. Para entrar en “Nocturna” es preferible dejar afuera los preconceptos e ir de página en página como quien recorre las camas de los hospitales, en silencio, con los ojos bajos, pero el corazón atento.

 

Siguiendo la idea de las afinidades que inicié con “Penny Dreadfull”, si como dice Mirta Rosenberg: "Siempre me imaginé la poesía como un territorio / mejor aún, una isla. / Es como si fuese una reserva / a donde todos podríamos recurrir / cuando haya escasez de sentimiento en el mundo / e incluso de pensamiento", en el tono de Rezzano hay un claro registro de esa perspectiva de territorio, de isla, de reserva ante la “escasez”. Cuando cada detalle de lo cotidiano expresa más  un estado interior que una realidad, algunos seres construyen  un mundo de palabras para que sean los libros quienes hablen por ellos.

 


Jornada de Poesía SUBVERSA

La Plata-AR
12/11/2016

 

Jornada de poesía SUBVERSA es un encuentro de poesía y reflexión sobre escritura y traducción que se llevará a cabo el sábado 12 de noviembre, a partir de las 15 hs, en el Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettoruti”, ubicado en la Av. 51 N° 525 de la Ciudad de La Plata. Habrá lecturas de poesía, mesas de debate y performance, donde se entrecruzan música, artes visuales y poesía.

El objetivo del encuentro consiste en la difusión y reflexión de la producción poética realizada por mujeres en el contexto de la historia de la poesía argentina y la escena contemporánea. Presentarán sus obras mujeres poetas, músicas, actrices, artistas plásticas y críticas literarias de la Provincia de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y la República Oriental del Uruguay.

La idea y coordinación del evento está a cargo de Anna Pinotti, Julia Sarachu y M. Laura Suarez. Participan del mismo: Alicia Genovese, Fernanda Mugica, Julieta Warman, María Eugenia López, Melba Guariglia (Uruguay), Micaela Piñero, Roberta Iannamico, Romina Freschi, Sandra Cornejo, Susana Cella, Susana Villalba, Tatiana Oroño (Uruguay), Ximena Villaro y Ayelén Dias Correia.

La jornada cuenta con el apoyo del Ministerio de Gestión Cultural de la Provincia de Buenos Aires. La entrada es libre y abierta a todo público.
 

 


Dylan al Colón

por Sergio Pujol

NOBEL DE LITERATURA/13 de octubre de 2016

Dylan al Colón
 


Los suecos premiaron a un no-escritor, al mejor cantautor de todos. Al de mayor empatía con el mundo literario. Y al que menos lo necesitaba.

Por Sergio Pujol

Bob Dylan es tema académico desde hace muchos años. Las letras de sus canciones (va por las 492, según el conteo de sus exégetas franceses Philippe Margotin y Jean Guesdon) han generado un abrumador corpus de tesis. Mientras que a todos sus coetáneos de la escena folk del primer lustro de los años 60 se los recuerda, en el mejor de los casos, como estampas de un tiempo de juglería rebelde, Dylan tuvo el talento y la astucia suficientes para saber saltar de época antes de que fuera demasiado tarde. Es sabido que el primer salto lo dio una tormentosa tarde de 1965, en el festival de música folk de Newport, cuando desconcertó a los fundamentalistas del credo acústico entrometiendo un toque de electricidad en “Like a rolling stone” y otras provocaciones.

Todo en:

http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/151753652005/dylan-al-col%C3%B3n


Leonardo Martínez

Catamarca, Argentina
1937-2016

Otoño en Nueva York
 

 

El álamo emblema y la brisa acariciante
son el límite
Ahí están el otoño sentado sobre un caballo muerto
y  la casa vieja donde la vida brilla y duele
Ayer y hoy son lo mismo en mi provincia
y mañana
el insobornable tanto
en un derrame de posibles
El rio se agota con la velocidad de un domingo
Borrado el cauce
las arenas como oleadas de estrellas nos prohíjan
En una ciudad que ignoro
Billie Holiday
canta la seda del  otoño

II

Lugares para aprender a vivir
también para aprender la muerte
Cusco  Venecia y ahora Nueva York
Todas arrastran un otoño luminoso
Todas atardecidas en susurros
Como ese viaje  hacia el anunciado invierno
hace dos siglos en otra ciudad desconocida
donde Billie Holiday
con la seda arrugada y crujiente de su música
llora desconsolada desde un fonógrafo
sin haber llegado nunca a los funerales de Franz Schubert
los dos últimos días del otoño de 1828

Pero al fin los soles se ayuntan
y  las ciudades giran y se confunden
Nohant no es sólo Aurore Dupin
sino Paris y Tucumán
Y Viena y el Cusco
son Venecia
boca mía besada por el canto

Como almas en pena podemos ver y escuchar
el silencio de ciudades abandonadas
al tiempo amontonado en zoológicos sin memoria
y en la profundidad de los ríos
la canción  de los niños difuntos

 

Más Leronardo en:
http://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=141


Erri de Luca

(fragmento de una nota)

Una última pregunta. ¿Cómo es el Himalaya?

 

El Himalaya es un santuario. Quienes amamos las montañas visitamos esas moles como peregrinaje religioso o sentimental, para respirar un poco de su aspereza, de su dureza, de su impracticabilidad. En el campo base somos mucho más precarios y frágiles de lo acostumbrado. La montaña es un lugar desconocido, un lugar extraño para nosotros. Los que empezaron a colonizar la montaña, lo hicieron porque escapaban del valle. Es un puesto fronterizo donde la especie humana se interrumpe y las fuerzas de la naturaleza más hostiles prevalecen. Es un lugar donde incluso la tierra se interrumpe. El alpinismo ha sido el último capítulo de la geografía: se habían visitado todos los puntos de la tierra, sólo faltaban algunas montañas.

 

Erri de Luca en:
http://www.circulobellasartes.com/revistaminerva/articulo.php?id=351


 


Mark Strand

EEUU, 1934

La llegada de la luz
 


Incluso así de tarde sucede:
la llegada del amor, la llegada de la luz.
Te despiertas y las velas se encienden,
Las estrellas congregadas, los sueños se derraman en tu almohada
y sueltan ramilletes cálidos de aire.
Incluso así de tarde los huesos del cuerpo refulgen
Y el polvo de mañana brilla convertido en aliento.

 

The Coming of Light

 

Even this late it happens:
the coming of love, the coming of light.
You wake and the candles are lit as if by themselves,
stars gather, dreams pour into your pillows,
sending up warm bouquets of air.
Even this late the bones of the body shine
and tomorrow’s dust flares into breath.



Luna  



Abre el libro del atardecer en la página
donde la luna, siempre la luna, aparece

entre dos nubes moviéndose tan lentamente como si 
pasaran horas antes de que llegues a la página siguiente

donde la luna, ahora más brillante, te baja un camino
para llevarte más lejos de lo conocido

hacia esos lugares donde lo que has deseado sucede,
su nombre solitario como una frase suspendida

al borde del sentido, esperando que digas su nombre
de nuevo mientras levantas los ojos de la página

y cierras el libro, todavía sintiendo lo que
es vivir en esa luz, ese súbito paraíso de sonido.

 

Moon
 


Open the book of evening to the page
where the moon, always the moon, appears

between two clouds, moving so slowy that hours
will seem to have passed before you reach the next page

where the moon, now brighter, lowers a path
to lead you away from what you have known

into those places where you had wished for happens,
its lone syllable like a sentence poised

at the edge of sense, waiting for you to say its name
once more as you lift your eyes from the page

and close the book, still feeling what it is like
to dwell in that light, that sudden paradise of sound.

....


Traducción del poeta y traductor colombiano Juan Carlos Galeano (1958).
Más sobre el autor en:http://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=235
 

O en:
 http://circulodepoesia.com/2012/10/patente-de-corso-mark-strand/

 


Mircea Cărtărescu

Por Ferran Bono

Mircea Cărtărescu: “No creo en las literaturas nacionales”

 

El gran narrador rumano contemporáneo publica en castellano 'El ojo castaño de nuestro amor', una selección de textos íntimos y reflexiones sobre el oficio de escribir en los que resuena el eco de la dictadura de Ceaușescu. 
 


P. ¿Se puede ser un gran escritor sin apenas haber vivido experiencias?

R. No existe el escritor, sino escritores, diferentes, algunos con vidas rocambolescas, y otros que son funcionarios toda su vida. Kafka, que parece no haber vivido la vida, pero es muy imaginativo e incluso interiormente más complejo que quien ha recorrido todos los continentes y ha vivido todo tipo de aventuras. No sé si Tolstói luchó en el Cáucaso, pero describió las batallas como si hubiera estado allí.

P. ¿A usted le marcó como escritor la muerte de su hermano gemelo?
R. Es una historia muy dolorosa sobre la que habitualmente no hablo fuera del marco literario. Pero sí puedo decir que es un núcleo dramático que ha determinado toda mi escritura. No se reveló de repente. Las alusiones a este hermano al que de hecho no llegué a conocer aparecen al principio en mis poemas, y luego van haciéndose cada vez más intensas, hasta que en un momento fueron abrumadoras. Vi en la desaparición de mi hermano gemelo una especie de amputación de mi interior. A través de estos se hizo presente en mi escritura mi drama personal. Y, naturalmente, no es solo un hecho real. Hay también una metáfora, porque figuradamente cada uno de nosotros ha perdido un gemelo. La escritura nace de algo negativo, de una necesidad. Alguien puede haber leído todos los libros del mundo y no llegar a ser escritor, porque el autor no puede brotar fuera de la existencia de una herida interna, del mismo modo que la perla surge a partir de un granito de arena que está lastimando a la concha.

P. En su libro relata cómo lanzó un alarido cuando se giró en el hospital, siendo muy niño, en busca de su hermano y su cama estaba vacía…
R. Exacto. Creo que es la imagen más verdadera de mi vida.
 

(Fragmento. Todo en: 
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/16/babelia/1471366417_075507.html)

Imagen del escritor por  Álvaro García


Peter Sandelin


Líneas desde abajo
 



Di una palabra amable
a los que aún viven.
Aquí abajo
no oigo siquiera el color de tu flor.
Las estaciones se acabaron de repente.
Y hubo tiempo para que quedasen muchas cosas por hacer.
Te lo pido: no te apresures.
Hazlo.
Di una palabra amable
a los que aún viven.



Peter Sandelin (1930) Nació en Jakobstad, Finalandia. Publicó su primer libro en 1951. Es uno de los grandes cantores de la naturaleza en la década de los 60. Sandelin es hoy uno de los mejores representantes de la poesía ecológica. Es también pintor.
Sobre su obra: http://www.sets.fi/forfattare/peter-sandelin/
 


“Ser poetas es como un temperamento”


LITERATURA › MIRTA ROSENBERG COMENTA EL NUMERO INAUGURAL DE LA REVISTA EXTRA/1.
LECTURAS PARA POETAS

“Ser poetas es como un temperamento”

“La poesía tiene muchas maneras” sugiere el lema del primer número de la revista semestral que dirige la poeta y traductora Rosenberg y que se presentará hoy a las 19 en La Casa de la Lectura.

Por Silvina Friera
En: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-39634-2016-08-03.html
 

 

“Tome una palabra tome un par/ como huevos póngalas a cocinar/ tome un pedacito de significado/ después de inocencia un buen bocado/ caliente a fuego lento/ al fuego lento de la técnica/ cubra con la salsa mistérica/ rocíe estrellas como pimienta/ y después, ¡a izar las velas!/ pero ¿adónde quiere ir?/ ¿a escribir? ¿en serio? ¿a escribir?”, se lee en uno de los dos poemas de Raymond Queneau (1903-1976) que preludian el inmenso placer de zambullirse en una diversidad de textualidades que no suelen estar al alcance de la mano. “La poesía tiene muchas maneras” sugiere el lema del primer número de Extra/1. Lecturas para Poetas, que dirige la poeta y traductora Mirta Rosenberg, revista semestral que se presentará hoy a las 19 en La casa de la Lectura (Lavalleja 924) junto con los poetas que integran la revista: Liliana García Carril, Anahí Mallol, Horacio Zabaljáuregui y Ezequiel Zaidenwerg. Esta nueva publicación –que tiene la forma de un libro– incluye un dossier de nuevos poetas mexicanos seleccionados por Zaidenwerg, un ensayo sobre poesía y relaciones familiares del poeta estadounidense Robert Hass (San Francisco, 1941), una entrevista a la poeta Denise León (Tucumán, 1974), traducciones de textos de Gertrude Stein (1874-1946) y James Laughlin (1914-1997), un ensayo del poeta chileno Enrique Winter (Santiago, 1982) sobre Íntegra, la obra completa de Gonzalo Rojas (1916-2011), y “Traducir poesía”, un poema inédito de Rosenberg.

Qué sería de la vida de cientos de lectores sin las traducciones de Rosenberg (Rosario, 1951) a poetas, narradores y ensayistas como Emily Dickinson (1830-1886), Marianne Moore (1887-1972), Hilda Doolittle (1886-1961), Elizabeth Bishop (1911-1979), Robert Lowell (1917-1977), Seamus Heaney (1939-2013) y Cynthia Ozick, entre tantos otros. “La revista está formada por un grupo de poetas y traductores que nos reunimos los lunes en casa desde hace varios años a leer textos propios y ajenos que algunos queremos compartir porque son muy buenos, porque son curiosos, por lo que fuere, porque es poesía latinoamericana de la que no se sabe nada, o porque son traducciones –cuenta la poeta a Página/12–. Muchos de los que estamos en esta revista traducimos; la traducción es una de las bases fundamentales, no sólo por mí. Como poetas entendemos a todos los que leen poesía, no necesariamente que la escriban. Ser poetas es como un temperamento; por eso la revista se propone como ‘lecturas para poetas’”. La poeta y traductora define como “extraordinario” el ensayo de Hass, “Familias y prisiones”, incluido en el primer número de Extra. “A Hass lo conocí personalmente cuando fui a Berkeley, donde él da clases. Yo ya estaba enferma, viajé en sillas de rueda a dar clases. El me regaló su último libro What Light Can Do, y de ahí saqué este ensayo que me gustó muchísimo porque atribuye el origen de la literatura, no sólo de la poesía, a la familia. Me pareció que era importante dar a conocer este texto. En eso se basa la revista: en encontrar materiales que nos gusten mucho y traducirlos o compilarlos”.

En el indispensable dossier de poetas mexicanos hay poemas y entrevistas a Luis Felipe Fabre (1974), Dolores Dorantes (1973), Óscar de Pablo (1979), Paula Abramo (1980), Hernán Bravo Varela (1979) y Javier Peñalosa (1981). Denise León, poeta tucumana, publicó su primer libro Poemas de Estambul (2008) a los 34 años. Cuando le preguntan si es una escritora tardía o se demoró en publicar, León responde: “Esa pregunta me da risa. Siempre digo que yo nací vieja. (...) A mí me sucedió el lenguaje. Pero demoré mucho en pensarlo como un oficio, o como una profesión. Hizo falta que otros me dijeran aquí hay un libro para que me decidiera a publicar”.

Rosenberg dice que Extra va a mantener las traducciones colectivas, como la que hicieron García del Carril, Silvina López Medín y Mallol con “Señorita Furr y Señorita Skeene” de Stein. “En ese texto aparece por primera vez la palabra ‘gay’ como homosexual, que nosotras decidimos traducir como ‘alegre’ todo el tiempo para que quedara tan raro como en aquel momento la palabra ‘gay’”, explica la autora de los poemarios Pasajes, Teoría sentimental, El arte de perder y Paisaje interior, entre otros. “TRADUCIR POESIA, es una tarea de poetas,/ difícil pero posible. Traducir poesía es necesario/ para leer a Homero si uno no sabe griego/ o a Dante cuando se ignora el italiano./ Traducir poesía es/ imprescindible/ para darle aire a la poesía en nuestra lengua, ahorrarle tiempo,/ dejarle elegir/ su camino en la poesía universal, inventar. El traductor, protegido/ como está/ por San Jerónimo de Estridón, e igualmente expuesto/ a la misma fricción con la lengua que es el centro de su labor,/ busca una tregua entre lo que el otro dijo y lo que digo yo”. Este fragmento pertenece a una sección fija de la revista titulada “La página maestra”. “Cada uno va a hacer la página maestra que quiera –aclara la directora–. ‘Traducir poesía’ es un poema que está incluido en un libro inédito, Cuaderno de oficio, que estoy escribiendo, donde hablo de escribir y traducir poesía, que es otra manera de escribir poesía. Tenía veinte años cuando empecé a traducir poesía. Y ahora voy a cumplir 65, o sea que hace 45 años que traduzco la poesía que a mí me gusta. Traducir es un gran placer, tiene que ver con escribir. Para mí no hay una enorme diferencia entre escribir y traducir. Yo veo al buen traductor de poesía como un autor. Lo que he traducido forma parte de mi obra. Hacer la revista es como una especie de taller de trabajo, un taller de poetas donde aprendemos y enseñamos”.

Imagen: Mirta Rosenberg


Vocación salvaje

-fragmento-

La consagración de H. D. Thoureau como clásico del naturalismo coincide con una avalancha de libros en su estela. La llamada de lo salvaje llega a las librerías

Por Francisco Ferrer Lerin



Dan O’Brien (Ohio, 1947) es biólogo y escritor; lo deja todo y se instala en un rancho de Dakota del Sur donde constituye una institución privada que se dedica a la proteción de los bisontes, publicando, a la vez, uno de los paradigmas de la nature writing, la novela Los búfalos de Broken Heart. Sue Hubbell (Michigan, 1935) es bióloga y bibliotecaria en una importante universidad; bajo la influencia de la lectura de Thoreau se instala, en compañía de su marido, en una solitaria y destartalada granja en las montañas del Medio Oeste, y allí, en absoluta soledad (su marido, al poco tiempo, vuelve a la civilización) reconstruye su estructura vital con la ayuda de la contemplación de la fauna y flora que la rodea; el libro fruto de esa beneficiosa estancia es merecedor de que Le Clézio le dedique este comentario: “A menudo he soñado con un libro en el que cupiera toda la Naturaleza (...) Creo que Un año en los bosques de Sue Hubbell es ese libro”. Doug Peacock (Michigan, 1942) fue Boina Verde en Vietnam y, a su regreso, no logró insertarse en la sociedad civil, por lo que se retiró a una de las zonas más apartadas de los Estados Unidos, los enclaves donde aún habitan los osos grizzly, los mayores depredadores del continente americano y, con ellos como única compañía en la inmensa soledad de las montañas del Oeste, logró abandonar el alcohol y las pesadillas de la guerra, y escribir esa prodigiosa narración que es Mis años Grizzly.

Texto completo en:http://cultura.elpais.com/cultura/2016/07/19/babelia/1468948394_848278.html

Imagen:
Varios picos de la cordillera Tenton, en el estado de Wyoming (Estados Unidos). Ansel Adams Getty Images


Péter Esterházy (1950-2016)

nagyon szeretlek...

Un idioma construido por metáforas
Lenguajes en el desierto

 

Por Sandra Cornejo
En: Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero46/idiometa.html

(Este breve ensayo, escrito en 2011 con motivo de analizar un breve tramo de la obra del escritor húngaro fallecido ayer 14 de julio de 2016, es un mínimo homenaje a su obra y su persona).

***

Resumen: ¿Cómo logran ciertos escritores representar su versión de la historia circundante inmersos en un estado de opresión? ¿Puede narrarse un universo que socava/coarta la integridad física y mental, la libertad?

La idea es abordar una aproximación a la respuesta de estos interrogantes mediante la lectura de un libro referente de la literatura centroeuropea en tiempos de la intervención comunista en los países de Europa Central: Pequeña Pornografía Húngara, obra del escritor Péter Esterházy que en los ‘80 agitó el mundo literario como pieza única en el ámbito marxista europeo.

Se intentará reflexionar acerca del papel que juega el lenguaje en un sistema donde, según palabras del propio Esterházy, “hay que aprender a leer entre líneas”.

INTRODUCCIÓN

Hace un tiempo, en una entrevista donde hablaba sobre la elaboración de su libro El puente que cruza la Luna - dedicado a la muerte de su marido Raymond Carver - Tess Gallagher se refería a esa experiencia como a una necesidad de bucear en “un lenguaje hermético o misterioso”. “Con aquel libro -decía específicamente- sentí que tuve que inventar de nuevo mi modo de estar en el lenguaje”. [1]

Si considero este comentario (más allá de mi adhesión o no a la poética de Gallagher) es porque tiene una estrecha correspondencia con el tema que rodearé: cómo hacer del lenguaje un vehículo de sentido cuando el imperio de la realidad advierte un estado de desvalimiento ante dicha posibilidad. Qué probabilidad existe de representar/expresar el dolor, la sofocación, lo cuasi indecible. Cómo restaurar/se a partir de la oscuridad, allí donde la palabra se escinde. Cómo y quién escribe sobre esa especie de destino inconmensurable que le fue prescripto.

Sin presunción, las consideraciones expuestas en este escrito sólo intentan vadear un sendero, esbozar ideas, y de ninguna manera determinar un tema tan complejo y sinuoso.

"En lugar del jardín hay un desierto"
Los verbos auxiliares del corazón, Péter Esterházy

EN EL LUGAR DEL DESIERTO

El libro que sirve de excusa para pensar las ideas mencionadas, Pequeña Pornografía Húngara [2]del escritor Péter Esterházy [3], se edita por primera vez en Budapest en 1984. Ya desde el título, Esterházy apunta, mediante la ironía, al sistema comunista de entonces: en húngaro, las iniciales del título (Kis Magyar Pornográfia), coinciden con la sigla KMP, en las que podría leerse de inmediato Kommunisták Magyarországi Pártja, es decir, literalmente, Partido Comunista Húngaro. Esto ocurre cuando dicho Partido aún tenía poder, si bien la etapa en la cual se desarrolla KMP puede considerarse una época de transición hacia la apertura que vendría con la caída del Muro de Berlín en 1989.

Fue ese uso elíptico de la lengua para representar una crudeza extrema el camino que eligió o que le permitió a Esterházy hacer de su KMP una parodia satírica de la dictadura, una burla tácita. En el libro, escrito en cuatro capítulos, se describen anécdotas consideradas bromas históricas, infinidad de interrogantes difíciles de contestar, retratos de un tiempo presumiblemente perverso, comentarios y hechos y personajes caricaturizados que pueden leerse en forma lineal o aisladamente y que hacen de KMP un libro difícil y emblemático. Siempre en tono de broma, alude e induce a imaginar aquello que no se podía describir o representar de otra manera.

Para enhebrar un panorama es de destacar que a Esterházy se lo ha ubicado dentro de un grupo integrado por autores contemporáneos tales como Péter Nádas, Peter Handke, Milan Kundera, Bohumil Hrabal, Imre Kertész o Stephen Vizinczey, entre otros, hayan o no permanecido en su tierra natal para desarrollar su escritura y hacer escuchar sus voces en un marco cruzado por las cicatrices del totalitarismo. De ellos quizá sea Esterházy uno de los más radicales, tanto por las temáticas que aborda - de las que muy raramente se desprende lo regional, lo nacional y lo familiar - como por su lenguaje, casi artesanal, en el que por momentos las particularidades del idioma de su país y cierto argot callejero, lo hacen difícilmente abordable, barrocamente húngaro.

Si bien la barbarie política del siglo, parafraseando a George Steiner, no convirtió a Esterházy en un exiliado o vagabundo, a su modo, también él, debió “construir una casa de palabras” [4] para sobrellevar un estado de escritura. Fue en esa búsqueda de maneras de representar el devenir de su tiempo lo que hizo de la broma su idioma y de la sátira un recurso.

Caben aquí dos aclaraciones a título informativo, una de ellas se relaciona con la elección por parte del autor de la palabra “pornografía”, además de que dicha palabra encaje en las siglas mencionadas y que a partir de la misma se desarrollare la ingeniería del texto. Según expresa Jesús Pardo, traductor al español del libro y prologuista del mismo, la concepción de la pornografía plantea una cuestión clave en la construcción de KMP. “La palabra pornografía -escribe Pardo- hace pensar automáticamente en revistas con señoras en cueros. Pero la pornografía, en griego: “Escritura sobre putas”, va más allá de tan angosto concepto, y significa, también, y por encima de todo, errores y embrollos políticos, y no sólo de hoy o de ayer. La pornografía, en una palabra, es la gran estafa histórica impuesta a los húngaros por su partido comunista, incluso teniendo en cuenta lo comedido y razonable que fue éste bajo la férula de Janos Kadar. Es la idea misma de tener la solución única de todos los problemas, la exclusión de cualquier otra opción, lo que constituye pornografía, y esto el lector lo capta a partir de la primera página”. [5]

Fue justamente bajo el régimen imperante entonces en los países de Centro Europa que la exclusión de cualquier otra opción era la moneda corriente en casi todos los sentidos. Pero cuál era en síntesis el escenario en el que Esterházy narra su KMP -y vaya aquí la segunda aclaración que mencionaba-; para ponerlo en palabras del propio autor, transcribo un comentario esclarecedor: “Cuando apareció Pequeña Pornografía en 1984 en Hungría - yo la había escrito entre 1982 y 1983, dice Esterházy - atravesábamos el peor momento de aquella dictadura o “democracia” aparente de entonces. “Soft” dictadura, le llamaban, suave, como si yo dijera “soft” porno, que tampoco se puede traducir. En 1982 y 1983 parecía que esa dictadura iba a durar para siempre. Comprendí en aquella época que el idioma de una dictadura verdadera era callar y el idioma de una dictadura “soft” o suave era la mentira, porque se puede hablar, pero justamente de lo que es más importante no se puede hablar. Ahora, mirando hacia atrás, estoy convencido de que la mentira es la palabra más adecuada para describir ese sistema. Uno se pregunta entonces que si todo es mentira, qué es lo que está pasando con nosotros, en qué se puede creer. Estos interrogantes sugieren preguntas muy puntuales, punzantes, acerca de nuestro rol, de nuestra actitud. Si todo es falso entonces cómo encontrar en esa realidad de mentiras una oración verdadera. Pequeña Pornografía es el libro del fracaso de nuestra habla, porque si no puedes hablar de nada, tampoco puedes decir que no puedes hablar. Esto significa que hay una verdadera dictadura. En la soft dictadura sin embargo “algo” puedes decir: en aquel entonces un buen libro no pudo hablar sobre lo esencial pero sí pudo callar las cosas que quería decir, eso se notaba y de eso se trataba Kis Magyar.” [6]

En ese marco de vaciamiento, donde la palabra apenas podía sostenerse ante el fracaso del habla, KMP testimonia e interpreta aquello que se omite. Es el autor quien, mediante el silencio o la falta, ironiza y sale al encuentro de un estado de cosas, transcribiéndolas mediante la metáfora, resignificando su situación de extrañeza. “Sólo un ser capaz de extrañarse puede tener una actitud crítica frente al mundo” [7] escribe Esther Cohen, a lo que agrego, también de otro texto de Cohen: “Si hay un espacio de resistencia donde la necesidad de vivir se hace enfáticamente patente, ese es el espacio de la escritura”. [8]

EN EL LUGAR DEL JARDÍN

Tal vez he buscado un atajo. He preferido tomar del seminario aquello con lo cual desearía familiarizarme: la posibilidad de representar o construir mediante el lenguaje una realidad rota, por llamar de alguna manera a aquella realidad que en su ajenidad nos desborda.

He iniciado estos apuntes con la declaración de una poeta, lo cual no es casual. Creo que la poesía es el lenguaje más cercano a “esa especie de lengua extranjera” con la que están escritos “los libros hermosos”, como pensaba Proust, y amplío, siguiendo el hilo de Deleuze: “El problema de escribir: el escritor, como dice Proust, inventa dentro de la lengua una lengua nueva, una lengua extranjera en cierta medida. Extrae nuevas estructuras gramaticales o sintácticas. Saca a la lengua de los caminos trillados, la hace delirar.” [9]

Milan Kundera, estudioso también de estos vericuetos de la escritura, ha interpretado, según su concepción, que el poeta -y aquí siempre estoy intentando hablar de los “poetas necesarios” [10] como ha determinado Seamus Heaney - es aquel ser que puede ver lo que está “ahí detrás” y cita un fragmento del checo Jan Sjacel para ofrecernos un ejemplo bello de esa definición: “Los poetas no inventan los poemas/ el poema está en alguna parte ahí detrás/ desde hace mucho tiempo está ahí/ el poeta no hace sino descubrirlo” [11]. Por supuesto, para redondear su idea, Kundera resumirá que la obra de Kafka es la expresión más certera de ese ver ahí detrás, privilegio o don esencial de los poetas.

Kundera y Deleuze (junto con Octavio Paz, Beckett y otros) concuerdan así en lo esencial: de alguna manera ambos encuentran en el escritor “un vidente y oyente”, o viceversa (y naturalmente ambos ponen a Kafka en un sitial de honor en tal sentido).

Para poder hablar en una dictadura “es imprescindible que nazca un idioma construido por metáforas”, dijo una vez en su casa de Római Fürdó, en las afueras de Budapest, el húngaro impertinente que Imre Kértesz ha definido como “postmoderno” [12] (e Imre Kértesz sabrá por qué lo dice aunque el impertinente no acuerde). En tal sentido, Esterházy se vio obligado desde muy joven a hacerse de una lengua peculiar para defender la lengua, o defenderse, lo cual es casi lo mismo. Hizo de la metáfora una muralla y de las entrelíneas un entramado de redes comunicantes. Prefirió el desfiladero de la paráfrasis para contar los hechos, al abandono de su idioma. Supo profundamente que no podría escribir en otra lengua más que la propia; entonces debió buscar el resquicio de esa lengua para expresarse.

Un libro escasamente leído en castellano me lleva a pensar en la posibilidad del lenguaje en épocas de sequía espiritual, de fisura. Un libro que fue haciéndose a la par que fueron ocurriendo los hechos. Un texto que pretendió decir lo que no se podía. O testimoniar lo acallado. O relatar, en medio del estómago revuelto que entonces era la patria, de una manera sesgada, esa patria.

No puedo evitar aquí traer a escena un texto leído y cotejarlo con KMP. Hemos analizado en el seminario el relato Nadie nada nunca [13]de Juan José Saer [14], alguien que ha expresado como pocos su intento constante -según sus propias palabras- de "combinar poesía y narración". El lenguaje abordado precisamente en ese libro, fundado en un contexto de represión y censura, se convierte también en un testimonio solapado, en un acoplamiento de entrelíneas tal como Esterházy experimentara con su obra. Ambos escritores se recuestan en un balbucir, en un decir sin decir, en un deslizarse sobre el lenguaje en el filo peligroso de la falta donde sólo el saltar en brazos de un nuevo alfabeto, salva. En una nota publicada en Radar Libros en junio de 2005, Leonardo Moledo dice sobre Nadie nada nunca: “tardé en comprender la clave cierta, irremediable y triste de esa literatura engañosa, en la que todo es mentira; nada se muestra y todo se oculta, a fuerza de repetición los signos pierden sentido y significado, y se desnudan como lo que son; signos verdaderamente vacíos.” [15]

Vacíos. Huecos. “Elementos de indeterminación” [16] del texto que requieren de la imaginación (e intervención) del lector. El escritor, o vidente, observa lo que hay ahí detrás y nos lo aproxima, metamorfoseado, para que demos cuenta de ello. Construye un mundo paralelo al mundo re-describiendo la realidad [17]. Es de alguna manera nuestra elección seguir esas huellas que dejan en el texto, observar el otro lado del residuo transcripto.

“Inventar de nuevo mi modo de estar en el lenguaje”, explicaba Tess Gallagher ante la necesidad de poner en palabras la muerte del ser amado. “Aprender a leer entre líneas” insistía Esterházy frente a la amenaza de leer/escribir/describir en un sistema totalitario. “Transcurre un instante en el que ningún instante transcurre” narraba Saer en Nadie nada nunca. Maneras de reformular el mundo propio y ajeno cuando ocurre que nos despertamos y de pronto en lugar del jardín hay un desierto, como ha escrito Esterházy en ese bello libro llamado Los verbos auxiliares del corazón. Nadie queda exento de encontrar un desierto en un jardín, ante esa posibilidad, el tema es qué se hace con esa áspera circunstancia entre las manos, cómo se instala el oyente dentro de esa sonoridad de lo baldío.

“La diferencia entre la palabra y la escritura es la falta -escribe Derrida- la cólera de Dios que sale de sí, la inmediatez perdida y el trabajo fuera del jardín. “El jardín es la palabra, el desierto, escritura. En cada grano de arena nos sorprende un signo”. [18]

La memoria y su arcilla afloran para reinventar un mundo, los surcos de esa memoria sostenidos por los libros que han rondado el desierto, que han permitido que las frases vayan encontrando su cauce en un fracturado derrotero, permanecen. Ante el temor del “inmenso abismo negro” del que daba cuenta Erich Fromm en Miedo a la libertad, ciertos escritores prefirieron el momento justo del salto. Ellos, como tantos otros luego de Auschwitz, no pudieron evitar dar testimonio, lo cual, claro está, no garantiza nada, salvo, el inmenso ejercicio de la libertad espiritual del ser humano.

Y para finalizar, cito el fragmento con el cual Peter Handke inicia su libro La tarde de un escritor:

“Desde que una vez vivió convencido, durante casi un año, de que había perdido el habla, cada frase que el escritor anotaba, y con la que incluso experimentaba el arranque de una posible continuación, se había convertido en un acontecimiento. Cada palabra no pronunciada pero hecha escritura traía las demás, y él respiraba sintiéndose de nuevo unido al mundo; únicamente con uno de esos apuntes logrados, empezaba el día para él, y entonces se encontraba a salvo, o así lo creía, hasta la mañana siguiente.” [19]

Será esta certeza indispensable del hecho escritural para quien escribe, lo que lleva a Esterházy a afirmar, en una de las partes centrales de Pequeña Pornografía Húngara: “Y yo entonces eché a mi amigo, lenta, suavemente, de mi casa, porque quería trabajar, y cuando me pongo a trabajar, siento crecer en mí el amor”.

Bucear en el lenguaje para poder respirar fuera de él, de eso, parecería tratarse algo semejante a un idioma construido por metáforas.

 

Notas
[1] Apablaza, P. La vigencia de un cuentista delicado. En adnCultur, diario La Nación. Septiembre 2007.
[2] Esterházy, P. 1992. Pequeña Pornografía Húngara. Madrid. Santillana (Alfaguara).
[3] Péter Esterházy (Budapest, 1950) escritor húngaro. Estudió matemáticas en la universidad ELTE de Budapest de 1969 a 1974; y sus primeros escritos se publicaron en publicaciones literarias en 1974. Trabajó como matemático de 1974 a 1978 y se dedicó sólo a la literatura a partir de 1978. El apellido Esterházy es bastante conocido por provenir de una de las familias aristocráticas húngaras más importantes desde el siglo XII. Su obra más conocida es Armonías Celestiales de 2000. En ella, aparecen alusiones a sus ancestros desde el imperio astrohúngaro hasta la llegada del comunismo. Su novela, Edición revisada (Javított kiadás, 2002), se centra en la búsqueda de la actividad de su padre como policía secreto del régimen comunista. Sus libros se han traducido a más de 20 lenguas, y ha recibido numerosos premios en varios países.
[4] George Steiner, Extraterritorial, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2000.
[5] Esterházy, P, o.c., p 8.
[6] Cornejo, Sandra, “El húngaro impertinente”, en El País Cultural, N° 460, agosto de 1998
[7] Esther Cohen, Con el diablo en el cuerpo. Filósofos y brujas en el Renacimiento, Taurus/UNAM, México, 2003
[8] Ver en http://www.fractal.com.mx/F34Cohen.html
[9] Gilles Deleuze, Crítica y Clínica, Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 1997.
[10] Seamus Heaney, Al buen entendedor, ensayos escogidos, Fondo de Cultura Económica, México, 2006.
[11] Milan Kundera, El arte de la novela, TusQuets editores, Barcelona, 1987.
[12] Ver en http://cronicashungaras.blogspot.com/
[13] Juan José Saer, Nadie nada nunca, Editorial Planeta/Seix Barral, Buenos Aires, 2000.
[14] Juan José Saer, Santa Fe, 1937-2005. Fue profesor de la Universidad Nacional del Litoral, donde enseñó Historia del Cine y Crítica y Estética Cinematográfica. En 1968 se radicó en París. Su vasta obra narrativa lo ha llevado a ser considerado una de las máximas expresiones de la literatura latinoamericana.
[15] Ver en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/subnotas/1613-219-2005-06-20.html
[16] W. Iser, “El proceso de la lectura: un enfoque fenomenológico” en J.A. Mayoral, Estética de la recepción, Madrid, Arco, 1987.
[17] Mario Presas, Revista Latinoamericana de Filosofía, Vol XVII, N°2, 1991.
[18] Jaques Derrida, La escritura y la diferencia, Anthropos editorial, Barcelona, 1989.
[19] Peter Handke, La tarde de un escritor, Alfaguara, Madrid, 1995

© Sandra Cornejo 2011
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero46/idiometa.html
 


César Vallejo

de Poemas Humanos

Los nueve monstruos

 

Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
Jamás tanto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!

Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída,
y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás, de perfil,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar...
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más).
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardido!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tanto cajón,
tanto minuto, tanta
lagartija y tanta
inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

César Vallejo. (Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938). Poeta peruano, una de las grandes figuras de la lírica hispanoamericana del siglo XX. Este poema pertenece a su libro Poemas humanos (1939).

Imagen: César vallejo en el parque.
 


Yves Bonnefoy



El poeta que hizo de la memoria un país

 

Por Arturo Carrera
En:http://www.lanacion.com.ar/1914897-yves-bonnefoy-el-poeta-que-hizo-de-la-memoria-un-pais

Anteayer, a los 93 años, murió uno de los mayor poetas franceses del siglo XX, Yves Bonnefoy. Había nacido en 1923, en Tours. Estudió matemáticas y filosofía, pero pronto se trasladó a París y se dedicó a la poesía. Fue candidato al premio Nobel por su obra poética pero también por su labor como crítico de arte y traductor. Escribió más de cien libros, que se tradujeron a una treintena de idiomas. Por ellos recibió, entre otros premios, el Goncourt en 1987 o el de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) a las lenguas romances en 2013.

En primera persona

Enterado de la reciente muerte "real" de Bonnefoy, pienso otra vez, busco decir otra vez, lo que su poesía es para mí. Lo que me hizo acercar a un lugar de evidencia: la traducción.

¿Pero cómo fue, si siempre lo que busqué fue traducir a un poeta único, al mismo Yves Bonnefoy? ¿O acaso porque él reunía la esperanza de poder llegar a hacer un habla con lo que habría sido en un comienzo una sílaba, borradas letras, una palabra desconocida, un rostro bajo la lluvia, un copo de nieve, un instante?

Y comenzar a traducirlo fue comprender imperfectamente, y buscar el sosiego de esa incomprensión en mi experiencia con las palabras, en mi propia "escritura". De modo que es con nuestra propia vida -lo que ella supone de riesgo en la inexactitud- como traducimos y leemos la poesía.

Pasada la gran primera época de su poesía -libros tales como Del movimiento e inmovilidad de Douve, Ayer reinante desierto, Piedra escrita y En el señuelo del umbral-, es en La vida errante donde recomienza sin duda su nuevo drama. En poemas que recogen de los primeros momentos de su obra toda la intensidad y la música, Bonnefoy retoma con más fuerza todavía ese acometimiento de la invención del lugar, de la permanencia en un mundo vislumbrado como arrière-pays (que podemos intentar traducir como transtierra o transpaís o el más definitivo ultramundo).

Es en Comienzo y fin de la nieve, en La lluvia de verano y en Las tablas curvadas, donde Bonnefoy sin vacilar, pero convenciéndonos, nos conduce a lo que entrevió como su verdadero paraíso: su memoria, su infancia, su obsesión; piedras y agua en una especie de sobrenaturaleza. País simultáneo que encuentra en algunos momentos de la pintura italiana del Cuatrocientos, en la arquitectura de Palladio, en las perspectivas de Brunelleschi y Alberti; en la tumba de Gala Placidia, en Ravena; o simplemente en el callejón sin salida de sus dos versiones de la Rue traversière de su Tours natal que concluye: "A los demás -y que sea la escritura, despliegue del ala, a veces -uno les debe el sentido".

Que sus palabras permanezcan.



(Arturo Carrera es poeta y traductor)
Imagen: Yves Bonnefoy
 


Una poética del recogimiento

sobre "Kyrios"
de Diego Roel

Por SANDRA CORNEJO
en: http://www.eldia.com/septimo-dia/una-poetica-del-recogimiento-145898

“Kyrios” es un libro que desde el título refiere al concepto de Dios. Es un libro cuyo tono devocional indaga sobre lo absoluto entre los infinitos celestiales. Para esto, el autor retoma la alegoría de los místicos cristianos, les confiere una voz lúcida y los ubica en un espacio/tiempo terrenales y, de alguna manera, próximos. Ellos, criaturas de adoración y sacrificio, seres de otro orden dentro de este mundo, transcriben mediante la palabra aquello que experimentan y que nosotros apenas podemos percibir. Contemplativos, eremitas; alaban, recuerdan, veneran.

La poesía de Diego Roel, desde su primer libro, “Padre Totem”, se desliza por un sendero que va bordeando lo devocional hasta fundirse en la plegaria a partir de “Vía Lucis”. Surge, así, a mi entender, una poética del recogimiento, una poética que implica un Universo en el que ciertas almas, en la más pura y nocturnal soledad, indagan, dialogan, inquieren. Hay, en esta lírica sublunar, un peregrinaje desde las cavernas del ser, a través del desierto, a través de la noche oscura, a través de las erosiones que el dolor imprime en la carne. Hay, en esta poética, un estado de adoración, de asombro, y un sentimiento de orfandad que sólo un “otro divino”, conforta: ese estado de adoración es lo que salva.

Santos, visionarios, eremitas, abades y abadesas, madres (ammas) y padres (abbas) reflexionan acerca de la vida y de la muerte en “Kyrios” y, como escribe Gerardo Burton en el prólogo del libro, eligen diversas formas de vida para ir al encuentro de Dios. Así, San Pablo el ermitaño, San Juan estilita, Amma Sara, San Simeón el Loco o Santa Juliana de Norwich huyen del mundo y acuden al llamado, vislumbrando la eternidad. Observamos aquí la sabiduría cristiana expresada en su máximo grado de beatitud y despojo, otra vez en la fuente, religada a la creación.

En la línea de Rimbaud, Rilke o Blake, Roel construye una cosmovisión de lo insondable donde “un abismo llama a otro abismo”. La estremecedora zozobra de la existencia humana encuentra su cauce y ante lo más hondo, se plantea la posibilidad de la luz. Errantes que caminan hacia lo Uno del Señor, con sus fragmentos reuniéndose y brotando Gracia.

En medio del ruido ensordecedor de las ciudades, del vértigo deshumanizante de las nuevas tecnologías, bienvenido este pequeño libro cuyo lenguaje, que rompe la sintaxis del devenir, llama a la introspección creativa y a la mejor de las rebeldías: ser un faro en medio del caos.


"Arropar a la madre"

sobre "Lucía sin luz"
de Gustavo Caso Rosendi

Por Sandra Cornejo

En:http://www.eldia.com/septimo-dia/arropar-a-la-madre-144214

 

El nacimiento (el lugar de la madre), ese territorio del cual nunca podemos desprendernos (ni aún envejecidos), es el espacio al que regresa Gustavo Caso Rosendi para empezar a reparar una historia. Recuerda y, al recordar, va enmendando un lazo cuyo cordón anuda mucho más allá de los años.

Mientras leo  “Lucía sin luz”, su reciente libro, no puedo evitar la aparición inconfundible de otra obra de arte sobre el mismo tema: “Madre e hijo”, un film del ruso Aleksandr Sokúrov. En el film, de neblinosa fotografía, de largos silencios, de profundos contactos y descarnada ternura, se transita la reunión de dos seres preparándose, en absoluta soledad y despojo, para la despedida. Como en el film, en este libro, el hijo arropa a la madre, le canta una nana, la acuna. Aquí, sin embargo, el hijo ha sido siempre el padre de la madre, porque la madre (que fue todo el mundo para el hijo) lo dejará desde muy temprano con sus dudas, sin certezas, sin indicios.

Desde una constelación de palabras, quien ya es un hombre le pregunta a la madre: “¿A dónde queríamos llegar que no hemos llegado?” Es el tiempo de la enfermedad, de la vejez. Sin lucidez, caminan juntos “con dificultad de siameses”. Van de cueva en cueva, con los interrogantes que inquietan al hijo, mientras arrulla, mientras inventa una escafandra o una pala, y cava en la memoria, para que la madre vuelva a estar y sea hermosa.

En este libro estremecedor, Gustavo Caso Rosendi transforma lo que no fue un encuentro en la vida en un reencuentro en la escritura. Como en “Soldados”, y ya convertido en un poeta de la primera línea de su generación como apunta Leopoldo Castilla, en “Lucía sin luz”, otra vez, el sufrimiento lo lleva a abrigarse con la poesía. Se expone con total orfandad frente a la vida y la muerte, ante las últimas preguntas, cuando sólo una imagen, un gesto, un tono, pueden responder. La complicidad del instante. La levedad.

Una relación compleja se torna en este libro un canto. Un canto agrio, oscuro, pero canto al fin, hondo, inagotable. Ante la pérdida, ante el vacío de lo que estuvo y ya no está, el hombre que fue el niño, el hijo que fue el padre, se resguarda en una poética de enorme claridad. Proclama lo perenne sobre lo hostil. Escribe porque necesita del abrazo, porque ante el muro, con esmero, gesta con su lenguaje un árbol, un jacarandá, sobre cuyas ramas verá la sonrisa de su madre, que es decir el sol.

 

Imagen: Gustavo Caso Rosendi


Marta Cwielong

poema

 

en mi sangre
habitan bestias
que burlan la apariencia

en mis pies hay huellas
hambre

hoy me atrevo
a leerte un poema

desnuda

en una ciudad desconocida

desnuda

con un libro en la mano

desnuda

para bailar

 

Poema leído por la autora en el cierre del XI FIP BaAs 2016
http://festivalpoesiabsas.com.ar/wordpress/

 

CWIELONG, Marta (Buenos Aires, Argentina). Poeta. Ha publicado loa poemarios Razones para huir, De nadie, Jadeo animal, Morada (Valencia, España), Pleno de ánimas, Las vírgenes terrestres y La orilla (Ediciones del Dock, colección Pez náufrago 2016). En 2015 presentó Observación de poetas latinoamericanas - trabajo de investigación y creación en colaboración con Marlene Zertuche- editado en México y presentado en Uruguay. Su poesía ha sido traducida al catalán, polaco y francés. Colabora con la revista literaria ‘La Guacha’.


XI Festival Internacional de Poesía de Bs. As.

Junio 2016

XI Festival Internacional de Poesía de Bs. As. (FIP)
 

Del 7 al 11 de junio se realizará la XI edición del Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, en el CCK, según informó su directora,  la poeta Graciela Aráoz.

Integrado como siempre el Movimiento de Poetas del Mundo, Word Poetry Festival, crea la impronta de estos festivales que se realizan en el mundo. El de Buenos Aires es considerado por la prensa especializada como el tercero más importante. Ya están confirmados más de veinte países y Rusia y El Líbano  participarán por primera vez. Como es su costumbre, poetas de diferentes provincias argentinas y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, participarán mezclando tendencias estéticas y generacionales. Habrá instalaciones, integración con otras artes, performance, cantautores, artistas visuales, y en especial la interacción con los amantes de la  poesía.

La Escuela de Poesía, la tercera en el mundo, ya tiene abierta  sus inscripciones para los talleres informales con propuestas desestructuras que los poetas de otras partes del planeta nos proponen. Será una fiesta para disfrutar y gozar de la buena poesía.

En esta ocasión participan: Thomas Boberg (Roskilde-Copenhague, Dinamarca), Osvaldo Bossi (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina), Mireia Calafell (Barcelona, España), Giovanni Catelli (Cremona, Italia), Rebeca Chambi (Jujuy, Argentina), Benjamín Chávez (Santa Cruz, Bolivia), Sandra Cornejo (Buenos Aires, Argentina), Marta Cwielong (Buenos Aires, Argentina), Lina Ekdahl (Goteborg, Suecia), Jorge Fondebrider (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina), Laura García del Castaño (Córdoba, Argentina), Berta García Faet (España - Rhode Island, EEUU), Ana Guillot (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina), Sasja Janssen (Amsterdam, Países Bajos), Dmitry Legeza (San Petersburgo, Rusia), Florencia López (San Luis, Argentina), Elisa Lucinda (Río de Janeiro, Brasil), Giorgio Luzzi (Torino, Italia), Andrés Montenegro (Buenos Aires, Argentina), Moon Chung-hee (Seúl,Corea del Sur), Hugo Mujica (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina), Adnan Özer (Estambul, Turquía), Julio Pirrera Quiroga (Buenos Aires, Argentina), Mirta Rosenberg (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina), Julio Salgado Yuyutsu Sharma (India - Nueva York, EEUU), Numy Silva (Misiones, Argentina), Kentaro Tanaka (Toyama, Japón), Serge Patrice Thibodeau (Moncton, Canadá), Malú Urriola (Santiago, Chile), Minerva Margarita Villareal (Nuevo León, México), además de Gabo Ferro, Eugenio Mandrini, Claudio Lomenzo.

Los poetas del mundo se reúnen una vez más en Buenos Aires, nada mejor que compartir las palabras del Premio Cervantes, Antonio Gamoneda: “Los escritores amamos la paz. Y el dolor  planetario  nuestro lenguaje (naturalmente, no hablo solo de la escritura poemática), ha de ser poética y moralmente subversivo. Y nuestra conducta. El sufrimiento por causa social es nuestro sufrimiento y penetra nuestra conciencia, que creación literaria que no lleve consigo conciencia no es creación”

Sitio del FIP: www.festivalpoesiabsas.com.ar

 

 

 


Anselm Grün

en Buenos Aires

La espiritualidad de Anselm Grün ilumina Buenos Aires
 

por Ramiro Barreiro
en: http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/27/actualidad/1461789546_613693.html

El teólogo alemán que recomienda Francisco se presenta en la Feria del Libro


¿Es Argentina la tierra de la espiritualidad? ¿O será lo que la realidad impone? La consolidación de un Papa argentino y la victoria política de Cambiemos, un partido con gurúes y 'buena onda', pueden provocar efectos en ese sentido. O bien, ¿será que los argentinos buscan algo más que religión? Lo concreto es que toda película, libro o evento que haya sobre el tema consigue, en poco tiempo, miles de adeptos.

En este caso, la gracia popular iluminó al monje benedictino alemán Anselm Grün, quien presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires su último libro “Lo que creemos, espiritualidad para nuestro tiempo”. Lo acompañó el religioso austríaco David Steindl-Rast, promotor del diálogo budista cristiano. Grün es teólogo, ha escrito unos 450 libros traducidos a 30 idiomas y el propio papa Francisco recomienda sus libros.

Más de 650 personas colmaron el auditorio José Hernández de la Feria para oír a este gurú que no se encierra en la religiosidad sino que incorpora aspectos que pertenecen a la psicología. Nació en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Dice que escribe 3 veces a la semana, entre las 6 y 8 de la mañana. Una de las tiendas que ofrece sus títulos en la Feria dijo que había vendido "unos 50 libros por día pero, si contamos solamente el día de hoy, se han vendido 200”. El valor de los textos oscila los 7 dólares.
“Del hombre contemporáneo me preocupa que con tanto activismo no tiene tiempo de detenerse y eso es necesario para mirar hacia adentro y en esa acción encontrar un sostén; porque el que no se detiene vive determinado por elementos exteriores”, enfatizó Grün mientras muchos móviles todavía sonaban en el recinto.

“El ego necesita mostrarse a sí mismo que en realidad puedo vivir sin los demás y, en realidad, lo que hace es una representación”, afirmó. “Si voy dentro mismo de mi propio ser, me daré cuenta que sólo soy yo con el otro. La psicología dice que la enfermedad de nuestro tiempo es la falta de relacionamiento. Existen dificultades para relacionarse porque muchos tienen miedo de perderse en esa relación”, agregó.

Valeria tiene 22 años y dice no entender “nada de espiritualidad”, pero se acercó a la Feria para acompañar a su madre, fiel seguidora del monje alemán. “A pesar de que no soy lectora de sus libros ni lo sigo personalmente creo que esta bueno la relación con la psicología; lo tomo como una apertura de la religión y eso lo hace menos fanático”, enfatizó la joven. “Ahora mi mamá me regaló uno de sus libros y lo voy a tener que leer”, aceptó entre risas.

Josefina e Inés son madre e hija y ya conocían a Grün. “Es dueño de una gran espiritualidad que hace que uno descubra cosas de sí mismo, cosas que te elevan y te enriquecen. Nos vamos muy satisfechas y en paz”, coincidieron las mujeres. Ya esas alturas los teléfonos móviles habían dejado de sonar.

Imagen:
Ricardo Ceppi
 


Ante lo inminente

"Diario de inminencia"
(El Día-La Plata)

Ante lo inminente
 

(En: http://www.eldia.com/septimo-dia/ante-lo-inminente-129838)

Ver en perspectiva un tiempo difícil de observar, y escribirlo. Para curar, para dejarlo atrás. Hacer poesía a partir de un tramo neblinoso  de la historia personal y colectiva. De esto se trata “Diario de inminencia”, nuevo libro de la escritora platense Genoveva Arcaute que, al explorar los sucesos ocurridos en los años 70 en nuestro país, pone en la balanza lo bueno y lo malo, sin disimulos.

Trae al presente las marcas de los huesos y otorga encarnadura a la memoria. Con un lenguaje sólido, cuidado, Arcaute rememora en tercera persona cierto recorrido como alumna y docente de Letras en aquellos años oscuros. Pone palabras y amor en jóvenes que, lanzados al sueño, sólo propiciarían la trama del desencanto; es así como, por ejemplo, una misma noche “de creedence y cachorros”, irían a “un velorio de cajón cerrado”.
“Quién sabe dónde/cuándo/contra qué”, se pregunta la autora. “Callar se hace imposible” y, sin embargo, “hablar está prohibido”, nos dice. Esos chicos solos con sus libros, sin padre ni madre, arden y velan. En las vísperas, una juventud que entre los pliegues (como diría la escritora Fernanda Castell) busca el sentido, se va deshaciendo ante lo imposible.

Arcaute, siempre en un borde, o, preferiría decir, en un umbral, ya desde “Mandorla”, su primera novela, se cuela entre los géneros para enhebrar una voz propia, una lengua particular, cuyo trazo personal implica el cruce entre lo narrativo y lo poético. Esto envuelve al lector, en cada abordaje de sus textos, en un encuentro indeterminable, incierto y por lo tanto rico. Poesía, no lirismo, en este libro cuyos poemas son pequeñas construcciones que dialogan, unos con otros, buscando la respuesta y sentando el precedente de lo vivido.

Sandra Cornejo

Imagen: Genoveva Arcaute


Inés Manzano, poeta


Inés Manzano se ha ido de aquí. Poeta argentina, bibliotecaria, anarquista. El empeño, el amor y la paciencia que puso en la poesía y en todo lo que hizo, fueron admirables. Como mínimo homenaje, dos poemas de su libro si es puñal que me mate (Papeles de Boulevard 2011).

Dijo Gerardo Burton sobre su poética: “Los de Inés Manzano son poemas compuestos desde el desamparo, la exclusión, la marginación. Son la mirada del Otro, que observa desde una situación de indefensión estructural y estructurada, desde una palabra escamoteada y desde imágenes distorsionadas por exageración (hiperbolización) o por casi omisión (diminutivos). Las preguntas, los interrogantes suponen un monólogo que instala justamente esas preguntas en la interpelación ética (¿la justicia, la equidad, la solidaridad?). ¿Dónde está ese universo que se suponía común, que era “lo dado”? En realidad, es lo robado, lo saqueado: tanto el universo de la infancia como el de la familia, como el del amor.”


Brian
 

Quisiera devorarme
este pan de los libros
y olvidarme el delantal
arrugado en un pupitre

ya que no tengo

el pan de tu ternura

ni arrugas en la frente
que me indiquen

lo que debo olvidar
 


Laila

 

Por favor no me mires
mientras yo me destrozo
la cabeza

o sí

mirame

llevame de la mano
a la terraza
para que yo me tire

       aquí están mis hermanas con
las muñecas rotas y las muñecas
rotas            

miralas
miralas

ah    y no me retes
si me olvido
el cuaderno
en la mochila

todo está en mi memoria

no te aflijas
 


Mary Oliver, para estos días

poemas

Gansos salvajes

 

No tienes que ser bueno.
No tienes que caminar cien millas de rodillas
a través del desierto, arrepentido.
Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo
                  ame lo que ama.
Háblame de la desesperanza, la tuya, y yo te hablaré de la mía.
Mientras tanto el mundo sigue.
Mientras tanto el sol y las claras piedritas de lluvia
se están moviendo por los paisajes,
sobre las praderas y los árboles profundos,
las montañas y los ríos.
Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,
se dirigen a casa otra vez.
Quien quiera que seas, no importa cuan solo,
el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como los gansos salvajes, rudo y emocionante,
anunciando una y otra vez tu puesto
en la familia de las cosas.

 

Paisaje

 

¿No está claro que las camas de musgo,
a excepción de no tener lenguas, podrían dar charlas
todo el día, si quisieran, acerca

de la paciencia espiritual? ¿No está claro
que los cedros negros junto al camino están parados
como si fuesen las flores más frágiles?

Cada mañana camino por aquí
hacia la laguna, pensando: si las puertas de mi corazón
se cierran alguna vez, me doy por muerta.

Cada mañana, hasta el momento, he estado viva. Y ahora
los cuervos se rompen del resto de la oscuridad
e irrumpen en el cielo, como si

durante toda la noche hubiesen meditado
lo que les gustaría que fuese su vida, y hubiesen imaginado
sus fuertes y densas alas.

 

"Mary Oliver no busca sentenciar destino alguno o distinto para nuestra especie. Su aliento suave, fresco sólo pretende dejarnos una palabra llena de sentido, hecha con música, sencilla y directa. Alicia Torres la traslada al español desde el libro New and Selected Poems (Beacon Press, Boston, 1992) y nos ofrece sus señas literarias". Chema Madoz 

"Saber mirar es una obligación que tenemos con nosotros mismos. Saber mirar con ternura y expresarlo en imágenes es uno de los privilegios del poeta. Mary Oliver (1934) es quizás una de las miradas más profundas y tiernas sobre el mundo natural que he encontrado. Lo hace pensar a uno en Robert Frost y esos poetas que pueden ver cómo lo creado es un símbolo que está siempre apuntando más allá de sí mismo, sin dejar de ver íntimamente la individualidad del sujeto contemplado, que en este caso es siempre la naturaleza. Esa mirada, la consistencia de su tono y la precisión de su lenguaje la sitúan como una de las mejores poetas norteamericanas. En 1984 ganó el Premio Pulitzer con su poemario American Primitive".
 


Erri de Luca

Mamma Emilia


En ti he sido clara, huevo, pez,
las eras inconmensurables de la tierra
he cruzado en tu placenta,
fuera de ti me han contado por días.

En ti pasé de célula a esqueleto
agrandándome un millón de veces,
fuera de ti el acrecimiento ha sido inmensamente menos.

Me escabullí de tu plenitud
sin dejarte vacía porque el vacío
me lo llevé conmigo.

Vine desnudo, me tapaste
así aprendí desnudez y pudor
la leche y su ausencia.

Me has puesto en la boca todas las palabras
a cucharaditas, excepto una: mamá.
Ésa se la inventa el hijo chasqueando los dos labios
ésa la enseña el hijo.

De ti he tomado las voces de mi lugar,
las canciones, las injurias, los conjuros,
de ti escuché el primer libro
tras la fiebre de la escarlatina.

Te he ayudado a vomitar, a freír las pizzas,
a escribir una carta, a encender un fuego,
a acabar el crucigrama, te he vertido el vino
y he manchado la mesa,
no te he puesto un nieto en el regazo
no te he hecho llamar a una cárcel
todavía no,
de ti he aprendido el luto y la hora de dejarlo,
a tu padre me parezco, a tu hermano,
no he sido hijo.
De ti he recibido los ojos claros
no su peso
a ti te lo he ocultado todo.

He prometido quemar tu cuerpo
no dárselo a la tierra. Te daré el fuego
hermano del volcán que nos orientaba el sueño.

Te esparciré en el aire tras un aguacero
a la hora del arco iris
que de par en par te hacía abrir los ojos.
 

(Poema publicado en El contrario de uno, Siruela, 2005.Traducción de Carlos Gumpert).
 


Piedad Bonnett

Poesía

Piedad Bonnett: “He visto mi voz hacerse diferente”
 


por Berna González Harbour
 

El único miedo que le queda hoy a Piedad Bonnett es que la poesía la abandone. Tras sufrir la muerte de su hijo en 2011, relató los pormenores de su dolor, la impotencia ante la enfermedad mental que padecía y el rebobinado inevitable y masoquista en busca de los porqués ya inútiles de su suicidio en Lo que no tiene nombre (Alfaguara, 2013), un libro delicado, sensible y nada morboso sobre lo que pasó. Lo difícil lo hizo fácil.
Aquello bloqueó su vida y su poesía, y Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951, premio Casa de América de Poesía Americana 2011) apenas ahora está consiguiendo volver al verso. “Escribir me ayuda a curarme y a comprender”, asegura. Acaba de publicar su Poesía reunida (Lumen), un libro que le propuso la editorial para agrupar su obra y que la ha obligado a revisar todas las poesías de su vida. Por el camino ha encontrado las grietas. “He visto que he envejecido. He visto mi voz hacerse diferente”. Charla sobre ello en Cartagena de Indias (Colombia).

PREGUNTA. ¿Poeta o poetisa?

RESPUESTA. ¡Poeta mejor! No sé por qué la palabra poetisa se ha asociado a recitadora con un tinte un poco ridículo y la palabra poeta me parece muy bonita. Sacerdotisa es linda pero poetisa, por alguna razón, no.

P. ¿Y más poeta o novelista?
R. Me siento más poeta. La novela es una pasión, yo desde adolescente quería ser novelista, pero no tengo una cantera de cosas que contar, no. Me gusta la literatura donde no pasan muchas cosas: Proust, por ejemplo, pausado, delicado. Me gustan las novelas con componente poético. Ahora John Banville, o antes Nabokov. Lo único que no me gustaría en la vida es que la poesía me abandonara, ya sabes que no es que uno deje la poesía, sino que de pronto la poesía te abandona.

P. ¿O te visita?
R. O te sigue visitando, sí. Mientras la vida no esté alienada nos puede visitar la poesía. Tu cabeza necesita el silencio suficiente para que llegue la poesía.

P. ¿La poesía entonces llega, no se busca?
R. Sí, pero comienza en la mirada, es una forma de mirar que vas desarrollando.

P. ¿Con una palabra, con una idea? ¿Cómo comienza una poesía?
R. Con una percepción de sentido, algo que tiene un sentido trascendente y que jalona inmediatamente el lenguaje. Hace unos días me visitó una conocida para hablar de un proyecto. Yo sabía que ella también había perdido a un hijo, charlamos en la cocina de su proyecto y en un momento le pregunté por su duelo. Fueron cinco minutos, pero al tercer día me vino un verso: “Una cocina puede ser el mundo”. La poesía viene y reside en el lenguaje. Aparece ese verso que encierra una promesa y es como quedarse embarazada. Sabes que vas a parir y a lo mejor va a ser lindo y es una emoción intensa porque te pertenece. Pero luego tienes que buscar el momento del poema, no es como escribir una novela, que te levantas, te bañas y te sientas. No. La poesía viene.

P. ¿Y qué hace cuando viene?
R. Anoto las ideas, tengo un montón de libretas, una para prosa, otra para poesía. Me gusta mucho leer ensayo, es muy iluminador y te lleva a la poesía. Escribo mis propias frases cuando leo ensayo.

El texto completo en:
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/03/02/babelia/1456921128_260268.html
 


Colm Tóibín

imperdible!

Colm Tóibín: “Si fuera pintor, dejaría algo en blanco”
 

El escritor irlandés publica 'Nora Webster', inspirada en la fortaleza de su madre tras morir su padre. Con Babelia recorre los escenarios reales sobre los que ha levantado su literatura.

El niño que jugaba en un castillo del siglo XVI, en medio de un pueblo irlandés, aún sueña con ser un gran poeta. A cambio, lo que la vida le ha dado a Colm Tóibín es el prestigio de ser uno de los novelistas y críticos literarios más relevantes del siglo XXI. Aunque ahora, dice, ha escrito “una novela que es como una poesía del silencio y de la pena”. Él, que siempre habla con un tono alegre, todavía guarda tristezas que no terminan de irse. Aparecen en Nora Webster (Lumen), una recreación de años esenciales de su adolescencia con los que abre un nuevo horizonte en su narrativa.

El tiempo que tardó en escribir esta novela fueron los mismos años que tenía cuando todo cambió: 12. Doce años en los que recordó y evocó cada día de su vida los sucesos de aquella época de finales de los sesenta. Doce años tenía en el verano de 1967 cuando su padre, Michael, murió. Y Brid, su madre, quedó sola con dos niños en Enniscorthy (Irlanda).

Nota completa en:http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/09/babelia/1455031589_536487.html
Imagen:  Bryan O’Brien en:
http://www.irishtimes.com/culture/books/editor-s-choice-the-day-poetry-came-alive-1.1562911


Escribir para estar sola

Marguerite Duras

Escribir para estar sola
Marguerite Duras

 

Alrededor de una persona que escribe libros siempre debe hacer una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día, esta soledad real del cuerpo se convierte en la soledad, inviolable, del escribir.

Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros.

Puedo decir lo que quiero, nunca descubriré por qué se escribe ni cómo se escribe.

Nunca he podido empezar un libro sin terminarlo. Nunca he hecho un libro que no fuera ya una razón de ser mientras se escribía, y eso, sea el libro que sea.

Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro, es encontrarse delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido.

La duda, la duda es escribir. Por tanto, es el escritor también.

No creo en la gente que dice: he roto mi manuscrito, lo he tirado. No lo creo. O bien lo que estaba escrito no existía para los demás, o no era un libro. Y uno siempre sabe lo que es un libro.

No se puede escribir sin la fuerza del cuerpo. Para abordar la escritura hay que ser más fuerte que uno mismo, hay que ser más fuerte que lo que se escribe. Es algo curioso, sí. No es sólo la escritura, lo escrito, también los gritos de las bestias de la noche, los de todos, los vuestros y los míos, los de los perros.

De repente todo cobra un sentido relacionado con la escritura, es para enloquecer.

Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.

Estar sola con el libro aún no escrito es estar aún en el primer sueño de la humanidad.

No sé que es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos. Y cuando no hay nada, lo sabemos como sabemos que existimos, no muertos todavía.

Cada libro, como cada escritor, tiene un pasaje difícil, insoslayable. Y debe optar por dejarse este error en el libro para que siga siendo un verdadero libro, no una falsedad.

Algunos escritores están asustados. Tienen miedo de escribir. Lo que ha ocurrido en mi caso, quizás haya sido que nunca he tenido miedo de ese miedo. He hecho libros incomprensibles y han sido leídos.

Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir; todo escribe…


Más Marguerite Duras en:
http://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=238


Irina Bogdaschevski

Belgrado 1927
La Plata, AR, 2016

Irina Bogdaschevski 
/ Poesía e incertidumbre
 

Sabemos que en cada siglo suelen cambiar las leyes de la estética y que con esos cambios se modifican inexorablemente los códigos idiomáticos correspondientes. A la larga, las transformaciones siempre resultan beneficiosas y prueba de ello son los aportes del gran poeta Alexandr Sergueievich Pushkin, creador del idioma ruso contemporáneo. Al no estar ya seguro de las bondades del antiguo idioma eslavo-ruso eclesiástico, Pushkin creó un idioma nuevo que le permitió toda clase de digresiones e incertidumbres, las cuales, si bien resultaron enriquecedoras, estuvieron sujetas a la prueba del tiempo, que demostró con creces la legitimidad de esos cambios. Las innovaciones que observamos hoy en todos los idiomas europeos se deben, en gran medida, a la ruptura de las estructuras sociales y a las sacudidas dolorosas que sufrió la conciencia colectiva. La nueva estética actuó negando los códigos estéticos anteriores, pero mantuvo con ellos lazos indelebles y por eso su crítica no debería ser terminantemente negativa.

En Rusia, todas las expresiones del arte fueron oficialmente maltratadas durante más de 70 años. Los escritores jóvenes, a pesar de que leían clandestinamente la literatura del siglo XX, permanecían en desigualdad de posiciones comparándolos con intelectuales de otros países, porque sus posibilidades de estudiar a fondo las nuevas tendencias en todos los ámbitos del conocimiento, se postergaban a causa de las mentes limitadas de los gobernantes. Por ello, los cambios posteriores en Rusia se transformaron en verdaderas explosiones. Las grandes presiones producen siempre reacciones violentas. Esto se refleja inmediatamente en el lenguaje: el escritor, el poeta, se solaza en poder usar palabras y expresiones prohibidas anteriormente, que eran privilegio del vulgo; recurre al lenguaje de los prisioneros de los campos de concentración (muchos intelectuales rusos pasaron por GULAG); descubre, de pronto, que el sexo y su lenguaje también son lícitos y se extralimita por el puro placer de sentirse liberado de los estúpidos tabúes impuestos. A pesar del capitalismo salvaje que impera aún hoy en la economía de Rusia, los aires, libres de contaminación, se respiran ya en su literatura, especialmente en la poesía. En la poética rusa, el fin del fundamentalismo y de las cerradas certezas políticas abrió las mentes y los corazones, aceptando la incertidumbre creadora y produciendo el crecimiento inusual de nuevas tendencias literarias. En los últimos tiempos, Rusia ha dado al mundo poetas de tal magnitud que, quizás, en el futuro, llamarán a esta época el nuevo "Siglo de Plata", comparándola con el auge de la poesía de la primera década del siglo XX. Comenzando con Osip Brodski, Premio Nobel de Literatura 1987, y sus contemporáneos Bella Ajmadúlina y Alexandr Kushner, aparecieron importantes poetas como Timur Kebirov, Dimitri Prigov, Victor Sosnora, Evgueni Blazhevski o Efim Breshin.

Osip Brodski (1941-1990), a quien la gran Anna Ajmátova destacó como el mejor poeta ruso de su generación, comenzó a escribir y traducir poesía a fines de la década de 1950. Se especializó en idiomas (inglés y polaco) y en Historia de las Ideas. Tradujo a los poetas Czeslaw Milosz, John Donne, Robert Frost, T. S. Eliot y W. H. Auden, entre otros. Su actitud ante la vida y la poesía se contrapone a la herencia de Maiakovski, con su poesía un poco declamatoria, de resonancias políticas, identificándose más bien con la poética de Osip Mandelstam, Anna Ajmátova, Andrei Bely y Boris Pasternak. Formalmente, puede considerarse un poeta moderno: equilibra las métricas y las formas estróficas más diversas, de las más simples a las más intrincadas. Sus escenarios atraviesan los más variados paisajes: Soho londinense, playa del Mar Negro, San Petersburgo, un pueblo mejicano, Moscú, recreación de Italia de los tiempos de Dante, Roma Imperial, etc. En sus poemas aparece el mundo oculto donde se fusionan los viejos mitos -en especial, los griegos- con la profunda religiosidad cristiana, volcados en una problemática cotidiana que se desarrolla poéticamente con el uso de técnicas muy modernas. Su actitud es la del hombre actual, trágicamente consciente del drama del Amor y de la Vida, enfrentados a la crueldad del Tiempo y de la Entropía. Dice Brodski en un reportaje: "¡Bajo tu control está solamente la posibilidad de contraponerte al mal! El bien se presenta a través de la intervención directa de Dios".

Brodski fue perseguido y juzgado en 1964 bajo la acusación de "parásito social" y "cosmopolitismo", y después de haber sido liberado del campo de concentración (¡gracias a los esfuerzos de Anna Ajmátova!), al principio de los años setenta, fue expulsado de Rusia, al igual que Rostropovich, Maximov, Siniavski y Solzhenitzin. Perfeccionándose en inglés, Osip Brodski comenzó a escribir en este idioma y, como su coterráneo Vladimir Nabokov, fue elogiado por los críticos literarios ingleses y norteamericanos a causa de la riqueza y originalidad de su lenguaje poético. En 1987, el Premio Nobel de Literatura le brindó a Brodski el reconocimiento internacional; a los 46 años fue el segundo Premio Nobel más joven de la historia después de Albert Camus. Murió en 1990. Aquí siguen algunos de sus poemas, según mi propia traducción:


Volverás a la Patria

Volverás a la Patria… Y bien. Mira a tu alrededor:
¿Para quién serías indispensable?
¿Quiénes te admitirían como amigo?
Cuando vuelvas, compra para tu cena
algún vino dulce con que brindar,
luego mira a través de la ventana y piensa serenamente
que en todo es tuya, sólo tuya es la culpa…
Y está bien. Agradezco. Gracias a Dios.

 

Estaba negro el firmamento

Estaba negro el firmamento, tan negro,
que no oscurecía más.
Tan negro, como las tinieblas de la medianoche.
Tan negro, como la aguja en su interior,
como los árboles altos de enfrente,
como el lugar en el pecho, entre las costillas,
como el pozo debajo de la tierra, donde está el grano.
Yo creo que nuestro interior es negro.

 

Por las huellas

Por las huellas que deja el taco, es el invierno.
Helándose en el campo, como objetos de madera,
las casas se reconocen entre ellas por los transeúntes.
Qué puedo decir del futuro, si solamente
los recuerdos en la quietud de la noche
-que hablan del calor de tu cuerpo cuando duermes-
mi cuerpo proyecta sobre el alma, como una sombra
sobre la pared, igual que una vela que al anochecer
proyecta la sombra de una silla. Y debajo del cielo,
tendido como un mantel hacia el bosque, está el aire
teñido por el ala del grajo, encima de la torre del silo,
que jamás blanqueará con esta nieve punzante.

 

Y con la palabra futuro

Y con la palabra futuro saltan ratones
desde el idioma ruso, y con toda su banda
roen el exquisito bocado de la memoria,
como si fuera el queso agujereado.
Después de tantos inviernos me es indiferente
qué o quién se encuentre parado en el rincón,
detrás del postigo de la ventana…
Y en el cerebro la nota "do" celestial no sonará,
sino solamente el crujido. La vida a la que,
como al caballo regalado, no se le miran los dientes,
nos enseña los dientes en cada encuentro.
Del hombre entero sólo se quedará la parte
de la oración. Del habla, en general, la parte del idioma.

En nuestra época, los cambios drásticos ocurridos en las ciencias físicas, que terminaron con las ideas deterministas, han demostrado que todo lo que existe en el mundo -y especialmente en el arte- debe ser replanteado bajo la influencia de un factor importante como es el tiempo. Lo que somos ahora y lo que seremos mañana no nos permite tener ninguna certeza y nos obliga a recrear constantemente lugares donde habitamos, sentimientos y emociones que nos embargan, hasta nuestro propio cuerpo, que sigue por el camino ineludible de la entropía junto con todo lo existente. Como dice el científico ruso-belga Ilya Prigogine en "El fin de las certidumbres": "Nosotros no engendramos las flecha del tiempo. Por el contrario, somos sus vástagos". En la poesía de Bela Ajmadúlina, una de las más talentosas poetas rusas de fines del siglo XX, encontramos muy temprano aquella "gran duda existencial" que tiene las paradójicas propiedades de ser, al mismo tiempo, amenazante y enriquecedora. Cultora de la severidad poética, eso no le impide llenar de lirismo cada estrofa y su encanto particular reside precisamente en la combinación difícil de rigor y emoción. En esta "Idea Vilariño" rusa, se reúnen la incertidumbre y el vigor expresivo, una síntesis ideal de lo femenino y lo masculino en la poesía.
Este es uno de los poemas de Bela escrito en la década de 1980:

La traición

Me traicionan. Me traicionaron. Y después
me olvidan. Yo misma soy culpable.
Y tengo que admitir con mi razón rendida
que me estoy volviendo loca, volviendo loca.
Y si están vendiendo las naranjas
y huele a naranjas todo el cesto,
entonces me parece que a mí me venden,
a mí me venden, no a las naranjas.
Cuando los padres echan al olvido
a sus propios hijos para distraerse,
pues me parece que a mí me traicionan,
a mí me traicionan no a sus hijos.
Y cuando a ninguna cosa le dan valor,
engañan, mienten, andan con los chismes,
pues me parece que a mí me traicionan,
me venden y me traicionan.

El poeta Alexandr Kushner, perteneciente al "Grupo de Poetas de San Petersburgo", del que Osip Brodski fue máximo exponente, presenta en sus poemas una gran concentración de ideas, plasmadas en palabras severas y libres al extremo, aparentemente limpias de la emoción individual, porque la experiencia personal se eleva en Kushner hacia la memoria universal.
Incluyo aquí un poema de Alexandr Kushner dedicado a su amigo Brodski:

Volvimos a vernos. Y hablamos temerosos.
Los quince años de marea, la blanca escarcha que sube
desde el océano y nos separa con sus jirones espumosos.
Es mejor dialogar en verso, no como hacemos en la vida.
¿Estás decepcionado? -No, un poco. ¿Y tú? -No demasiado. Quince años viví cabeza abajo, me refiero a tu hemisferio.
El prolijo Washington con su mentalidad soberbia y seca
a través de la ventana nos dedica su mirada.
¿No será un sueño? Pellízcame. Pero ahí veo una capilla
en falso gótico, a través de la ventana parece un centinela.
Pero, ¿por qué Washington? Tengo ojos secos y con brillo. Sería mejor conversar no aquí, sino en el cielo…

Osip Brodski habla así de su época: "Somos la generación que dudaba de todo, pero cuya mayor preocupación era memorizar a Osip Mandelstam y volver a ver al renacentista Ghiotto… Ellos fueron para nosotros mayores certezas que el pan de todos los días y los abrazos de todas las noches". A la generación más joven pertenecen los poetas Victor Sosnora, Oleg Grigoriev, Timur Kibirov, Dimitri Prigov, Evgueni Blazhevski y Efim Bershin. Victor Sosnora, la encarnación de los contrastes inauditos del mundo y el eterno adversario de la realidad "demasiado humana", pinta así su propio retrato: "Poseo los inútiles músculos del atleta/ junto con los áridos sentimientos del asceta". Oleg Grigoriev perteneció a la joven generación que siguió llamándose "Grupo de Poetas de San Petersburgo", que además de poetas nucleaba a otros artistas -pintores, grabadores, escritores- y que a su vez adoptó otro nombre grupal irónico y amargo: "Los Mitki", cuyo significado es algo así como los vulgares estúpidos. Se distinguían por su extrema marginalidad e intransigencia. Grigoriev fue un anticonceptualista consecuente, poseedor de doble personalidad: una, hecha de carne y sangre, sentía en su propio cuerpo el horror, la belleza y el accionar impredecible del tiempo; mientras la otra, la de afuera, su "otro yo", reía a carcajadas burlándose de su primer e infortunado "ego". Se suicidó en 1992. Timur Kibirov usa estrictas normas verbales pertenecientes a la época idiomática más ruin de Rusia, pero obtiene resultados sorprendentes, de una sutileza inesperada. Todo su estilo es una especie de permanente metáfora que, al exagerar la naturaleza de las cosas, se transforma en su opuesto. Es como el lenguaje del fabulista Esopo, pero al revés.
El siguiente poema de Timur Kibirov está dedicado a oro poeta: Dimitri Prigov.

He aquí la verdad, la belleza, el bien
con túnicas blancas y coronas de espinas…
He aquí a Dimitri Prigov (perdón por mi familiaridad,
su patronímico Alexandrovich no cabe
en la medida métrica del verso), ¡él grita,
él está vociferando, como si no pudiera verlos,
como si no fuera vuestro fiel servidor! Pero el hecho
es que él está sirviendo a la humanidad, ¡y de qué manera!

Dimitri Prigov es, al mismo tiempo, el autor y el personaje de su poesía y por eso crea una doble perspectiva estética para su lectura. Es un poeta conceptualista que revela, por medio del simulacro de un vulgar juego verbal y lógico, la permeabilidad de las fronteras entre el ser y la nada. En algunos casos, los críticos lo llaman "neoprimitivista".

Sale el cerrajero al jardín invernal…
Observa, pero al jardín ya le llegó la primavera.
Eso es lo que a él le sucede ahora:
fue un alumno pequeño, y ahora es cerrajero.
Y después aun más, luego vendrá la muerte,
y antes que eso, el tiempo de la vejez…
Y aun anteriormente, antes que todo eso,
antes él es y será cerrajero.

En otro poema, Dimitri Prigov toca un problema típicamente ruso:

Supongamos que soy un ordinario poeta,
pero sólo por culpa de mi destino ruso
me obligan a representar conciencia nacional…
¡Pero cómo hacerlo, si no tengo conciencia!
Habrá poesía, supongamos, pero falta la conciencia.
¿Qué es, entonces, lo que se puede hacer?

Al recibir el Premio Nobel, Brodski dijo en su ponencia: "Al poeta lo impulsan a crear, entre otras cosas, las razones inconscientemente miméticas: quizá la posición vertical del negro coágulo de las palabras en medio de una hoja en blanco… Eso parece que le hace recordar al hombre su propia situación en el mundo, las proporciones del espacio y del tiempo respecto de su cuerpo, de su propia vida". Pero, además, según las palabras de otro poeta ruso contemporáneo, Evgueni Blazhevski:

Cuando dejé de creer en los milagros,
cuando el pedestal se hubo liberado
al desaparecer las figuras endiosadas,
pude descubrir entonces el mayor secreto,
que la real belleza no estaba en el busto de Policleto,
sino justo en la soledad del pedestal violado.

A este poema le responde otro poeta ruso de la nueva generación, Efim Bershin:

¿Qué sabemos realmente, entonces,
de la vida de este pedestal vacío,
que se yergue como una blanca chimenea
en el parque otoñal, desierto y oscuro?
Sobre este fondo de la helada eterna
luce su presencia como la de un búcaro en venta,
y se ajusta, como una bota a la pierna,
al gélido paisaje deshojado…

Y el poema de Bershin termina así:

Está predestinado a tapar,
como un corcho, el insomne agujero
de la eternidad que amenaza devorarnos.

 

(Este texto publicado en esta página (inédito hasta el presente) fue leído por su autora en el Encuentro Internacional de Escritores "Las letras y el pensamiento 2000", organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires y realizado en el Teatro Argentino de La Plata).


Primero de enero 2016


Primero de enero 2016

 

Existen en la montaña árboles héroes, plantados sobre el vacío, medallas en el pecho de los despeñaderos. Subo cada verano a visitar uno de ellos. Antes de marcharme, monto a caballo en su brazo sobre el vacío. Los pies descalzos reciben el cosquilleo del aire abierto sobre centenares de metros. Lo abrazo y le doy las gracias por durar.

Erri De Luca
 

Aquel guardabosque no era amigo mío porque sí. Se regía por firmes principios. Sabía guardar un secreto. Entregué los huevos que llevaba como presente. Comimos juntos y pasamos varias horas en muda contemplación del paisaje.

Jean Giono
 

Los vencejos negros no solamente vuelven a los sitios donde nacieron. Regresan a su cueva y, dentro de su cueva, al nido donde se rompió su cascarón.

Pascal Quignard
 

Nosotros sabemos desde hace miles de años que la propia Tierra es una isla en el mar cósmico. Todos somos navegantes, no propietarios. Todos vamos en una canoa por el cielo.

De un Kahuna polinesio

 

Imagen: Asís, 2015, fragmento.


La isla escrita

Antología de poetas
cubanos

La isla escrita. 35 poetas cubanos (2000-2015)
 

Prólogo y Selección: Norma Etcheverry
Editorial Universitaria de La Plata, 2015


“Este libro surgió de la entrañable experiencia en Cuba,
durante mayo de 2015". Norma Etcheverry.

 

Un poema:

Camino por Obispo
están tocando rumba.
Nada de lo que veo es verdadero,
las cosas están hechas con la sustancia del tiempo.

Camino a través de esta breve luz
           lo duradero y lo efímero
se compactan en las formas.
 

Marcelo Morales, La Habana, 1977.
 


Poesía de pensamiento

en El Diario
Paraná, AR

LETRAS. Antología argentina editada en España
 

Voces de la poética nacional que se proyectan al mundo

 

La poesía ha sido y es “maestra de la humanidad”, en términos de Hegel. En esta nota, el concordiense Marcelo Leites, uno de los poetas incluidos, comparte sus impresiones sobre un poemario que a través de la palabra, contribuye a hacer visible en otros continentes el trabajo de autores argentinos.

 

Si hubiéramos seguido creyendo con Mallarmé que la poesía no se escribe con ideas sino con palabras o con W.C. Williams que no debe haber ideas sino en las cosas, nunca hubiéramos escrito los poemas que integran Poesía de pensamiento – una antología de poesía argentina, recientemente publicada en Madrid, España, por Ediciones Endymion, en una edición muy cuidada, sobria, de tapas verde agua, con solapas e interior con papel color manteca de alta calidad. El hecho es sumamente auspicioso porque otorga visibilidad en el continente europeo, a la escritura de poetas que en contadas excepciones han tenido circulación fuera del ámbito de la República Argentina. Eso sumado al hecho de que hay poquísimos emprendimientos de este tipo. 
La antología cuenta con un exhaustivo y medular ensayo preliminar del poeta argentino Osvaldo Picardo que funciona como carta de presentación a la vez conceptual, de orientación estética y de las voces incluidas. Se trata de 19 poetas que representan gran parte del territorio nacional. Por Salta, Carlos J. Aldazábal; por La Plata, César Cantoni y Sandra Cornejo; por Neuquén, Ricardo Costa; por Tucumán, Javier Foguet, por CABA, Héctor Freire y Liliana Lukin; por Entre Ríos, Marcelo Leites; por Santa Fe, Roberto D. Malatesta y Lisandro González; por Chubut, Juan Carlos Moisés; por San Juan, Rogelio Ramos Signes; por Provincia de Buenos Aaires, Abel Robino y Mario Ortiz; por Mendoza, Eugenia Segura; y por Córdoba, María Teresa Andruetto, Bernardo Schiavetta, Carlos Schilling y Alejandro Schmidt; todos nacidos entre 1948 y 1979, o sea, un arco que va de los 35 a los 60 años y que han sido seleccionados a través de otros poetas, de una muestra consultada durante 2013 y 2014. 
Retomo en este punto la idea inicial y postulo que no hay poesía sin ideas. Sin reflexión. Sin pensamiento. Y esa es, no sólo la orientación estética de este libro, sino un modo de entender la creación poética que en la Argentina tiene en Alberto Girri, a uno de sus pioneros. No sólo por la propia poesía de Girri -austera, conceptual, compleja- sino por sus traducciones de poesía en lengua inglesa con la cual nos hemos formado muchos de nosotros. Hemos creído que en cada palabra hay una idea; que en cada palabra hay un concepto; que cada palabra es un objeto estético; que en una concatenación de imágenes hay una reflexión más o menos implícita. Hemos creído que un verso no sólo traduce una percepción intuitiva del poeta, sino que provoca una serie de resonancias que remiten a una polisemia de significados. 
Es decir, la poesía no sólo es una serie de emociones o sentimientos del sujeto lírico, sino también un pensamiento sobre esa experiencia o percepción. Pero un pensamiento que no toma la forma discursiva de un ensayo o de un tratado, sino un pensamiento que se da a través de todo el imaginario del poema. Para John Donne, el poeta místico inglés, un pensamiento era una experiencia: modificaba su sensibilidad (citado por Eliot). Pero, a diferencia de lo que pasa en la filosofía, se trata de un pensamiento sensible, no intelectual. El poeta percibe el mundo, a través de la inteligencia emocional; el pensamiento del filósofo está al servicio de una idea o de varias que terminan construyendo una teoría sobre la existencia; en la poesía, las ideas se convierten en imágenes, en sonidos, en lenguaje, que valen por sí mismos, sin la pretensión de alcanzar una verdad universal, sino más bien, con la intención de crear un objeto bello. 
AUTORES Y POÉTICA. Cada poeta que integra este volumen está introducido en la Antología, por una Poética escrita por ellos mismos, que cito a continuación (en apretada síntesis por razones de espacio). Así, Aldazábal habla del dolor existencial y del aura como dos de los principios rectores de sus poemas; Andruetto, apuesta al poema-relato y concibe la poesía como un camino de conocimiento y una conciencia que dialoga con el mundo; Cantoni sostiene que la reflexión en el poema no puede carecer de emoción. Cornejo por su parte, entiende la creación como espacio de libertad; Costa enfatiza la versatilidad de los materiales poéticos y la naturaleza como un universo en sí mismo; Foguet destaca la imagen encarnada y la modulación de las temáticas. Mientras, Freire propone pensar el sentimiento y sentir el pensamiento; González valora la búsqueda de la belleza por encima de la idea concreta y Leites privilegia la imagen y los objetos como vehículos de la reflexión y la música de la conversación. En tanto Lukin coloca su cuerpo como centro de la escritura, sumado a todos los saberes que lo informan. Un cuerpo de pensamiento siempre en resistencia. En su trabajo, Malatesta se pregunta por la cantidad de palabras que conforman a un hombre; afirma que los poetas dominan pocos temas que valen sólo para los que mejor han cantado; Moisés sostiene que no estamos hechos para ciertas palabras, que confía más en el sustantivo que en el adjetivo y que incluso prefiere el verbo antes que el adjetivo. Afirma que en la poesía las ideas no se conciben sino con palabras. Por su parte Ortiz dice que le interesa trabajar en una cierta fenomenología espontánea, en lo cotidiano como punto de partida de la mirada y la indagación; el poema que atraviesa las fronteras de los géneros; Schiavetta dice que medita sobre la fórmula rítmica vacía del poema y deja que los contenidos nazcan en esa matriz y después hace una selección rigurosa; y Signes habla de la motivación de la página en blanco que le permite escribir sin una idea previa, como un juego, sólo por la necesidad de escribir. En sus versos Robino escribe un poema donde destaca la imagen de una casa en llamas; Schilling aboga por la materia sonora, visual e intelectual de las palabras y de la combinación de esos elementos en el poema. Schmidt propone entre otras cosas: más intensidad que emoción. Más emoción que sentimiento. Olvidar lo escrito y leído. No pensar. No corregir. Y Segura postula la escritura como el hallazgo del ritmo de las palabras que le den otra consistencia al tiempo ajeno, el del lector. 
SENTIDOS. La poesía incluida en este volumen no es neobarroca, no es culterana ni de alta complejidad. Se trata de una poesía que está a medio camino entre la lengua coloquial y la lengua culta. Es una poesía que apuesta al sentido, a darle un sentido al mundo, aunque luego la respuesta sea la incertidumbre. Y el estilo que por cierto no es el hombre sino la suma de sus incertidumbres (Lihn). Creo que la mayoría de los poemas incluidos en este libro presentan ese lenguaje cargado al grado máximo de significado que exigía Pound para la poesía. 
Celebro la aparición de esta antología. Celebro la diversidad de voces. Celebro la lectura desinteresada y rigurosa del poeta Osvaldo Picardo. Y celebro estar incluido junto a muchos de los poetas argentinos que admiro. Y ahora sólo resta esperar que este libro encuentre a sus lectores españoles y, desde luego, a sus lectores latinoamericanos. 

Nota publicada en: http://www.eldiario.com.ar/diario/cultura-y-espectaculos/148160-voces-de-la-poetica-nacional-que-se-proyectan-al-mundo.htm


Poesía reunida

Philip Larkin
por Antonio Colinas

Cuando un poeta valioso nos entrega la originalidad y la fuerza de sus versos, las teorías en torno a los mismos y los criterios estéticos o generacionales quedan postergados. Aun así, esto no es posible en el caso del poeta británico Philip Larkin (1922-1985). Su claro y amargo afán rupturista frente a otras obras grandes en lengua inglesa, como las de Yeats, Pound o Eliot, ha llevado a agruparlo en el que reconocemos como The movement (El movimiento) y a poner su nombre junto al de otros poetas como Enright o Gunn, pero sobre todo al de Kingsley Amis, el padre de Martin Amis. Aun así, los primeros poemas de Larkin no fueron ajenos a la vigorosa influencia de un autor como Yeats, a una poesía fluida, plástica, en la que tiembla la naturaleza como realidad suprema. 

Pero siempre la vida, el mundo interior, se acabó imponiendo en la obra de este raro y excéntrico autor, mordaz y rebelde, solterón y reacio a los vínculos sociales; le llevaron por otros caminos que no sólo le permitieron dar con su propia voz sino proporcionarle -en libros como Las bodas de Pentecostés(1960) o Ventanas altas (1974)- las mieles del éxito editorial. En realidad, esta maduración en dos magníficos libros había sido el resultado de ese viaje que el poeta hace desde sus años de estudiante en Oxford y las exquisiteces de sus círculos intelectuales a la soledad de ser bibliotecario en lugares apartados(Belfast, Hull, donde se detuvo hasta su muerte), y dio por satisfecha su vida, que estuvo sometida a requisitos que dejó claramente expresados: “Me da igual dónde viva: siempre y cuando pueda satisfacer unas pocas y simples necesidades -paz, silencio, no pasar frío- me da igual donde esté”. También nos dejó señales de índole ética y estética, que señalaban ese camino suyo tan alejado del de sus primeros maestros: revalorización de la cotidianidad gracias al descubrimiento de la lectura de un autor como Thomas Hardy, sus reservas hacia aspectos de la modernidad o hacia un sentido trascendente de la existencia; aunque a la vez sus poemas teñidos de realismo estarán casi siempre traspasados por un fino sentido metafísico. Debemos señalar la mordacidad y el sentido caricaturesco de algunos de sus poemas (“Posteridad”, por ejemplo) en el que ironiza sobre los aspectos eruditos de la literatura, el teorizar en torno a la misma. 

Nota completa enhttp://www.elcultural.com/revista/letras/Poesia-reunida/34803


 


Precisa y lírica Oyeyemi

en El País-España
Cultura

Helen Oyeyemi (Nigeria, 1984). Incluida en 2013 en la lista Granta de mejores novelistas británicos jóvenes, esta escritora se destaca por su poder de invención y su lenguaje preciso y lírico. Su universo es el de los cuentos de hadas, pero con un trasfondo cristiano —Oyeyemi ha declarado que es “profundamente creyente”—, a la vez subvertido por su implacable reconocimiento de la crueldad en las relaciones humanas. Sus puntos de partida son las leyendas griegas, la historia de Barba Azul, los relatos folclóricos cubanos, los cuentos de Grimm, todas narraciones míticas que Oyeyemi transforma en novelas de invención fantástica y psicológicamente justas. Entre sus varios libros se destacan La niña Ícaro, que escribió cuando aún estaba en el colegio, y Boy, Snow, Bird. Quizás la más lograda sea El señor Fox, escrita —ha dicho Oyeyemi— bajo la doble influencia de Edgar Allan Poe y Henry James.

Nota completa sobre autores británicos contemporáneos en: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/19/babelia/1447936511_552625.html


Martin Luther King

fragmentos

La cobardía hace la pregunta: ¿es seguro?
La conveniencia hace la pregunta: ¿es político?
La vanidad hace la pregunta: ¿es popular?
Pero la conciencia hace la pregunta: ¿es correcto?
Y llega un momento en que uno debe tomar una posición que no es ni segura, ni política, ni popular.
Pero uno debe tomarla porque es la correcta.
___

Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos.
___

Hoy yo tengo un sueño!
Yo tengo un sueño que algún día cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos, y la gloria de Dios será revelada y todo género humano se verá junto. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al Sur. Con esta fe podremos labrar de la montaña de la desesperación, una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, pararnos juntos por la libertad, sabiendo que algún día seremos libres, y este es el día. Este será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos sentidos "Mi País es tuyo, dulce tierra de libertad a tí yo canto. Tierra donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de la montaña, dejemos resonar la libertad".  (Fragmento del discurso “Tengo un sueño” pronunciado en Washington el 28 Agosto 1963).
___

Cualquiera que sea nuestro trabajo en la vida, hagámoslo bien. Tanto, que ningún otro hombre (vivo, muerto o aún no nacido) pueda hacerlo mejor. Si nuestro oficio es barrer las calles, barrámoslas como pintaba Miguel Ángel, como escribía Shakespeare, como componía Beethoven. Barramos tan bien, que todas las huestes del Cielo y de la Tierra tengan que detenerse a admirar nuestra obra y exclamen: ¡Aquí vivió un gran barrendero que cumplió bien su trabajo!

_____

Martin Luther King, 1929-1968. Religioso estadounidense, premio Nobel de la Paz, uno de los principales líderes del movimiento para la defensa de los derechos fundamentales e importante valedor de la resistencia no violenta.
 


Libertad

Paul Eluard
noviembre-2015


Libertad

 

Sobre mis cuadernos de escolar
Sobre mi pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre
Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra sangre papel o ceniza
Escribo tu nombre
Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los guerreros
Sobre la corona de los reyes
Escribo tu nombre
Sobre la jungla y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre la infancia de las voces
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre
Sobre la maravilla de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las estaciones desposadas
Escribo tu nombre
Sobre todos mis retazos de azar
Sobre el estanque sol mohoso
Sobre el lago luna viviente
Escribo tu nombre
Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre
Sobre cada aliento de la aurora
Sobre la mar sobre los barcos
Sobre la montaña enloquecida
Escribo tu nombre
Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia espesa insípida
Escribo tu nombre
Sobre las formas centelleantes
Sobre las campanas de colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre
Sobre los senderos despiertos
Sobre las rutas desplegadas
Sobre las las plazas desbordadas
Escribo tu nombre
Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre
Sobre el fruto cortado en dos
Del espejo y de mi cuarto
Sobre mi lecho concha vacía
Escribo tu nombre
Sobre mi perro goloso y tierno
Sobre sus orejas erguidas
Sobre su pata desmañada
Escribo tu nombre
Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre la onda del fuego bendito
Escribo tu nombre
Sobre el vitral de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Muy por encima del silencio
Escribo tu nombre
Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros desplomados
Sobre los muros de mi hastío
Escribo tu nombre
Sobre la ausencia sin deseos
Sobre mi soledad desnuda
Sobre el escalón de la muerte
Escribo tu nombre
Sobre la salud recobrada
Sobre el peligro que se aleja
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre
Y por el poder de una palabra
Vuelvo a recomenzar mi vida
Yo nací para conocerte
Para invocarte
Libertad

Paul Eluard
Poemas (1917-1952)
Traducción de Rafael Alberti y María Teresa León

 


Milagros




“Creo en los milagros”
           Coldplay
           Miracles/Unbroken/

  

Feria de milagros
(Wislawa Szymborska)

 

Milagro común
es que suceden muchos milagros comunes.

Milagro corriente:
en el silencio de la noche, ladridos
de perros invisibles.

Milagro, uno de los muchos:
una nube ligera y pequeña
es capaz de ocultar una luna grande y pesada.

Varios milagros en uno:
un árbol se refleja en el agua,
su parte izquierda en su parte derecha,
crece allí con la copa hacia abajo,
no puede alcanzar el fondo,
aunque el agua sea poco profunda.

Milagro a la orden del día:
vientos bastante débiles y moderados
fuertes, durante las  tormentas.

Milagro, uno cualquiera:
las vacas son vacas.

Otro tan bueno como ése:
éste y no otro huerto
de éste y no otro hueso.

Milagro sin frac ni sombrero de copa:
palomas blancas revoloteando.

Milagro, porque cómo llamarlo si no:
el sol salió hoy a las tres horas catorce minutos
y se pondrá esta noche a las veinte horas y un minuto.

Milagro que no sorprende tanto como debería:
los dedos de la mano son en efecto menos de seis,
pero más de cuatro.

Milagro con sólo mirar alrededor:
el mundo omnipresente.

Milagro adicional, como adicional es todo:
lo impensable
es pensable.

 

Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2011). Premio Nobel de Literatura 1996.
Este poema pertenece al libro Poesía no completa (Fondo de Cultura Económica, 2011).
Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia.

 


Poesía de Pensamiento

Madrid - España
2015

Poesía de Pensamiento

Poetas platenses en una antología de poesía argentina editada en España


La editorial madrileña Endymion acaba de publicar “Poesía de pensamiento. Una antología de poesía argentina”.
Nota en el diario El día de La Plata, 25-octubre-2015
Todo en:
http://www.eldia.com/septimo-dia/poetas-platenses-en-una-antologia-de-poesia-argentina-editada-en-espana-91975












 


El Nobel no da la felicidad...

por Juan Cruz
El País-España

El Nobel no da la felicidad...
Lo que gusta del premio es su pasión por la lentitud de los éxitos

 

por Juan Cruz 
(http://elpais.com/elpais/2015/10/08/opinion/1444325478_589012.html)

Hay muchos que preguntan, a los editores, a los periodistas, a los académicos suecos y a quien se ponga por delante en días como el de ayer, si el Nobel, este galardón tan codiciado, conlleva ventas superlativas.

Pues según. Por decirlo corto, los que ya son superventas venderán más y los que tienen prestigio, pero venden poco, seguirán teniendo prestigio (más aún) y venderán tan solo un poco más. Cuando en 1986 se lo dieron al nigeriano Wole Soyinka, los editores españoles de entonces (Alfaguara) contaban que fueron 64 los ejemplares de más que el recién premiado apuntó en la cuenta de sus derechos. Ahora ha ganado el Nobel una escritora bielorrusa de la que las apuestas sabían más que muchos lectores de todo el mundo, no por la consideración que merece la literatura que hace, sino porque las cosas son así: la gente conoce a muchos que nunca tendrán el Nobel, y que figuran como escritores extraordinarios en sus tiempos y en sus países; esos escritores aspiran legítimamente al Nobel, pero solo lo tienen unos cuantos, y no siempre los más conocidos o exitosos.

Esta es una de las virtudes del Nobel. El premio, el mayor acontecimiento mediático de la literatura universal, ha dado a conocer a poetas raros, a escritores que luego circularon poco, pero circularon, buscándose un hueco entre obras que habían recibido el favor del público pero que nunca llegarían a perturbar los ojos de los reputados académicos.

En cierto modo, pues, el Nobel ha sido un revulsivo que puso de manifiesto, por ejemplo, a Herta Müller, la alemana de Rumania, o al húngaro Imre Kertész, a la polaca Szymborska o el muy reservado irlandés Samuel Beckett. Todos ellos eran escritores que trataron de ahondar en un interior que no precisaba del enorme eco público que luego obtuvieron. A ellos les daba igual el eco: lo que les interesaba era contar al mundo qué sucedió en su memoria, o en su alma rota, y eso hicieron. El premio no los iba a llevar al paraíso, porque ellos ya sabían que no existía el paraíso. Del infierno, precisamente, procedía su inspiración.

Esa es la virtud del Nobel. Es como una gran burla universal. Estamos esperando (los periodistas, las casas de apuestas) los nombres que ya nos sabemos, los best sellers que ya están en todas las estanterías, cuyos administradores tiemblen de gozo ante la posibilidad de que sea uno de los suyos el agraciado. Y lo que para la Academia es una historia como la de Svetlana Alexiévich o unos versos como los de esa polaca que sigue ganando batallas después del Nobel y de la vida. Lo que gusta del Nobel es su pasión por la lentitud de los éxitos; y eso es lo que le espera, quizá, fuera de su propio mercado, a la ganadora de ayer. Que, seguramente, es lo mejor del Nobel: que el Nobel sea un premio a veces casi secreto que, además, leerán en secreto los que no necesitan el Nobel para ponerse a leer a aquellos que merecen reconocimiento.

 

Imagen: Svetlana Alexievich. / VASILY FEDOSENKO (REUTERS)


Poesía de pensamiento

Madrid - España
2015

Poesía de pensamiento
Una antología de poesía argentina

(Ediciones Endymion, Madrid, España, 2015).
Selección y prólogo: Osvaldo Picardo


El propósito de los editores para esta selección de poetas, no es otro
que el de encender una región, bajo la sombra, en el actual panorama
poético argentino. Como se sabe, esta es siempre una tarea arbitraria
y sesgada por factores extraliterarios. Sin caer en una guía ni en una
suma de nombres, hemos dado en reunir en un volumen algunos de
los poetas cuyas escrituras fueron atraídas por el pensamiento y la
poesía. La edición que hoy presentamos no pretende rescatar ni
convencer con las cualidades de una poética de grupo. Es nuestro
deseo acercar al lector un conjunto de voces que revelan una
conciencia incómoda ante el mundo y las circunstancias de su
época, pero que responden a diferentes experiencias estéticas e ideas
de la vida y la cultura.

Proponemos de este modo la lectura de autores que, nacidos entre
1948 y 1979, han ido publicando y elaborando una obra poética en
la que es posible veri¬ficar esa relación con las proteicas formas que la
poesía puede ofrecer cuando se acerca a un máximo de conciencia.
Son hombres y mujeres que actualmente desarrollan su práctica
literaria en Buenos Aires y en mayor medida en otras ciudades de las
provincias. Sus tonos, sus miradas, sus identidades componen el
rompecabezas siempre incompleto de la historia de un país.

Ediciones Endymion, Madrid, España, 2015


Autores: Carlos J. Aldazábal (Salta); María Teresa Andruetto (Córdoba); César Cantoni (La Plata); Sandra Cornejo (La Plata); Ricardo Costa (Neuquén); Javier Foguet (Tucumán), Héctor Freire (CABA); Lisandro González (Rosario); Marcelo Leites (Concordia); Liliana Lukin (CABA); Roberto D. Malatesta (Santa Fe); Juan Carlos Moisés (Chubut); Mario Ortiz (Bahía Blanca); Rogelio Ramos Signes (San Juan); Abel Robino (Pergamino); Bernardo Schiavetta (Córdoba); Carlos Schilling (Sunchales); Alejandro Schmidt (Villa María); Eugenia Segura (Mendoza)

 


Cendra

ciclo de Lectura

 

Cendra
ciclo de Lectura




 

Claudia Masin / Sandra Cornejo / Julia Magistratti
Paula Jiménez España / Ana Lafferranderie

 

Las Ranas, Diag.78 entre Plaza Rocha y calle 8
La Plata, Argentina
Martes 29/9
21 hs


Coordina el ciclo: Diego Roel


Mihály Váci

Un poeta húngaro
(1924- 1970)

 

Desde entonces


El 8 de mayo de 1945 terminó la segunda guerra mundial.
Se inició una nueva era.
Se proclamó la época de la paz mundial.

Y de inmediato se pusieron a:
acorralar en campamentos de prisiones a millones de soldados rasos,
tener bajo custodia a cientos de miles en distintos campos del mundo,
encarcelar a decenas de miles en el globo de la paz,
condenar a espías y contraespías, a traidores y confidentes
en procesos de resplandor histórico;
perfeccionar el descubrimiento más azaroso de la ciencia,
elaborar el sistema seguro del golpe y
del contragolpe totales, lograron insuperables resultados
en el humanitario uso de las armas químicas,
del napalm, de los medios para paralizar, defoliar, esterilizar
el suelo, se produjeron dos veces más bombas, y las lanzaron sobre pueblos pasmados de terror, que en la segunda
guerra mundial en Europa, desde entonces murieron casi tantos
amarillos, negros y blancos
por el furor del odio racial y de clase
como en las cámaras de gas de la segunda guerra mundial,
ejecutaron por lo menos tres veces más revolucionarios
que los que murieron por la revolución española,
mataron a cientos de miles en inescudriñables guerras locales,
desde entonces pesa en el alma de la humanidad por el legalizado
exterminio del pueblo vietnamita de alma de crisantemo un crimen
mayor que el de las fosas comunes de Ucrania, desde entonces más cinismo,
más sadismo, más odios y prejuicios nacionales acometieron la Tierra
que lo encarnado por el aparato de Hitler; el dinero,
el afán de conquista, el poder en manos perversas
ha cometido más crímenes en el tercer mundo
que los cuatrocientos años de colonización aún no pagados en la misma moneda,
los blindados atravesaron ensangrentando las revoluciones de pequeños países intrépidos,
araron y sembraron sal en el alma prometedora de cosecha
de Lumumba, en el campo de batalla del Segesvár de nuestro siglo
apuñalaron a Che Guevara,
con armas made in USA abatieron a dos hijos de América que quisieron
entrar no ya a la luna, sino a una América más cuerda,
mataron a King, cuando abrió la ventana de la miseria sofocante de los negros, entre los indios de América del Sur
lograron más exterminio del que durante el mismo tiempo Cortés y el porquero Pizarro.

La pequeña Italia regordeta chupetea entre sus dedos
los ruiseñores de Europa, engulle nuestras codornices,
el hombre hartado traga la carne exquisita de cientos de animales en vías de extinción, nuestras prostitutas emancipadas
cubren su cuerpo semidesnudo con plumas de pájaros que se van extinguiendo,
calzan botas de piel de foca sus piernas abiertas hasta el cielo, los señores con automóvil exterminan las divinas bandadas
de palomas en las ciudades históricas porque ellas ensucian las carrocerías,
derraman hormigón en los jardines respiratorios de las ciudades
para convertirlos en estacionamientos.
Desde entonces contaminaron las aguas dulces de la Tierra, con materiales radiactivos
intoxicaron los mares del mundo, apestaron
el aire, en campos minados convirtieron
las carreteras, en cuartel la luna, en arsenal la estratosfera,
trasplantaron nuevos corazones y nuevos miedos en nosotros,
acobardan nuestras modestas pretensiones
la rentabilidad, la racionalización, la histeria de la productividad, en los pensamientos
de nuestros espíritus mejores desaparece la preocupación
por planear la salud humana, la desaloja
la euforia de la conquista del cosmos. Progresa el mundo material
y se detiene en seco el hombre, más cómoda es la vida
y bastante más triste. Sabemos mucho más de la existencia
de lo que se la puede soportar, hemos descubierto
todo lo que concierne a la materia y pierde su seguridad
el espíritu humano. Regulamos la naturaleza
y nos devora nuestra misma naturaleza irregulable,
entre tantos artículos perfectos
el hombre va perdiendo cada vez más su perfección.

Y desde entonces siempre volvemos a ponernos, conspiradores por el bien,
a refutar esta historia
y presentar algo en defensa del género humano.

 

Versión de David Chericán en Antología de Poesía Húngara, 1981

Imagen: Manifestación en la estación de Budapest-Keleti, septiembre 2015
En: http://ekamagyar.blogspot.com.ar/


En "El Desaguadero"

Mendoza
Argentina


En { EL DESAGUADERO }
Una revista de poesía escrita por poetas


Directores de la publicación: Hernán Schillagi y Fernando G. Toledo
Mendoza, Argentina

La historia de un poema de Sandra Cornejo
en:
http://eldesaguaderorevista.blogspot.com.ar/

 


Horacio Preler: el poeta de la mesura

1929-2015

Por Sandra Cornejo
para: http://www.eldia.com/septimo-dia/horacio-preler-el-poeta-de-la-mesura-76966

 

“Me he preguntado muchas veces si el poeta tiene un rol que cumplir en la sociedad y respondí que sí. De toda obra verdadera se desprende, quizá imperceptiblemente, el clima de la época, porque no se pueden ignorar las vicisitudes de una sociedad vulnerable”; entre otras cosas, esto decía Horacio Preler en su discurso de agradecimiento ante el Premio de la Academia Argentina de Letras 2001-2003 por su libro “Silencio de Hierba”.

Preler murió el 6 de agosto en la ciudad de La Plata. Fue abogado, pero especialmente poeta. Fue autor, entre otros libros de “Institución de la tristeza” (1966), “Lo abstracto y lo concreto” (1973),  “Lo real, nuestra casa” (1991), “Oscura memoria” (1992), “Zona de entendimiento” (1999), “Silencio de Hierba” (2001), “Casa vacía” (2003), “Aquello que uno ama” (2006) y “La vida se interroga” (2012). Recibió el Premio Consagración de la provincia de Buenos Aires y el Premio Academia Argentina de Letras correspondiente al trienio 2001-2003. Pero en lo cotidiano, fue uno de nuestros maestros y estuvo cada vez que lo necesitamos. Nos acompañó de la mejor manera, dialogando; era mesurado y cálido, jovial, a pesar de sus largos años. Decía, por ejemplo: “Escribo en el espacio de tranquilidad que la noche procura. Cuando hablo de la pobreza no hablo de una pobreza abstracta, yo he sido pobre. Cuando hablaba de la injusticia tampoco era abstracto, yo sabía lo que era sufrir la injusticia”. Su cualidad primordial fue la transparencia: lo que veíamos: su poesía, ni más ni menos.
“Ocurre que un día sin saberlo nos encontramos escribiendo poemas. Con el paso del tiempo y la vida, continúa la necesidad interior de insistir en esa tarea. En 1966, cuando publiqué mi primer libro de poesía en una oculta imprenta de La Plata, me vinculé con otros escritores e ingresé en ese inefable mundo de la literatura”, contó alguna vez. Nos deja un trazo, una lírica despojada, pero esencialmente, nos deja una ética de la escritura.

Recuerdo siempre aquel poema de Antonio Machado que decía “nunca perseguí la Gloria”. Más que en muchos casos, ese verso, indudablemente, lo representa.
 


Agosto


 

Agosto. He vaciado mi casa bajo el fuego de la luz: de libros, de cuadros, de muebles, de todo lo que más quise. He vaciado la vida de los míos y mi propia vida. Para purificarnos, para purificarme. Para empezar otra vez. Siempre a lo más difícil: que es lo que salva. Ya sólo queda en la casa la blancura maravillosa de las paredes que encontré el primer día que llegué a ella, su resplandor. Sólo queda lo blanco para seguir sembrando y aprendiendo en su lección. Es como si al final me sintiera arder en una hoguera blanca. He tenido que irme una vez más. Prometo volver solamente a lo blanco, a su luz, que es el origen de la casa y de mí.

 

Antonio Colinas en:
Tres tratados de armonía (contiene “Tratado de armonía”, “Nuevo tratado de armonía”  y “Tercer tratado de armonía”), Barcelona, Tusquets Editores, 2010

Más sobre Antonio Colinas: http://antoniocolinas.com


Dos poetas mendocinos


 

Los emisarios



He atravesado la medialuz violeta
Por la que huyen las noches de febrero
He dejado sobre una mesa la carta desconocida
Que entró por la ventana abierta
Montada al mismo tiempo que endurece
Las estatuas recién nacidas
He leído el papel
Las palabras letra a letra
Me he preguntado quién
/En esta espera errónea/
Escribirá para otros
Las cosas que yo necesito.

Fernando G. Toledo

 



Cuando alguien desaparece


 

Cuando alguien desaparece,
Es que ha querido ir a alguna parte
y volverá cuando sienta el hambre y el cansancio.
Cuando el hambre y el cansancio
No son un verdadero problema,
El asunto es grave.


Facundo López

 

Imagen: Fernando G. Toledo en:http://fernandogtoledo.blogspot.com.ar/


Horacio Castillo

Ensenada 1934
La Plata- 5 de julio 2010

Visita al maestro
(poema de su libro Alaska)

 

Llueve sobre colinas y jardines.
Allí, junto a la  ventana, está el fuego.
Hablar o callar ¿qué es lo mejor?
Preguntar o responder ¿qué es lo peor?
Llueve sobre colinas y jardines
el agua salmodia en la penumbra.
¿También el callar es un hablar?
¿También el hablar es un callar?
Llueve sobre colinas y jardines.
Un caballo negro viene como volando.
¿La respuesta es entonces la pregunta?
¿La pregunta es entonces la respuesta?
Llueve sobre colinas y jardines.
El silencio del cuarto es el silencio del mundo.

 

La voz de lo absoluto

 

¿De cuántas maneras debería preguntarse aquello que sólo se vislumbra en el silencio? ¿Cuál es la construcción posible que nos hace menos ajenos a la incertidumbre que habita en los otros y en nosotros mismos? Exiliado en esa especie de “pregunta preñada de preguntas”1, el  corazón del poeta se entenebrece, duda, y en el centro de una mudez que poco entiende de resplandecientes soles, interroga al enigma ensordecedor del Universo.

Como un peregrino, como un buscador “en medio del camino de la vida”2 percibe indicios en lo perdurable de la naturaleza, ahí, en esa primaria seguridad es donde se sostiene cierta certeza, aún cuando esa certeza viene a galope de negros caballos alados.

El misterio, privilegio de lo sobrehumano, abunda en el silencio. El fuego, cálidamente instalado en un adentro, no deviene ni palabra ni instante creativo: llueve sobre colinas y jardines abandonados a la desnudez de un mundo enmudecido. La palabra no es dada. En el cuarto el silencio. Silencio  que retumba en la soledad del Ser. Ser,  que en su anhelo de comprensión pareciera no recordar que “todas las divinidades residen en el corazón humano”3.

Quizá debería inferirse también, elípticamente, que el maestro, en este juego de imágenes espejadas, en este correlato de realidades reflejándose unas en otras, “agotado todo lo que la palabra puede expresar”4, haga del silencio el lenguaje esencial y de cuanto calla, la voz más tersa de lo absoluto.

1 Edmond Jabés
2 Dante Alighieri
3 William Blake
4 Sung Chih-Wen

Nota:
Texto escrito por Sandra Cornejo para el cuaderno dedicado a Horacio Castillo, en: http://www.abacq.org/cuaderno/index.php?Horacio-castillo-mitografias

Foto de Horacio Castillo por Constanza Agesta


III VaPoesía Argentina Cierre Bs As

Dos poetas

 


En busca de Evita

                                        (En Recoleta)


Algunos le dicen mansión inútil en la tierra.
Un gato
sentado en un rincón del sepulcro
dormita cantando los pasos de los visitantes.
Ayer que bastaba tener una nube como manta
fue un día cálido.
Se reúnen la jóvenes Evas
en búsqueda de Evita.
Pero , ¡ay!
la Eva que debería escuchar las oraciones de las Evas
hace rato que se ha ido.

Jo Mi-Hee, Corea



Mar de los Sargazos
 

Te perderás frente a la puerta
                                                           de la noche
Para decir: yo soy el último cubano
¿Y los otros?
preguntará el murmullo de las alas de los ángeles.
No sé, dirás, vino la nada y arrambló con ellos,
dormía cuando pasó
por eso no estoy muy seguro,
luego la isla se hundió en el mar
y desconozco si vivo o muero,
no estoy aquí para quedarme
comparecí a aclarar mis ideas.
Si vives o mueres no lo sabe nadie,
respondieron los ángeles con el susurro de sus alas
y el cubano se tornó humo en la memoria
                                                             de Dios
y con él el último recuerdo de la isla.
Donde estaba Cuba
florece ahora un mar de sargazos.


Marcial Gala, Cuba

 


Dacia Maraini

por
Alejandro Patat

 

"La fidelidad a las propias ideas conlleva riesgos"



Diálogo con Dacia Maraini. La escritora italiana presentó en Buenos Aires un film sobre místicas y mujeres eruditas medievales. Aquí, habla de sus intereses literarios y de su amor con Alberto Moravia

Por Alejandro Patat  | Para LA NACION| ADN Cultura
(http://www.lanacion.com.ar/1798806-la-fidelidad-a-las-propias-ideas-conlleva-riesgos)

No es la primera vez que Dacia Maraini, escritora polifacética, incansable viajera e intelectual atenta a los cambios profundos que vive hoy Europa, visita la Argentina. Invitada por el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires, presentó en la Feria del Libro un documental, realizado con Maria Giustina Laurenzi, acerca de un grupo de mujeres que se transformaron en grandes estudiosas o místicas de la Escuela de Salerno, en el sur de Italia, en pleno medioevo mediterráneo. En las demás charlas que ofreció en nuestro país, prevaleció su reflexión en torno al rol de las mujeres en la sociedad, que es una de las claves esenciales de su poética y de su amplio compromiso en medios italianos e internacionales. A sus impecables 78 años conserva una luz radiante en sus ojos claros, una mirada intensa y una particular capacidad de escuchar a sus interlocutores.

-Hace muy poco se ha publicado en Italia su volumen Chiara d'Assisi. Elogio della disobbedienza.
Me pregunto si este nuevo libro responde a la multiplicación de indicios que en los últimos años han puesto a Francisco de Asís en el centro de la atención político-teológica, religiosa e incluso filosófica, y libros, como Altísima pobreza, de Giorgio Agamben, que considera el franciscanismo la única gran revolución europea.

-Las cosas a veces parecen organizadas arteramente y, en cambio, son sólo hechos que coinciden. Hace veinte años que me ocupo de las místicas. Ellas, injustamente olvidadas por la crítica literaria, siempre se abocaron al Evangelio contra el poder político de la Iglesia. Fueron, a su manera, revolucionarias generosas y apasionadas. Yo escribí primero, hace ya quince años, un texto sobre Sor Juana Inés de la Cruz y, años más tarde, uno sobre Catalina de Siena. Se trata entonces de intereses profundos de largo término.

-El subtítulo del libro (Elogio de la desobediencia), así como la trama dan a entender que Clara, para poder rehuir el futuro designado y seguir en cambio su propia vocación, necesitó oponerse férreamente a la tradición, a la voluntad de su familia, a los dictámenes de la sociedad. ¿Esa historia significa que un ser humano, para permanecer fiel a sí mismo, debe romper con lo impuesto? ¿Por qué todas estas vidas ejemplares implican siempre una guerra, un destino sacrificial?

-Sí, es cierto. La fidelidad a las propias ideas conlleva riesgos. Si las ideas son muy fuertes y decididas, como le sucedió a Clara, se está dispuesto a hacer un gran sacrificio. Si las ideas son débiles y poco convincentes, se pierden por el camino. La sociedad debe ser combatida toda vez que se vuelve corrupta, incapaz, mentirosa e hipócrita.

-Clara es otro de sus personajes femeninos memorables, desde María Estuardo, en los años setenta, hasta Mariana Ucría en los noventa. ¿Usted hace su trabajo sobre y con mujeres (feliz la colaboración con la actriz italiana Piera degli Esposti) desde la perspectiva de una intelectual engagée o es una exigencia artística, literaria la de dar voz a una mujer?

-Diría que las dos cosas. Por un lado, el sentimiento de indignación contra las injusticias que han sufrido y sufren las mujeres; por el otro, el placer de la invención.

-¿Por qué quiso presentar en Buenos Aires un documental sobre mujeres?

-Las mujeres han escrito siempre, pero sus escritos no han sido considerados dignos de atención y memoria, salvo unos pocos casos. Es suficiente con ver la suerte que corrieron los bellísimos escritos de las místicas, desde 1200 en adelante, sepultados en los cajones de los conventos. No sólo censurados por la Iglesia, lo cual es comprensible porque se trataba de textos muy sensuales, sino, sobre todo, por laicos y estudiosos. Giustina Laurenzi me propuso hacer juntas un documental sobre las escritoras olvidadas, desatendidas o, simplemente, menospreciadas. Yo elegí algunas de la Escuela de Salerno, médicas, místicas, santas, que me parecen extraordinarias y dignas de estudio.

-Y desde el siglo pasado hasta hoy ¿cuáles son las escritoras dignas de atención?

-Hoy hay muchísimas escritoras de talento. Cito sólo algunas. En Italia, Melania Mazzucco y Margaret Mazzantini. En América Latina, Marcela Serrano e Isabel Allende. En cuanto al siglo XX, no sé decidirme entre Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Agatha Christie o Grazia Deledda.

-Usted también ha escrito sobre su padre, reconocido etnólogo, orientalista, alpinista y escritor italiano. Ha hecho una reconstrucción dramática de cuando él, rechazando su participación en el fascismo de la República de Saló, fue arrestado junto a toda su famila (usted y su hermana eran sólo unas niñas) y condenado a ir a una prisión, donde todos ustedes sufrieron enormes privaciones. ¿No le recrimina una decisión que la hizo sufrir tanto?

-Mi padre murió en 2004. Mi madre siempre insiste en que, en 1943, cuando cada uno de ellos fue llamado por separado a testimoniar frente a la policía, sin que se hubieran puesto de acuerdo, ambos decidieron no firmar a favor de la República de Saló. No fue una decisión de mi padre solamente, sino un gesto responsable de dos adultos que rechazaban el nazi-fascismo y el racismo. Yo los admiro por su coraje, porque nos dieron un gran ejemplo de idealismo, de coherencia y de honestidad intelectual.

-Ya que estamos en un clima de confesiones íntimas, ¿me quiere decir qué le quedó, transcurridos ya tantos años, de su vida en pareja con Alberto Moravia?

-Conservo recuerdos bellísimos de nuestros viajes, de las cosas que hacíamos juntos: leer por horas sentados en una terraza de Roma, pasear por las calles de la ciudad, ir al cine en salas desiertas a las tres de la tarde, conversar, reír, cocinar para los amigos en la casa que teníamos frente al mar...

-Como se dice en italiano, la suya es sin duda una vida vivida. Al final de su biografía personal, publicada en su página web oficial, aparece en caracteres sobreimpresos la frase "no me quedaría nunca quieta". Y, por sus viajes permanentes, no es difícil creerle. El crear, hacer, viajar, escribir sin descanso ¿es fruto de una elección personal, de un impulso neurótico, del deseo?

-En nuestro estar en el mundo, en la relación entre nuestro cuerpo con el espacio y con el tiempo, hay algo siempre misterioso. No sé decir por qué amo viajar. Creo que es un mal de familia. Mi abuela iba por el mundo con una mochila sobre los hombros, sola y aventurera. Mi padre, lo mismo. Yo heredé esa inquietud. Amo viajar, pero también amo volver a casa y gustar el silencio de mi estudio, la presencia de los libros, sabiendo que a la noche iré a lo de mi madre y hablaremos de muchas cosas..
 


La Sura de la sombra

Arto Melleri

 

La Sura de la sombra

El que no posee
una sombra en su interior
una Sombra a la que uno pueda retirarse
de la multitud humana
una Sombra, una penumbra, un manantial secreto
que murmure pacíficamente
un Manantial cuyas aguas curen
la fiebre del alma

se encuentra desamparado en el desierto,
cegado por el sol,
condenado a creer
en todo espejismo
y la arena del desierto cambia
constantemente de forma,
la ciudad, desaparecida del mapa,
seguirá igual de alejada

El que no posee 
una Sombra, una penumbra, un manantial secreto
un Manantial cuyas aguas curen
la fiebre del alma

Desgraciado aquel que no tiene una Sombra en su interior.

 


Arto Melleri. Finlandia (1956-2005) Nació en Lappajärvi, estudió en la Universidad de Helsinki y en La Escuela de Teatro de Finlandia. Muchos de sus poemas fueron vertidos al rock por importantes exponentes de este género, Melleri a su vez, los interpretó con ellos.   


La escritura terapéutica


  

La escritura terapéutica ayuda a elaborar vivencias traumáticas

Es lo que ha demostrado James Pennebaker, un referente en esta área de la psicología

 

El profesor de psicología de la Universidad de Texas James Pennebaker estudia el poder reconstructivo de la escritura. Exhibe con sencillez sus hallazgos, nacidos en múltiples y disímiles escenarios, como la Nueva York posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, una clínica oncológica o la crisis provocada en California por el terremoto de 1989.

"Desde 1979 venimos estudiado cómo las personas enfrentan situaciones traumáticas dolorosas a través de la escritura expresiva. Comenzamos pidiendo a un grupo de estudiantes universitarios que escribieran sobre sus vivencias personales más dolorosas, y descubrimos que aquellas que se habían mantenido en secreto tenían mayor potencial de enfermar. Entonces, invitamos a las personas a nuestro laboratorio a contarnos anónimamente estos secretos", comienza diciendo Pennebaker.

"Con el tiempo y la ayuda de decenas de investigaciones que, desde entonces, se realizaron en el mundo entero, hoy sabemos que la escritura expresiva provoca una serie de efectos en cascada sobre la salud física: estimula la protección inmunológica, relaja y mejora la calidad del sueño, ayuda a controlar la presión arterial, reduce el consumo de alcohol y fármacos. Además, reordena el pensamiento, promueve la conexión con los otros y disminuye las crisis depresivas. Parece mágico."

-¿Cómo se explica esa magia? ¿Basta con relatar un hecho traumático para que su poder destructivo ceda?

-Cuando nuestras primeras investigaciones alcanzaron estado público, yo funcionaba como un imán que atraía a personas que se me acercaban para contarme sus vivencias traumáticas. Los escuchaba suponiendo que eso los aliviaría, pero al año siguiente volvían a encontrarme, el relato no era muy distinto y su estado de salud tampoco había mejorado. Entonces, aprendí que contar la misma historia, una y otra vez, no es necesariamente terapéutico. Una de las condiciones de la escritura expresiva es que movilice las emociones involucradas, en un proceso de reconstrucción del hecho traumático.

-¿Qué sucede en el psiquismo para que la escritura se convierta en un proceso potencialmente terapéutico?

-Escribir cambia la forma en que la gente piensa y organiza su mundo interno; exige detenerse sobre la experiencia, reevaluar sus circunstancias, hasta que se alcanza una nueva representación en el cerebro. Es un proceso que implica reinscribir las emociones en un nuevo formato. Sus efectos, especialmente en el terreno de la salud, no siempre son permanentes: es como tomar un analgésico, con efecto en el corto plazo.

-¿Cuáles son las consignas por respetar para que la escritura sea eficaz en la elaboración de tragedias, personales o colectivas?

-Las experiencias traumáticas [como puede ser el reciente terremoto de Chile] atraviesan una fase inicial, que dura entre tres y cuatro semanas, durante la cual las personas piensan y hablan todo el tiempo sobre el hecho. En este período de emergencia que sigue al desastre, es como si autogestionaran un sistema terapéutico que no requiere la intervención de profesionales de la salud. Numerosas experiencias han demostrado que, durante esta fase, no es positivo aplicar la escritura terapéutica.

Personalmente estuve involucrado en dos estudios que fueron un gran fracaso. Uno de ellos fue con mujeres que estaban terminando su terapia de radiación contra un cáncer de mama. Como asistían diariamente al centro médico, les pedimos que escribieran sobre su experiencia. Sus escritos hacían un ejercicio de anticipación sobre una situación que no tenían ni idea de cómo se desarrollaría. De hecho, más de un tercio de estas mujeres al terminar el tratamiento estaban deprimidas, y la escritura no las había ayudado.

Es importante respetar este primer período antes de proponer este tipo de intervención, ya que sus efectos, si no, pueden ser negativos. Le sigue una fase durante la cual las personas ya no están tan dispuestas a compartir las historias de los otros y se mantienen concentradas en la propia. Y, finalmente, una tercera fase en la que sí son importantes y muchas veces necesarias las intervenciones como la escritura expresiva, que ayuda a elaborar y ordenar internamente la experiencia dolorosa.

Sin embargo, yo no propongo a la escritura expresiva para suplantar una psicoterapia; es una práctica complementaria [a menos que se realice en el marco de un abordaje clínico, tal como hace la licenciada Mónica Bruder, referente del doctor Pennebaker en el país, con su propuesta de cuento con final positivo]. En la Argentina está culturalmente aceptada, inclusive estimulada la consulta psicoterapéutica; en cambio, en los Estados Unidos no es así, por eso yo recomiendo a quienes atraviesan una situación dolorosa o crítica que se sienten a escribir quince minutos diarios, durante cuatro o cinco días. Si no se sienten mejor, entonces tendrán que pensar en otra alternativa.

La escritura expresiva tiene el potencial de ayudar a las personas a convertirse en terapeutas de ellas mismas. .

Tesy de Biase Para LA NACION
Nota en: http://www.lanacion.com.ar/1240352-la-escritura-terapeutica-ayuda-a-elaborar-vivencias-traumaticas

 

El doctor James Pennebaker, de la Universidad de Texas, durante su visita a Buenos Aires. Foto: Marcelo Gómez

 


¿Existe una literatura infantil?

por Michel Tournier

 

¿Existe una literatura infantil?
por Michel Tournier

 

 

Quisiera que se me permitiese relatar una experiencia personal en lo que respecta a los libros para
niños, porque la considero instructiva.

En 1967 publiqué mi primer libro, una novela titulada Viernes o los limbos del Pacífico (1).
Tratábase de una nueva versión del célebre Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719) que en más de
dos siglos transcurridos desde su aparición ha sido "reescrito" innumerables veces. La regla del
juego consistía para mí en ser lo más fiel posible a mi modelo al tiempo que introducía en él —
discreta, secretamente y como de contrabando— todo un bagaje de ideas filosóficas y
psicoanalísticas modernas. Debo aclarar que acababa de presentarme al concurso de "agregación"
en filosofía y que estaba imbuido de las doctrinas de Jean-Paul Sartre y de Claude Lévi-Strauss.

La relectura de mi novela me hizo advertir inmediatamente sus insuficiencias y percatarme de cuan
lejos me hallaba del ideal que me había propuesto. La filosofía estaba allí, en cada página,
indiscreta, exorbitante, volviendo lento y pesado el curso del relato. Pronto se me ocurrió la idea de
rehacer el libro, aligerándolo y debastándolo, agregándole episodios puramente narrativos,
integrando más íntima y profundamente la carga filosófica, que no cambiaría pero que tampoco
quedaría a la vista. Valiéndome pues de Viernes o los limbos del Pacífico como de una especie de
borrador, escribí un nuevo libro, Viernes o la vida salvaje (2), en el que no hay una sola línea
copiada del anterior.

Fue entonces cuando comenzaron las sorpresas. La primera fue la de enterarme de que había escrito
un libro para niños. La brevedad del relato, su limpidez, el ritmo ágil de los acontecimientos, todo
contribuía a hacer que esa breve novela se convirtiera en el futuro en un "clásico", en el sentido
propio del término, es decir un libro leído en clase. Mientras tanto —y ésta fue la segunda sorpresa
— no encontraba editor. Descubrí al mismo tiempo cómo funcionaban las editoriales de libros "para
niños" o los departamentos de "literatura infantil" de las grandes editoriales. Viernes o los limbos
del Pacífico había sido publicado por unas doce editoriales extranjeras. Las que tienen una sección
de obras "para la juventud" rechazaron Viernes o la vida salvaje por unanimidad. Las editoriales
especializadas se mostraron asimismo poco acogedoras. ¿Por qué? Porque las ediciones para niños
obedecen a leyes que excluyen por completo la verdadera creación literaria.
Sucede que se han formado un concepto a priori del niño, concepto que arranca directamente del
siglo XIX y de una mitología en la que se mezclan Victor Hugo y la reina Victoria. En los Estados
Unidos, el ámbito del libro para niños ha estado mucho tiempo dominado tiránicamente por la
empresa Walt Disney. Esas editoriales especializadas viven bajo el terror de la vigilancia que
ejercen las asociaciones de padres de familia y de libreros, cierto tipo de periódicos y revistas y una
vasta red de opinión en la que desempeña un papel importante el comentario de boca en boca. La
publicación de un libro para niños que no se adapte a las exigencias de esa censura entraña no
solamente un boicot por parte de la prensa y de los libreros sino además un desprestigio que se
extiende a toda la producción de la editorial responsable, considerada desde ese momento como
sospechosa. Cabe suponer que cualquier audacia y todo tipo de creación original quedan así
rigurosamente eliminados por las comisiones de lectura. En la mayoría de los casos se fabrican
"moldes" —llamados "colecciones", con un director de colección— en los que unos seudoescritores
vierten incansablemente un producto pedido y programado de antemano. El público de cada
colección es objeto de un retrato-tipo que comprende la edad, el sexo y la condición social. En
muchos casos, todo ello se halla rematado por una ideología política o religiosa. Si el
malaventurado autor de una obra nueva —que, por definición, no se parece a otra— va a llamar a la
puerta de una de esas fortalezas, es posible que por cortesía retengan su manuscrito durante algunos
días, pero nadie se tomará la molestia de leerlo.

Diez años han pasado desde entonces. Gracias al éxito de mis novelas algunas editoriales han
terminado por aceptar mi Viernes o la vida salvaje. Pero en muchos casos se ha tratado de
editoriales puramente literarias e incluso de vanguardia, como Knopf en Estados Unidos, que no
tienen ninguna experiencia en materia de libros para niños.

Así es como he llegado a hacerme seriamente esta pregunta: ¿qué sentido tiene hablar de libros para
niños? Pensándolo bien, esta noción de una biblioteca ad usum delphini es bastante reciente. En
efecto, se origina precisamente en la mitología victoriana del niño que he denunciado más arriba.
Pero, entonces, ¿dónde situar los cuentos de Perrault, las fábulas de La Fontaine, la Alicia de Lewis
Carroll? Y a esas obras maestras habría que añadir los cuentos de Grimm, los de Andersen, las
leyendas orientales, Nils Holgersen de Selma Lagerlöff, El principito de Saint-Exupéry. Pues bien,
creo que es preciso atreverse a recordar que, con excepción de Selma Lagerloff, esos autores no se
dirigen en modo alguno a un público infantil. Mas, como tenían genio, escribían tan bien, tan
límpidamente, tan brevemente —calidad rara y difícil de alcanzar— que todo el mundo podía
leerlo, incluso los niños. Este concepto de "incluso los niños" ha llegado a tener para mí una
importancia capital y diría que hasta tiránica. Se trata de un ideal literario al que aspiro sin lograr —
salvo una excepción— alcanzarlo. A riesgo de chocar a algunas personas, voy a decir lo que pienso:
a Shakespeare, Goethe y Balzac se les puede tachar de una imperfección a mi juicio imperdonable:
la de que los niños no puedan leerlos ( * ) . Por lo que a mí respecta, volvería a tomar gustosamente la
pluma y me pondría a trabajar de nuevo en mis otras novelas, El Rey de los Alisos, Los meteoros,
Gaspar, Melchor y Baltasar, para obtener versiones más puras de ellas, más rigurosas, más
diamantinas, hasta el punto de que... incluso los niños pudieran leerlas. Si no lo hago no es por
natural pereza —puesto que para ello habría que realizar un trabajo inmenso—, sino porque no
serviría para nada. Los adultos no leerían esos "libros para niños" y los niños tampoco, dado que
ningún editor de "obras infantiles" aceptaría esas novelas que escapan a sus "normas".

Sin embargo, una vez por lo menos he alcanzado el ideal que me he fijado. Durante muchos años
traté de integrar en una aventura ejemplar, con sólidas bases metafísicas, a los tres personajes
principales de la comedia italiana: Pierrot, Colombina y Alerquín. Y finalmente lo logré. El
resultado es un cuento de unas treinta páginas titulado Pierrot o los secretos de la noche. Puesto
que mi principal editor había creado una "sección de libros para la juventud", logré que aceptara ese
"libro para niños" que publicó fuera de colección, en un formato único en su editorial, algo así
como cuando antaño se solía demarcar en una ciudad un "barrio reservado", rodeado de una especie
de cordón sanitario. Hay que reconocer que el éxito del libro hizo que dos años después pasara a
formar parte de una colección de la editorial, un poco como cuando el hijo maldito y echado del
hogar por el padre es acogido nuevamente entre los suyos porque durante su ausencia ha hecho
fortuna. Sin embargo, esas treinta páginas —por las cuales yo cambiaría el resto de mi obra— no
encuentran todavía editor en el extranjero.

A partir del éxito de la segunda versión de Viernes se me invita frecuentemente a ir a hablar en las
escuelas de Francia y de los países de habla francesa. Yo escucho las preguntas de los niños y me
esfuerzo por responder a ellas. No son más "pueriles" que las que habitualmente hacen los adultos
y, en su conjunto, quizás lo son menos. De modo brutal van siempre directamente a lo esencial.
¿Cuánto tiempo tarda en escribir un libro? ¿Cuánto gana usted? Si hay faltas de ortografía en su
manuscrito, ¿qué dice su editor? ¿Qué hay de verdad en sus historias?

Estas preguntas y cien más me han enseñado mucho por las respuestas que me han obligado a
inventar, pues por principio respondo siempre sincera y detenidamente. La última de las preguntas
que he citado pone en entredicho toda la estética literaria. ¿Es preciso recordar que Marthe Robert
tituló su último libro La verdad literaria?. Yo suelo responder escribiendo ante todo en el encerado
o pizarrón una frase de Jean Cocteau: "Yo soy una mentira que dice siempre la verdad". Luego
cuento los orígenes del Robinson Crusoe de Daniel Defoe. Hubo un hecho real: el timonel escocés
Alexander Selkirk estuvo abandonado durante cuatro años y cuatro meses en la isla de Juan
Fernandez, en el Pacífico. Es a partir de esta historia verdadera como Defoe escribió su Robinson.
Ahora bien, existe la historia de Selkirk, tal como la consignó por escrito el comandante Wood
Rogers que le recogió y le llevó de regreso a su patria. Pero ¿quién ha leído ese informe? Nadie,
salvo algunos especialistas. Por el contrario, el Robinson de Defoe tuvo y sigue teniendo un
inmenso éxito internacional. ¿Por qué razón la ficción excede hasta ese punto en la mente de los
hombres de la pura y simple verdad?

La pregunta es temible y quien supiera responder a ella habría descubierto la clave de las obras
maestras. Sin ambicionar tanto, voy a esforzarme por aclarar un poco ese misterio.
Lo más extraordinario del Robinson Crusoe de Defoe es que uno no se contenta con leerlo. Creo
incluso que en fin de cuentas se lee bastante poco en su versión completa y auténtica. Lo que da
fuerza y valor a esa obra es que suscita una necesidad irresistible de reescribirla. De ahí que existan,
como he indicado ya, innumerables versiones, desde La isla misteriosa de Julio Verne hasta el
Robinson suizo de Wyss, pasando por Susana y el Pacífico de Giraudoux y las Imágenes para
Crusoe de Saint-John-Perse. Hay en algunas obras maestras —y por ello figuran en primera línea de
la literatura universal— una incitación a crear, un contagio del verbo creador, una puesta en marcha
del proceso inventivo de los lectores. Yo confieso que para mí esa es la cumbre del arte. Paul
Valéry decía que la inspiración no consiste en el estado en que se encuentra el poeta cuando escribe,
sino en el estado en que el poeta que escribe espera poner a su lector. Pienso que de tal afirmación
cabría hacer el fundamento de toda una estética literaria.

Pero ¿no equivale esto a esperar que una obra de arte posea ante todo una determinada virtud
pedagógica? Montaigne decía que enseñar a un niño no es llenar un vacío sino encender un fuego.
Creo que no se podría pedir más. En cuanto a mí, lo que he ganado es cierta llama que veo a veces
brillar en los ojos de mis jóvenes lectores, la presencia de una fuente viva de luz y de calor que se
instala de ahora en adelante en un niño, encedida por la virtud de mi libro. Recompensa rara ésta, y
que no tiene precio, a todos los esfuerzos, a todas las soledades, a todos los malentendidos.

(*) Hay que reconocer que, de todos modos, algunos poemas de Goethe se recitan en las escuelas
europeas.

Texto publicado en: http://www.imaginaria.com.ar/09/6/tournier.htm#tournier

Imagen: Michel Tournier


León Felipe

Vencidos

 

León Felipe

Vencidos

 

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...

El poema Vencidos, publicado en Versos y oraciones de caminante (1920-1929), pertenece al poeta español León Felipe (España 1884; México 1968).

Imagen: Don Quixote, 1955, Pablo Picasso


Libros

por Sandra Cornejo

 

Encuentro de La letra y la historia. Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Tema: Leer hoy. Distintos soportes. Distintos lenguajes.
Teatro Argentino de La Plata, Buenos Aires, abril de 2015.



Este encuentro nos convoca, considero, debido al especial cariño que sentimos por los libros (los libros en todos sus formatos). En tal sentido estamos aquí para compartir este co-aprendizaje que hemos ido construyendo por y con el amor hacia las palabras. Las palabras, condición singular de este lenguaje por el cual existe la escritura, que no cambia en lo primario, más allá o más acá del soporte que la contenga.

Vivimos en el tiempo de las nuevas tecnologías, es cierto. Tiempo en el que impera la diversidad de dispositivos y expresiones: la velocidad; pero aquí, casual o azarosamente, estamos en el ámbito de las Bibliotecas y de los Archivos. Y cuando digo Biblioteca siempre recuerdo aquella frase de Borges que escribió al comenzar un cuento: “El universo (que otros llaman la Biblioteca)…”[1].

Pretendo resaltar que aún hoy, todavía, en estos espacios, el papel, el envejecido papel, sigue siendo un material preciado, y de cuidado. Quiero decir que el ser humano, tiene una actitud, una linealidad de la cual no puede escapar, al leer. Recuerdo al respecto un comentario de Ricardo Piglia que respondía, en una entrevista que vale la pena tener, lo siguiente: “…hoy todo pasa muy rápido y parece que no estar al día es un problema, pero la lentitud de la lectura es la de nuestro cuerpo, la del desciframiento. Es necesario preservar esa lentitud. Hay que escapar del vértigo de la actualidad…”.

Con esto no pretendemos quedarnos a la luz del pabilo alejados de la realidad, pero la persona humana sigue siendo, casi, la misma persona que aquélla, traspasada ahora por una innumerable artillería de herramientas que, entiendo, podrá utilizar de la mejor manera posible si otorga un sentido especial a la relación que se establece y se abona entre su condición de ser humano y el medio que lo rodea, con sus nuevos paradigmas. Las bondades de las nuevas tecnologías, de los formatos que imperan hoy, cuya cualidad es el mutar constantemente, dependen en todo caso de la actitud que se tome ante la multiplicidad de posibilidades que implica esta revolución digital.

Un crítico, un humanista, me refiero a George Steiner en su libro Extraterritorial, explica que no hay literatura sin lenguaje –sabemos que sí hay lenguaje sin literatura- infiere que la literatura es lenguaje pero en un estado especial, porque la intención de la literatura es significar algo a través del lenguaje. Y agrega: “La palabra arranca al hombre del silencio de la mayoría de los seres”[2].

Primordial en el hecho de la comunicación, la palabra y por ende la escritura, se diferencia de los otros lenguajes. Esto no implica un estatus en el reino de las artes: toda expresión, todo acto de creatividad, depende de la argamasa de una individualidad, de un modo de pararse ante la inestabilidad de la naturaleza humana, para sostenerse en ella y a pesar de ella.

Una exploradora del hecho escritural que ha fomentado vínculos y promovido espacios en pos de la creación de comunidades lectoras, me refiero a la antropóloga Michèle Petit, en su libro Una infancia en el país de los libros va más allá y expresa: “El arte, la literatura, acercan lo que habitualmente está separado, como el oso polar y la selva virgen, y esas vecindades poseen una fuerza poética. Empujan las representaciones habituales, suscitan el movimiento. Suelen desplazarnos todavía más cuando se convocan esas tierras lejanas que nos vinculan con lo más profundo de nosotros mismos. Al reunir lo que está separado, nos reparan un poco, nos consuelan y nos relacionan con los demás, al menos por un tiempo”[3].

Como ella, y en tonos similares, otros autores nos han conducido de la mano por el mundo de los libros ayudándonos a encontrar aquello que nos sorprende o nos desacomoda pero también y siempre, nos ayuda a articular nuestra mente con el corazón de las cosas. Así, por ejemplo, la inglesa Jeanette Winterson se ha referido a los libros como a ese hogar ideal y único que alguna vez la salvó de la falta de un hogar real; el israelí Amos Oz ha destacado la incondicionalidad de los libros; para Edmond Jabés el libro se va entrelazando en una resonancia de palabras que nos convoca. Así podría seguir describiendo la impronta que los libros dejan en la vida de los lectores.

El poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht decía que todo ser humano es un artista. Escribía también en un poema: “Ven a la escuela, hombre sin techo./El saber es para ti que tienes frío./Hambriento: toma con fuerza el libro”[4].

Los libros hoy, y en cada momento de la historia, serán un cobijo. Desde nuestro punto de vista, comprendemos que leer es siempre una aventura, una forma de interpretar y asimilar el mundo, es nuestra responsabilidad por lo tanto, poner los libros, la lectura y le escritura, al alcance de todos, no importa en cuál de sus formatos.

[1] Borges, Jorge Luis. 1966. Ficciones. Buenos Aires, Emecé Editores.
[2] Steiner, George. 2000. Extraterritorial. Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora.
[3] Petit, Michéle. 2008. Una infancia en el país de los libros. Mexico, Océano travesía.
[4] Brecht, Bertolt. 1999. 80 poemas y canciones. Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora.

Programa completo del Encuentro en:
http://www.cultura.gba.gob.ar/download/programa.pdf

 


Palabras de Abrigo


 

Palabras de Abrigo
 

Prólogo para Libro del humo de Patricia Coto
por César Cantoni

 

Los treinta y tres poemas que componen “Libro del humo” no tienen título, no están numerados ni se hallan identificados de ninguna otra forma. En cambio, al pie de los mismos figura la fecha en que fueron concebidos. La autora ha elegido, además, ordenarlos cronológicamente, como si se tratara de un diario escrito en verso, de una bitácora de las vivencias e inquietudes que la marcaron durante cierto segmento temporal, que va del 24 de julio de 2005 al 2 de marzo de 2013.

Si bien el tiempo es el eje estructural del libro, los poemas conservan siempre su autonomía, por lo que el lector puede abordarlos desordenadamente sin que ello afecte su comprensión y su valoración estética. Sólo dos poemas, el primero y el vigésimo cuarto, rompen el orden cronológico. El primero funciona como prefacio o introducción y es una apelación al lector, a su capacidad de leer entrelíneas, de intuir lo que las palabras callan o no dicen, lo que sólo el silencio es capaz de revelar: “Que el lector sea solamente/ una letra,/ tendida entre el filo de dos hojas,/ para decir, para gritar,/ para soñar lo que no está escrito,/ lo que cabe en el desván de los ojos”. El vigésimo cuarto, por su parte, adhiere a una serie de poemas centrados en la labor poética, que explica su lugar en el contexto: “Basta de escribir si no se sabe/ a quién escribimos, a quién hablamos/ entre paredes, papeles del fin del mundo”.

Todos los poemarios de Patricia Coto publicados hasta hoy incluyen en el título la palabra “libro”: “Libro del vigía”, “Libro de la memoria”, “Libro del espejo ardiente”, “Libro de la frontera” y “Libro de navegación”. A ellos se suma ahora “Libro del humo”. Este rasgo común, además de ser una seña identitaria, remite a la idea de continuidad e integración, como si dichos libros fuesen eslabones de una misma cadena. Y, ciertamente, eso es lo que son: capítulos de una obra mayor que la autora va construyendo de manera pausada, pero sin perder la pasión ni la coherencia.

El humo, como imagen de lo huidizo y transitorio, ya está presente en un cuadernillo titulado “Fanales” y editado en 2009. Dice un poema del mismo: “El humo se esparce y nos seduce/ los cabellos, la mirada,/ la sombra de las manos./ El humo con su vocación de susurrarnos,/ en el más atrás de los oídos,/ que algún día una fogata arderá/ por nosotros/ y seremos cenizas de cenizas,/ restos de una fiesta en la noche de la nada”. En su nuevo poemario, el humo es, además, “casa del aire que revela que/ algo estuvo aquí y el fuego/ convirtió en poco, en efímero”. El humo todo lo alcanza y lo penetra, “como un puñalito del tiempo”, asegura la autora, que llega a asignarle un carácter a los distintos colores con que se manifiesta –el blanco es “suave”, el negro tiene “garras”, el gris oscila “entre la caricia y el puño”–, para concluir, irremediablemente: “Todo es humo”.

Sin eufemismos ni rodeos innecesarios, Patricia Coto le recuerda al lector que la realidad está signada por la impermanencia. La acción corrosiva del tiempo resulta indetenible y todo se diluye como el humo, que equivale a decir “todo es nada”. La nada –señala precisamente en otro poema– nos abraza/ como el aliento de un volcán/ y quema los bordes de lo que existía./ Sin bordes, sin manos/ la realidad queda desnuda,/ vacía de armas hacia la aurora”. Más adelante, frente al “tajo” de la nada, la poeta hallará en la escritura un argumento válido para ofrecer batalla: “Escribir para que la nada/ baje los brazos y no cubra/ la tierra, con soles de hierro”.

El hombre, por supuesto, no escapa a la precaria condición de lo real –“Recuerda que eres mortal”, sentencia una línea– y la vida no es más que tránsito a lo desconocido. Sin embargo, esta poesía no se limita a exponer una mirada existencial y descorazonante; por el contrario, es poesía solidaria: como un oficio más “entre los oficios de la conciencia”, busca acompañar al hombre a lo largo del camino, procurando paliar sus dolores y abrigándolo en su desamparo. Lo expresan claramente estos versos: “Escribir para que el mundo no esté vacío/ ni silente, no quede arrumbado en una sombra.../ Escribir para que los hombres se escuchen,/ se miren las manos y sepan para qué florecen.../ Escribir para cubrir la oquedad de la esperanza.../ Escribir para que la vida crezca”. El mismo compromiso espiritual se desprende del siguiente poema, que vale la pena transcribir completo:

Benditas las palabras que nos dan casa y comida,
nos avientan caminos, nos extienden las manos,
nos encienden las sangres y disparan a los vientos.
Benditas las palabras sin dilación ni cobardía
que despiertan el corazón de los pueblos y
tejen puentes rebeldes entre los días.
Benditas las palabras que colorean el pensamiento
y lo tiñen de futuro, de añoranza y de vuelo.
Benditas las palabras para que el hombre
no sea sólo una caña al viento
y luche por el canto, por la tormenta,
por las espinas, por todo lo que espera
ser domesticado, amparado.
Benditas las palabras sin derrota,
sin extravío, sin descanso.
Benditas las palabras
que no cesan de bendecirnos.  

Más de la mitad de los poemas de “Libro del humo” giran en torno del sentido y la función de la poesía. Por qué, para qué y para quién escribir son preguntas que, sin ser formuladas explícitamente, constituyen el trasfondo de agudas reflexiones. Para la autora, dichas preguntas tienen que ver con la ética de la creación y se imponen como un deber inexcusable. En consecuencia, si algo le exige Patricia Coto a la poeta que hay en ella es mantenerse alerta, “tener los ojos abiertos” a lo que deviene y no hacer de la escritura un pasatiempo vano. Por eso, “El poema no puede ser amable./ Si fuera amable, las gentes olvidarían el dolor,/ la ira, la impaciencia, la remota ilusión,/ el hacha de la frustración y el peldaño/ que cede”. Por eso, las palabras deben blandir “el filo de una verdad irrepetible”, porque, “Aunque hieran, su herida es fecunda” y, a la postre, terminan alumbrando “caminos sin sequía”.

Queda claro, pues, que “Nada del mundo es indiferente” para Patricia Coto ni nada más reñido con su poesía que la complacencia fácil. Como en toda su obra, una vez más lo poético y lo humano se entrelazan en “Libro del humo” y van componiendo un tejido común –un legado metafórico– que quiere ser cobijo y sustento del espíritu. Un convencimiento profundo anima lo expresado: “Cuando el poema camina, la vida avanza”.

 


El poeta y el mundo


 

El poeta y el mundo

* Discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, pronunciado el 7 de diciembre de 1996 en Estocolmo, por Wisława Szymborska.

 

Parece ser que en un discurso lo más difícil es la primera frase. Así que ya la he dejado atrás… Pero presiento que también las que siguen serán difíciles, la tercera, la sexta, la décima, así hasta la última, porque tengo que hablar de poesía. Pocas veces hablo sobre este tema, casi nunca. Y siempre me acompaña el convencimiento de que no lo hago muy bien. Por eso no me extenderé mucho. Toda imperfección es más llevadera si se recibe en pequeñas dosis.

El poeta de hoy es escéptico e incluso desconfiado –y puede ser que lo sea sobre todo– ante sí mismo. Con disgusto manifiesta públicamente que es poeta, como si se avergonzara un poco. Pero en nuestra ruidosa época resulta más fácil reconocer los propios defectos (basta con que causen impresión) que no las virtudes, porque están escondidas a mayor profundidad y no acabamos de creer en ellas…

En diferentes encuestas o en conversaciones casuales, cuando el poeta tiene necesariamente que precisar su ocupación, se define de forma general como “literato”, o da el nombre de la profesión a la que se dedica por añadidura. La información de que tienen que vérselas con un poeta es recibida por funcionarios o por otros pasajeros del mismo autobús con cierta incredulidad e inquietud. Supongo que también el filósofo despierta parecida turbación. Este último está sin embargo en mejor situación porque, normalmente, tiene la posibilidad de adornar su profesión con algún título. Doctor en filosofía, eso sí que suena mucho más serio.

Además, no existen doctores en poesía. Eso significaría que es una ocupación que exige estudios especializados, exámenes aprobados con regularidad, disertaciones teóricas enriquecidas con bibliografía y notas y, por fin, la obtención solemne de diplomas. Esto, por su parte, significaría que para ser poeta no bastarían hojas de papel escritas, aunque fuera con los mejores versos; que sería imprescindible, y eso ante todo, un papelito sellado. Recordemos que en relación a esto deportaron al orgullo de la poesía rusa, más tarde Premio Nobel,  Joseph Brodsky. Lo declararon “parásito” porque no tenía la certificación oficial de que le era permitido ser poeta…

Hace unos años tuve el honor y la alegría de conocerle personalmente. Advertí que sólo a él, entre los que conozco, le gustaba llamarse a sí mismo “poeta”, que articulaba esta palabra sin frenos internos, incluso con cierta provocativa soltura. Pienso que era resultado del recuerdo de las brutales humillaciones que había sufrido en su juventud. En países más felices, en los que la dignidad humana no se puede pisotear tan fácilmente, los poetas anhelan ser publicados, leídos y comprendidos, pero no hacen nada o casi nada para destacar de entre los demás en la vida cotidiana. No hace tanto, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba llamar la atención con ropas rebuscadas y con un comportamiento excéntrico. Esto, sin embargo, era siempre un espectáculo de cara al público. Llegaba el momento en que el poeta cerraba tras de sí la puerta, se quitaba de encima todas las capas, bisutería y otros accesorios poéticos, y se quedaba en silencio, en espera de sí mismo, ante una hoja de papel en blanco. Porque es esto lo que en verdad cuenta.

Es significativo. Constantemente se produce un gran número de películas biográficas sobre grandes científicos o sobre grandes artistas. La tarea de los ambiciosos directores de cine es presentar de una manera creíble el proceso creativo, proceso que conduce finalmente a grandes descubrimientos científicos o a la realización de famosísimas obras de arte. Con más o menos éxito muestran el trabajo de ciertos sabios: laboratorios, todo tipo de aparatos, mecanismos puestos en marcha que son capaces de mantener durante cierto tiempo la atención del público.  Además, los momentos de expectación en espera de si un experimento, repetido por enésima vez con sólo una pequeñísima variación, sale o no sale, resultan muy dramáticos. Las películas sobre pintores, en las que se puede reproducir cada fase del movimiento de la pintura, desde el primer trazo hasta la última pincelada, sí que pueden ser espectaculares. Las películas sobre compositores están llenas de música, desde los primeros compases que el artista oye en su interior hasta la forma madura de la obra en la que cada instrumento tiene ya adjudicada su parte. Todo esto sigue siendo ingenuo y no nos dice nada sobre ese estado de ánimo llamado comúnmente inspiración, pero al menos hay algo que mirar y oír.

Lo malo son los poetas. Su labor es de una lamentable falta de fotogeneidad. Uno está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada… ¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?

Yo también, al ser a veces interrogada sobre la inspiración, mantengo una prudente distancia respecto a lo esencial. Pero digo lo siguiente: la inspiración no es un privilegio exclusivo de los poetas o de los artistas en general. Hay, ha habido y seguirá habiendo un cierto grupo de personas a las que toca la inspiración. Son todos aquellos que conscientemente eligen su trabajo y lo realizan con amor e imaginación. Se encuentra médicos así, y pedagogos, y jardineros, y otros en cien profesiones más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin siempre y cuando sean capaces de percibir nuevos desafíos. A pesar de dificultades y fracasos su curiosidad no se enfría. De cada duda resuelta sale volando un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, sea lo que sea, nace de un constante “no sé”.

Personas como ésas no hay muchas. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja para ganarse la vida, trabaja porque tiene que trabajar. No son ellos mismos quienes con pasión eligen su trabajo, son las circunstancias de la vida las que eligen por ellos. El trabajo que no gusta, el que aburre, valorado sólo porque, incluso siendo desagradable y aburrido, no es accesible para todos, es uno de los peores infortunios humanos. Y no parece que los siglos que vienen vayan a traer algún cambio feliz.

Así me permito decir que, si bien les quito a los poetas el monopolio de la inspiración, los incluyo, de todos modos, en el pequeño grupo de los favorecidos por el destino.

En este punto, sin embargo, pueden despertarse dudas en el oyente. A los más diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos, que luchan por el poder con ayuda de unas pocas consignas, pero repetida a gritos, también les gusta su trabajo y también lo realizan con ingenio. Claro que sí, pero ellos “saben”.  Saben, y lo que saben les basta de una vez para siempre. No se interesan en nada más, porque eso podría debilitar la fuerza de sus argumentos. Y cualquier saber que no provoca nuevas preguntas se convierte muy pronto en algo muerto, pierde la temperatura que propicia la vida. Los casos más extremos, los que se conocen bien tanto por la historia antigua como por la moderna, son capaces de ser letales para las sociedades.

Por eso tengo en tan alta estima dos pequeñas palabras: “no sé”. Pequeñas pero con potentes alas. Que nos ensanchan los horizontes hacia territorios que se sitúan dentro de nosotros mismos y hacia extensiones en las que cuelga nuestra menguada tierra. Si Isaac Newton no se hubiera dicho “no sé”, las manzanas del jardín hubieran podido caer ante sus ojos como granizo y él, en el mejor de los casos, se habría inclinado a recogerlas para comérselas con apetito.

Si mi compatriota Maria Sklodowska-Curie no se hubiese dicho “no sé”, probablemente se hubiera convertido en profesora de química en un pensionado de señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte respetable, habría transcurrido su vida. Pero ella se dijo “no sé”, y fueron exactamente estas dos palabras las que la condujeron, y no una sino dos veces, a Estocolmo, donde se galardona con el Premio Nobel a las personas de espíritu inquieto en constante búsqueda.

Asimismo, el poeta, si es un poeta de verdad, tiene que repetir sin descanso “no sé”. En cada poema intenta dar una respuesta pero, no bien ha puesto el último punto, ya le invade la duda, ya empieza a darse cuenta de que se trata de una respuesta temporal y absolutamente insuficiente. Así pues lo intenta otra vez, y otra, y más tarde estas pruebas consecutivas de su descontento con respecto a sí mismo los historiadores de literatura las sujetarán con un clip muy grande y las denominarán sus “logros”.

Sueño algunas veces con situaciones imposibles. Me imagino, por ejemplo, en mi impertinencia, que tengo la posibilidad de hablar con el Eclesiastés, el autor de tan conmovedor lamento frente a la vanidad de toda actividad humana. Le haría una profunda reverencia porque no cabe la menor duda de que es uno de los más importantes poetas, por lo menos para mí. Pero después lo cogería de la mano.  “Nada nuevo bajo el sol”, dijiste, Eclesiastés. Pero si tú mismo naciste nuevo bajo el sol. Y el poema del cual eres autor también es nuevo bajo el sol porque nadie lo escribió antes que tú. Y nuevos bajo el sol son todos tus lectores, porque quienes vivieron antes que tú está claro que no pudieron leerlo. Tampoco el ciprés bajo cuya sombra te sentaste crece aquí desde el principio de los tiempos.

Le dio su origen algún otro ciprés, parecido al tuyo pero no el mismo, y además querría preguntarte, Eclesiastés, qué cosa nueva bajo el sol piensas escribir ahora. ¿Se tratará de algo que complete tus pensamientos o más bien, después de todo, tienes la tentación de rectificar alguno de ellos? En tu anterior poema percibiste también la alegría, ¿qué importa que sea pasajera? Así pues, ¿será ella el tema de tu poema nuevo bajo el sol? ¿Tienes ya algunas notas, los primeros esbozos? ¡No irás a decir: “Lo he escrito todo, no tengo nada que añadir” Eso no lo puede decir ningún poeta en el mundo, y qué decir uno tan grande como tú.

El mundo, pensemos de él lo que pensemos, espantados por su inmensidad y por nuestra propia impotencia frente a él, amargados por su indiferencia a los sufrimientos, los de la gente, los de los animales, y tal vez también los de las plantas, pues ¿de dónde la seguridad de que las plantas están libres de sufrimientos?; pensemos lo que pensemos de sus espacios atravesados por la radiación, de las estrellas, alrededor de las cuales se han empezado a descubrir nuevos planetas, ¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe; digamos lo que digamos de este inconmensurable teatro para el que tenemos una entrada, aunque su validez sea ridículamente corta, limitada por dos fechas categóricas; pensemos lo que pensemos sobre él, este mundo es sorprendente.

Pero en el término “sorprendente” se esconde cierta trampa lógica.  Nos sorprende lo que se sale de una norma conocida y ampliamente aceptada, de alguna incuestionabilidad a la que estamos acostumbrados. Pero he aquí que este mundo incuestionable no existe en absoluto. Nuestra sorpresa tiene vida propia y no resulta de la comparación con nada.

De acuerdo, en el habla coloquial, que no sopesa cada palabra, todos usamos las expresiones: “un mundo corriente”, “una vida corriente”, “un hecho corriente”,… sin embargo, en el lenguaje de la poesía, donde cada palabra se mide, nada es ya normal y nada es corriente. Ninguna piedra y ninguna nube sobre ella. Ningún día y ninguna noche tras él. Y por encima de todo, ni siquiera la existencia de nadie en este mundo.

Parece que los poetas van a seguir teniendo siempre mucho trabajo.


Tomas Tranströmer

27 de marzo
2015

  

Muere el Nobel sueco Tomas Tranströmer

(http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/27/actualidad/1427471322_547738.html)
 

Cuando anunciaron al ganador del Premio Nobel de literatura de 2011, mucha gente pudo pensar que los suecos premiaban a otro sueco por chovinismo. Mucha gente, pero desde luego no los lectores de poesía, que exclamaron algo así como un “por fin” que debió sonar, bajito, pero continuo, en toda la tierra. Tomas Tranströmer (1931-2015), fallecido este 27 de marzo a los 83 años, era, desde hacía mucho tiempo, el maestro de una nueva manera de entender la poesía. Su estilo era directo, pero cargado de misterio. Imaginativo y con una potencia plástica que recordaba a la mejor poesía oriental y a las vanguardias, pero sin renunciar a la sobriedad de la poesía clásica. Una poesía de gestos pequeños escrita casi siempre en presente. Y, no menos significativo, una poesía que no temía hablar en primera persona y recuperar el yo (esa partícula que los poetas mantienen en cuarentena) pero con una humildad que rayaba en la desaparición del sujeto (“Fantástico sentir cómo el poema crece / mientras voy encogiéndome. / Crece, ocupa mi lugar. / Me desplaza. / Me arroja al nido. / El poema está listo”, dice en uno de sus mejores poemas). La voz de la poesía de Tranströmer era la de una especie de superviviente feliz que se queda a medio lado mientras las cosas, las cosas cotidianas, que son las más fascinantes, suceden. Su programa poético, si hubiera tenido uno, podría resumirse en un verso que lo ha hecho célebre: “El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro”.

Por todas estas cosas, desde finales de los años setenta Tranströmer se convirtió en el maestro de una poesía que nacía con la voluntad de aunar diversas tradiciones y posibilidades estéticas, alérgica a las escuelas y los dogmas políticos. Una poesía “internacional” escrita en sueco, pero también en inglés, en polaco, y a lo que en nuestro idioma llamamos antipoesía. Y maestro, por ejemplo, de Joseph Brodsky y Seamus Heaney, dos autores que obtuvieron el Premio Nobel antes que él.

Pero hablemos de su vida. Nacido en 1931 en el seno de una familia liberal que se separó cuando era pequeño, Tomas vivió su juventud con su madre en un barrio obrero, circunstancia que narra en su prodigioso (y breve) libro de memorias Visión de la memoria (1996) y que definió la cualidad más notable en su poesía: una peculiar manera de estar en contacto con el mundo, una especie de pasividad valiente. Y su vida es importante porque desde su primer libro 17 poemas (1957), escrito con una peculiar revisión de surrealismo cuando apenas contaba 24 años (“oigo a las estrellas piafar desde los establos”, escribe, por ejemplo), hasta la simplicidad de grandes libros El cielo a medio hacer (1962), Visión nocturna (1970), el largo poema Bálticos (1974) o Para vivos y muertos (1989), sus versos son inseparables de su trabajo cotidiano: Tranströmer trabajó como psicólogo en centros penitenciarios y hospitales, reinsertando a los adolescentes marginados y a las víctimas de traumatismos severos.

Por eso su poesía actúa a modo de reinserción. Esa pasión por el instante, por “la retórica del ahora”, como él mismo dice en un poema, y por una vida que merece vivirse (siempre sin edulcorar) hacen de sus poemas cuestiones vitales para cualquier lector, esté habituado o no a la poesía. Consigue que el mundo nos seduzca. Y para ello multiplica las imágenes divertidas: “el periódico, gran mariposa sucia”, “una orquesta hindú de ollas de cobre”, “el jeroglífico del ladrido de un perro / pintado en el aire sobre el jardín”.

En 1990 Tranströmer sufrió una hemiplejía que lo dejó sin voz, pero no, como él mismo precisaba, “sin lenguaje”, y continuó escribiendo una poesía cada vez más breve y directa. También siguió tocando el piano, una de sus principales pasiones, e interpretando con la mano izquierda obras de Scriabin y Mompou. Y viajando por el mundo con Monica, su mujer, que sabía traducir con gran riqueza cada mínimo gesto del poeta.

En España, gracias a la generosa labor de la Editorial Nórdica, que lo publicó antes de que obtuviera el prestigioso premio sueco, tenemos a nuestra disposición toda la poesía de Tomas Tranströmer magníficamente traducida por Francisco Uriz y Robert Mascaró en los volúmenes El cielo a medio hacer (2010) y Deshielo a mediodía (2011), además de su libro de recuerdos Visión de la memoria (2011) y un enjundioso epistolario con el poeta norteamericano Robert Bly, Air Mail (2012).

Imagen:
Tomas Transtromer, en una imagen de 2012. / BERNARDO PÉREZ (EL PAÍS)


Antigua Bendición Irlandesa


Antigua Bendición Irlandesa

 

(En el entrañable  blog Celta -Irlandés de Marina Kohon:
http://oghamirlanda.blogspot.com.ar/)

 

Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano. Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente.

Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.

Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.

Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja. Y que la fortuna de las colinas irlandesas te abrace.

Que las bendiciones de San Patricio te contemplen. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.

1. La obra
Se trata de una antigua bendición irlandesa, de autor anónimo, aunque la tradición la
atribuye al mismo San Patricio.
El arreglo es de un músico americano contemporáneo, James Moore (Virginia, 1951).
 

2. Texto y traducción
Inglés Traducción aproximada

May the road rise to meet you,
May the wind be always at your back.
May the sun shine warm upon your face,
The rains fall soft upon your fields.
And until we meet again,
May God hold you in the palm of his hand
….
May God be with you and bless you:
May you see your children's children.
May you be poor in misfortune,
Rich in blessings.
May you know nothing but happiness
From this day forward.
….
May the road rise up to meet you
May the wind be always at your back
May the warm rays of sun fall upon your home
And may the hand of a friend always be near.
….

May green be the grass you walk on,
May blue be the skies above you,
May pure be the joys that surround you,
May true be the hearts that love you.
___________


Que el camino nos lleve a encontrarnos,
que el viento sople siempre a tu favor,
que el sol brille cálidamente sobre tu rostro,
que la lluvia moje suavemente tus tierras
y  hasta que volvamos a encontrarnos,
Dios te guarde en la palma de su mano.
….
Que Dios esté contigo y te bendiga,
que veas a los hijos de tus hijos,
que seas pobre en infortunios
y rico en bendiciones.
Que a partir de este día sólo conozcas la felicidad
….
Qué el camino nos lleve a encontrarnos,
que el viento sople siempre a tu favor,
que los cálidos rayos del sol caigan sobre tu casa
y que siempre tengas cerca una mano amiga.

Que siempre esté verde la hierba que pisas
y azul el cielo sobre ti,
que sean completas las alegrías que te rodean
y sinceros los corazones que te aman.


El sentido


 

Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que
realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser
humano que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero
también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza
erguida  y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios.

Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido
 



Los hombres son crueles, pero el Ser Humano es bondadoso.

Tagore, Pájaros errantes
 

En toda transformación hay primeramente un despertar. Cae la
ilusión y queda la desilusión, se desvanece el engaño y queda
el desengaño. Sí, todo despertar es un desengaño desde las
verdades fundamentales del príncipe Sakkiamuni hasta las convicciones
del Eclesiastés. Pero el desengaño puede ser la primera piedra de un
mundo nuevo. Si analizamos los comienzos de los grandes santos, si observamos
las transformaciones espirituales que ocurren a nuestro derredor, en
todos ellos descubriremos, como paso previo, un despertar: el hombre
se convence de que toda la realidad es efímera o impermanente, de
que nada tiene solidez, salvo Dios.

Ignacio Larrañaga, El Hermano de Asís


 


Un libro como una caja de Pandora

Norma Etcheverry
"La vida leve"

 

Nota en Literarias del diario El Día, La Plata:
http://www.eldia.com.ar/edis/20150104/Poesia-libro-como-Caja-Pandora-septimodia3.htm



Texto completo de la presentación:
Un libro como una Caja de Pandora

“La vida leve”, cuarto libro de Norma Etcheverry, se ha instalado en estos días en mí como una certeza de lo cíclico del tiempo, de lo espiralado del tiempo y de la aparición de una lengua común. Lengua macerada a través de los años por un grupo de amigas poetas sin ninguna filiación pero con varios acuerdos. Un tapiz tejiéndose en la relación que se establece a través de la poesía, mediante la palabra.

Hay lenguajes sin literatura pero no hay literatura sin lenguaje, nos recuerda G.Steiner, pero a su vez, la literatura es lenguaje en un “estado” especial porque “significa” algo: esto es cómo escribimos lo que escribimos, cuál es el matiz. En tal sentido aquí Norma nos habla desde una perspectiva primordial sobre aquello que otros no podríamos ver. “A veces, se está lejos de todo, lejos del pasado y lejos del futuro” escribe Norma en “El tiempo”. Tomo esta frase/verso/oración además, como un ejemplo de ese “no sé” continuo que sitúa al poeta en una situación de incertidumbre ante el mundo, y en especial, ante la inestabilidad de la naturaleza humana. En este libro, Etcheverry, que ya se ha preguntado sobre la naturaleza humana y la condición de la persona, enhebra fragmentos que buscan expresar marcas ante ese “no sé”, ante la subversión de las horas y nuestro devenir en paisajes, emociones, sentimientos, cuerpo.

Desde el punto de vista de su estructura, este libro se despliega entre distintos registros pero la columna que lo sostiene, su canal de navegación diría yo, pasa indudablemente por lo lírico: hay un tono, un temperamento, un tempo en este texto que hace que uno sepa que “La vida leve”, más allá de su forma, es poesía. Mediante esta deseable mutación de los géneros, fluyen a través de sus páginas epifanías que se van deslizando, enjambre de destellos que relucen y estrellas que, en un cielo negro, iluminan, estrellas que podríamos nombrar como Kundera, Ciorán, Durás. Estos escritos que componen el libro, “pequeños colapsos” como escribe Teuco Castilla al referirse a ellos, afianzan una poética cuyos ojos mientras hablan miran hacia adentro con la convicción de que la vida interior es el instante narrado. Así acontecen entonces en “La vida leve” el bosque de Etosha en otoño cruzado por un sueño,  la culpa que involucra a Van Gogh, el Río Tirodentes que se observa recordando la letra de una canción que Roger Waters dispara contra un muro, el Trópico de Cáncer atravesado en un estado semifebril, las duras mujeres del mercado de Quillocollo en el Altiplano,  Praga con su peso primordial, y esa mujer fija en la retina que nunca dejará de esperar en el final del muelle.

Quien escribe aquí, por lo tanto, escribe con palabras que traducen aquello que ya estaba en su interior, aquello que quería ser dicho con la intención de suspender el tiempo, porque escribir es ofrecerle la palma de la mano a la levedad. Corrida de género y sujeto, corrimiento que enriquece esta atmósfera incierta, quien escribe, además, se sitúa entre lo lejano y lo permanente en un libro que es como una caja de Pandora. Sonoridad, huella, resplandor de quien está siendo a través de la palabra. En “La tarde de un escritor”, Peter Handke habla de la soledad del escritor. En el film “Las alas del deseo” el mismo Handke repite en un leitmotiv “cuando el niño era niño” remontándonos al origen del Ser. Ese asombro primigenio, que también es la soledad ante el asombro, encuentra aquí una manera de expresarse en una alternancia que transcurre entre la oscuridad y la luz.

Poco a poco “La vida leve” se convierte en una ceremonia compartida, caleidoscopio que sugiere más de lo que dice y que en cada una de sus partes habla de otras cosas. Ya desde su título nos remite a un ritual afín, a una habitación de espejos: tan arraigado está en nuestra generación Kundera, barcaza mayor o Sirio, símbolo de aquello que alguna vez pretendimos ilusamente ser. En esta comunión con la escritura, Ciorán se instala entrañablemente y en un sobresalto la muerte de Marguerite Duras nos desampara mientras el agua crece y crece ante la incertidumbre, ante lo que ya no, el agua crece, ante la duda, ante el miedo, ante “lo que sólo ocurre una vez y que no cuenta” - como dice el proverbio alemán que cita Norma en el principio -. En definitiva, el agua crece ante la levedad.

En el texto final que se llama “El manzano”, Norma escribe: “Como un amor que nace enfermo y esperamos que cure, lo regué cada día, cada estación del año. Cuando un amor así brota de la tierra, todos los males y todos los bienes se desparraman. Guardamos la esperanza en la caja de Pandora”. Otra vez aquí, entre recortes, vestigios, detalles, la vida es “la eternidad y un día”, viajando siempre, el camino todo el tiempo delante.

Sandra Cornejo, La Plata, diciembre 2014.
 


Bendiciones

2014/2015

 

Confío  en que salgas y dejes que te ocurran cuentos, es decir, vida,
y que trabajes con estos cuentos de tu vida –la tuya, no la de otra
persona-, que los riegues con tu sangre y tus lágrimas y tu risa hasta que
florezcan, hasta que tú misma florezcas. Ésta es la tarea. La única tarea.
                                                            

                                                                                                  Clarissa Pinkola Estés
 

No nos tendrían que preocupar mucho los grandes logros (que son preocupaciones
más propias de conquistadores que de exploradores).
Alcanza con que demos testimonio de que sigue habiendo
un bosque, de que el bosque resiste, y de que todavía se puede jugar en sus orillas.

Los chicos de la ronda saben que el juego sólo durará lo que tarde el lobo en vestirse,
pero eso no les preocupa. La abuela sabe que la muerte está rondando en la espesura,
pero jamás dejaría de entrar al bosque por eso. En todo caso, si se cansa, siempre
puede echarse boca arriba sobre la tierra mojada y mirar el cielo por entre
los líquenes y las ramas.

                                                                                                         
                                                                                                         Graciela Montes
 


Navidades


 

Apenas iniciado el 2000, un niño y un hombre coinciden en una navidad. El hombre y el niño
encienden cañitas voladoras. Disfrutan, se concentran en el objetivo. Concilian, como si los
uniera un acuerdo tácito, o un ritual común.

El niño, con asombro, mira en lo alto el modo en que explotan esas luces estridentes. Se
conmueve. Salta y corre en torno a los cometas, en una esquina, sobre una calle.
Confía en la sabiduría de su compañero. Aguarda ávido el próximo fósforo. El hombre, firme, pero suave,
lo guía, lo serena. Lo acompaña. De alguna manera lo protege. Juntos, casi solos, bajo ese cielo,
sonríen, cómplices, con un arsenal por compartir y confidencias que sólo ellos podrían
comprender.

A pocos metros, la madre del niño observa la escena. La noche, que se ha vuelto incandescente,
es inmensamente limpia. Y bella. En ese instante en el que mira, la madre siente que ese hombre y
ese niño se han cruzado por primera y última vez. Se han reunido para despedirse. De alguna manera,
el hombre quedará en el niño, el niño en el hombre. Mientras tanto, juegan, se sonríen. 
La oscuridad resplandece.

 

Sandra Cornejo, navidad 2014.
Para H. M. Su buen corazón.


Imagen: http://www.tiempo.com/ram/138352/cometa-de-navidad/

 


La poesía como una certidumbre

Rafael F. Oteriño
"El día"-octubre

 

 

La poesía como una certidumbre


Por Sandra Cornejo en:

http://www.eldia.com.ar/edis/20141026/Poeta-platense-poesia-como-certidumbre-septimodia2.htm


Una mirada sobre la obra de Rafael Felipe Oteriño a raíz de la publicación de “Viento extranjero” (Ediciones del Dock 2014). El poeta, que ha publicado más de 12 libros con distintos premios, fue designado recientemente miembro de número de la Academia Argentina de Letras y obtuvo en septiembre pasado la distinción Rosa de Cobre otorgada por la Biblioteca Nacional.



El poeta percibe en una epifanía que en nuestras propias casas somos una especie de huéspedes. Lo escribe en un poema de su último libro y nos dice: ellas nos amparan, nos prestan su lámpara: “en los días malos nos cobijan”. Sabe también que las cosas no duran (se suceden), que la permanencia (ansiada desde los primeros balbuceos) es un anhelo en el que los jardines se vuelven otoñales o lo escrito se dispersa sobre el agua.

Por naturaleza, va y viene en un tiempo de paisajes interiores que lo guardan en su errancia. Es en ese acontecer que el poeta le escribe un poema  de adiós a Symborska. Por un instante, él también (como su entrañable escritora polaca) “pone los platos sobre la mesa y da de comer a los fantasmas”. Sin embargo, el poeta sonríe en la profundidad de su silencio porque comprende que la orfandad (la extranjería) es, al cabo, una condición más del ser humano, y así, en su universo de imágenes concluye, ya en la madurez, que “la vida es el lugar”. La vida toda, sencillamente, “sin mapa ni linterna ni lastimadura en el corazón”.

Su geografía (la del poeta) ha sido variada. De raíces platenses, se ha ido habituando a la “planicie que está detrás de las olas”, descripción con la que enuncia a su “otra” ciudad, Mar del Plata, donde vive desde hace más de 40 años. Suele recorrer el mundo y entonces un  viento sereno lo mece entre su lengua madre y su lengua extranjera, ambas, para él, “un lago transparente” en el que se zambulle y nada: la lengua madre de los poetas amigos, la lengua extranjera a la que se asoma “como a un reino”. Los molinos de la escritura se inflaman en uno u otro valle. La suya es una labranza detallista, persistente, en donde lo mínimo se desliza para buscar evidencias de un mundo que no termina en la profundidad porque habrá otro orden después, por descubrir, por comprender. Es así como para él “la poesía tiene el don de hacernos personas” porque es a través de su “desconocer que lleva al conocimiento” y porque, en tal sentido, “la función del poeta es explorar el mundo”.

Sus temas y recurrencias son “el pasado, la naturaleza, la fragilidad de la existencia, la memoria como receptora de lo visto y vivido (sitios, maestros, viajes, lecturas), la vida como decurso”; ha dicho también que “la poesía es una última red de sentido que toma su valor cuando los otros medios del conocer fracasan”. Ha buscado abrigo en lo invisible y lo callado; aprendió a confiar en un bosque del que no ha salido, en el claro de un bosque al que llegó extraviado, con “los pies descalzos” entre “las flores desnudas”.

Un poeta que el poeta admira (polaco, como Symborska) escribió en un libro inhallable “que los espíritus buenos, no malignos, hagan de nosotros un instrumento”. Lo dijo a raíz del sentido del poema, del efecto del arte poético. Otro de sus hermanos poetas (esta vez un irlandés) subrayó, al recibir un premio universal, que la poesía tiene “el poder de recordarnos que somos cazadores y recolectores de valores”. Así como estas voces que nos rodean, en su tempo y en su tono Oteriño (el poeta) nos envuelve en un paisaje propio, bucólico, lúcido, donde “un viento extranjero aparta las ramas”. Y canta. Fluye en él la poesía como una certidumbre, una compañera de viaje en la que se confía y de la que se espera lo  imposible.

Octubre 2014.
Foto: Rafael Felipe Oteriño en Oñati, comunidad de Gipuzcoa, España.

 

 


“En torno a las palabras”

Inicio: 28 de octubre
Biblioteca Central-La Plata

 

“En torno a las palabras”
Lecturas en la Biblioteca

 

Comprendiendo que “leer es siempre una aventura” este espacio está destinado a quienes quieran compartir un ámbito dedicado a la recreación. Sólo se requiere interés por la literatura. Se tomarán distintos textos abonando la idea de que mediante la lectura se “crean, descubren y conocen mundos”. Espacio abierto y gratuito.
Biblioteca Central “Ernesto Sábato”, calle 47 N° 510 esq. 5, La Plata.

Organiza: Dirección Provincial de Bibliotecas y Promoción de la Lectura del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires.

Informes e inscripción: extensionliteraria2013@gmail.com

Inicio: martes 28 de octubre, 17 hs.
Desarrollo: martes de noviembre, 17 hs.
Cierre: 2 de diciembre mediante una lectura compartida y abierta a todo público
Coordina: Sandra Cornejo

Se entregará un certificado de la Dirección Provincial de Bibliotecas y Promoción de la Lectura del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires.

Algunos autores: Si bien la bibliografía hará hincapié en la poesía, la misma se irá enriqueciendo luego del diálogo inicial. Algunos poetas a abordar serán los más próximos, tales como Horacio Castillo, Rafael Felipe Oteriño o Ana Emilia Lahitte pero se apuntará a escritores en general  tales como George Steiner, Diamela Eltit, Peter Handke, Olga Orozco, Diana Bellessi, Seamus Heaney, Blanca Varela, Czeslaw Milosz, César Vallejo, Octavio Paz, Adrienne Rich, Wislawa  Szymborska o Tomás Tranströmer, entre tantos otros que han marcado y marcan un camino en el universo de las letras.

 

 


Un pozo


Como el viento que cada temporada empezaba a soplar con mayor intensidad, las imágenes de su recurrente pesadilla se repetían más fuertes cada año. Una y otra noche un cuerpo –el suyo– se entreabría en medio del espeso oleaje de agua turbia desesperado por alcanzar la orilla –imperceptible muro al que lamía, invariablemente, un líquido marrón–.

Al despertar, no sabía si en el final –si es que el sueño tenía un final– la persona que braceaba en medio del turbulento mar, confundido con la noche, era una premonición o una amenaza. Tampoco sabía si esa figura pataleando en el limbo de su pesadilla lograría llegar al borde. Suponiendo la existencia de un borde.

Había imaginado que regresaría en invierno, y allí estaba, sobre el filoso camino de cornisa, a pocos kilómetros de la casa. Mientras el auto doblaba la curva más estrecha, una bandada de gansos, sobre las copas de los plátanos centenarios, seguía en vuelo lineal a su líder. Erguidos, altos, los troncos de esos árboles que bordeaban el último tramo del trayecto, le recordaron el sueño de la noche anterior: entre la borrasca había un barco, una silueta cansada cerca de los arrecifes, un andamiaje que sostenía apenas algo parecido a una persona. También pudo ver agujeros en el agua, profundos remolinos que se abrían alrededor, y en mitad de la imagen, una vara, una especie de molino incierto que hacía de torre de los vientos. Recordó, mientras avanzaba hacia la casa, haber leído alguna vez que los beduinos creían que el espíritu maligno se escondía y cabalgaba en los remolinos de viento, y porqué no en el centro de los remolinos de agua, pensó.

Habitualmente, al despertarse, no sentía miedo, sólo extrañeza. Si bien en realidad nunca pudo aprender a nadar, en su pesadilla nadaba con una destreza notable. Algunas veces, en su sueño, caminaba con evidente pericia muy cerca del precipicio mohoso; otras, mientras la altura del agua crecía a marejadas, observaba con una quietud ancestral el inminente peligro. Algunas noches tenía que lanzarse sobre la profunda masa acuosa, bracear desde una oscuridad oceánica hacia otro risco. En pocas ocasiones había gente alrededor, apariencias tranquilizadoras. De vez en cuando cargaba otros cuerpos sobre el suyo, los llevaba hacia alguna parte segura por un diminuto camino que se alzaba sobre el agua, un sendero suave de piedras o arena o ripio o troncos que nacía desde lo hondo y se extendía bajo sus pasos como una cuerda que se desovilla.

Atardecía. Al llegar a la casa largamente abandonada, comprobó, con alivio, que aún estaba allí –cerca y detrás y a pesar de los años– el sereno y profundo pozo de agua estancada. Familiar, sereno y seguro pozo de agua estancada, murmuró, mientras sacaba su bolso del baúl. Era agosto y sus borceguíes chirriaron sobre la escarcha. Como un alfarero improvisado, sin conocimiento de la materia a la cual se acercaba, corrió los postigos y empezó a hacerse un sitio dentro de los cuartos. El frío le llegó a la garganta y no pudo evitar una sensación antigua. Afuera, los plátanos crujieron en sus ramas más altas, era la hora que precede al anochecer, cuando todavía cierta luz divide la plena oscuridad de las sombras. Se distrajo mirando los árboles balancearse con una fortaleza inaudita, así permaneció, viéndoles moverse bajo un cielo tormentoso, hasta que las ramas se convirtieron en manchas borrosas detrás del ventanal.

En esos detalles recordó ciertos signos del pasado. Los desapacibles colores de entonces empezaron a trazar dos caras bajo sus párpados: dos niños, no mayores de ocho años, con un par de cantimploras y algunos sándwiches, caminaban hacia los arrecifes, sonrientes. Uno de ellos –el rostro más difuso en su memoria– se apresuraba, inquieto, sobre las rocas. Era quien decidía invariablemente cuáles troncos elegirían para cruzar la grieta de la montaña. El otro simplemente seguía las pisadas. En alguna parte las huellas se perdían, nieve acuosa convertida en barro. Nadie.

Se movió con calma. El viento, la casa, el silencio, lentamente restauraron su mundo. Cerró las cortinas y encendió la estufa. La penumbra se esfumó de los espacios cercanos. Releer otra vez aquel tiempo, murmuró.

Afuera, sobre la superficie del pozo, empezó a soplar una leve brisa.
 

(Inédito)
Sandra Cornejo / Todo lo perdido reaparece
En: http://www.abacq.org/cuaderno/index.php?Sandra-cornejo-todo-lo-perdido-reaparece

 


El diálogo y otros poemas

en
Poesía La Plata

 

"El diálogo" y otros poemas,
una selección de José María Pallaoro sobre poemas de Sandra Cornejo.

En: http://poesialaplata.blogspot.com.ar/2014/09/sandra-cornejo-el-dialogo-y-otros-poemas.html

 

 

Foto: El hijo, 2010, Esquel.


Variaciones en torno de Horacio Castillo

3 de agosto 2014
La Plata

Variaciones en torno de Horacio Castillo

por Sandra Cornejo
en: http://www.eldia.com.ar/edis/20140803/Variaciones-torno-Horacio-Castillo-septimodia4.htm

En “Visita al maestro” (Alaska, 1993) Horacio Castillo escribe un verso sustancial con el que cierra el poema: “El silencio del cuarto es el silencio del mundo”. Podría arriesgarme a decir que en torno a este verso -a su reposada sabiduría- se logra vislumbrar una obra de innumerables aristas cuyo rigor y luminosidad empieza a dejar su huella en una emergente generación de escritores.

Si bien Castillo (Ensenada 1934, La Plata 2010) ha sido considerado un “poeta secreto”, su poesía es motivo de estudio en  las diversas lenguas a las que fue traducida. Tuvo también la enorme responsabilidad, como miembro de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española “de dar unidad al idioma, de estudiar, acrecentar y perfeccionar ese patrimonio” según sus propias palabras.

Sin embargo es su poesía lo que nos convoca cada vez que releemos sus libros. Es su manera de estar en la escritura lo que nos induce a buscar un faro cuando el miedo a lo que habrá detrás del horizonte pone en duda este mundo de bordes confusos. Para sus propias incertidumbres (que atraviesan una obra de profunda indagación metafísica) eligió el universo griego como resguardo: “Yo pertenezco, culturalmente, al mundo occidental de lo oscuro –explicaba-, la frecuentación del mundo griego, empezando por su luminosa lengua, me ha permitido abrir una brecha y experimentar la transparencia, que hace visible lo esencial”.

Pocos libros de poesía: “Descripción” (1971); “Materia acre” (1974); “Tuerto rey” (1982); “Alaska” (1993); “Los gatos de la Acrópolis” (1998); “Cendra” (2000); “Música de la víctima y otros poemas” (2003) y “Mandala” (2005), otros de ensayo en los que observa a Sarmiento o Rojas o Girri, diversas traducciones de Elytis, Ritsos, Calímaco o de poetas griegos modernos conforman una bibliografía breve, pero necesaria, donde hallamos lo que él pretendía: la poesía como una forma de percepción del misterio, del Ser.

Recuerdo que al cumplirse un año de su muerte escribí: “Leerlo era (es) observar un caleidoscopio con inscripciones acerca del acontecer del Espíritu humano, en un tiempo-espacio indeterminable, donde la ´misteriosidad´ (´esa cualidad inherente a todo lo que es por el solo hecho de ser´) forma parte ´de la aventura colosal de la Creación´. Contaba también en aquel recuerdo que desde las primeras lecturas mías de “Tuerto rey” ya no pude desprenderme de esa cosmogonía suya de murallas, navegantes solitarios, ciudades del sol,  palabras salidas de una lengua muerta, fosos que daban a la eternidad, monos, focas, ranas, pueblos de una zona extraña y entrañable, trenes cargados de ganado (humano) y, en definitiva, innumerables signos de una poética que al fin y al cabo no hacía más (ni menos) que preguntarse por qué y dónde el principio y el fin; por qué, nuestra condición, nuestro acontecer, esta situación insondable de la vida y de la muerte.

Para quienes sentimos que el poeta, como pensaba Octavio Paz es “el barquero de los muertos y los vivos” o “una especie de místico” como afirmaba Hilda Doolittle, encontramos en la obra de Horacio Castillo un vasto continente blanco al que llegamos siempre desnudos y sin armas, con la tranquila seguridad de  que allí podremos pertrecharnos para continuar el camino. Un camino que es un viaje hacia la Visión, derrotero que él emprendió hace muchos años, que nosotros seguimos y que otros seguirán por nosotros.

Sandra Cornejo

 

 

 

 


"Bajo los ríos del cielo"

por Rafael F. Oteriño

Destellos de la inteligencia
en brazos de la sensibilidad
 

por Rafael Felipe Oteriño

en:
http://www.eldia.com.ar/edis/20140706/Poesia-destellos-inteligencia-brazos-sensibilidad-septimodia5.htm
 

En el poema “Tríptico de Santiago”, con el que concluye el libro, Sandra Cornejo hace explícito ese grado del asombro que siempre acompaña a la poesía y que no sin acierto se ha dado en llamar “extrañamiento”. Esto es, la percepción de que somos algo más –extraño, secreto, inasible- que la persona que responde a nuestras señas de identidad. Quizás toda la génesis de la poesía podría explicarse a partir ese destierro que nos desdobla y nos muestra como una pieza inagotable de este universo. Quizás todo el arte no sea más que un efecto de esa dimensión: como cura espiritual, como sutura de las heridas expuestas, como espejo de nuestra heterogeneidad. Sandra Cornejo describe esa certidumbre y, conciliadora -ya de vuelta de la experiencia-, concluye diciendo: A veces, ser otra es una buena costumbre./ Inmigrante en una misma./ Los ojos como si fueran nuevos./ La mano que aprieta levemente/ lo ajeno en una mano propia./ La otra que anda por ahí/ sola, abandonada de una. Esa que/ retirándose del sitio que le dio cobijo/ junta las palmas, agradece/ observa el espacio, memoriza.

El poema y, al cabo, el libro en su totalidad cumplen ese derrotero de madurez y capacidad poética que enlaza la acción de lo cotidiano con un gesto afirmativo de conciliación. No muestra desgarros sino huellas, memoria: la sabia aceptación de los límites y el regocijo por los dones. En los entredichos de un viaje por el reconocible sur patagónico, la autora realiza el excitante viaje interior en el que los extremos tienden a acercarse, los límites de lo imponderable se diluyen, mientras la paz –acuerdo con el mundo- sustituye a la ansiedad. Con tono conversado, amistoso, confidente, va abriendo sendas en el profuso bosque de la vida vivida y de la vida reflexionada. Y lo que puede ser la exploración de una ladera ignota, en un paisaje helado, se convierte, por virtud de la magia poética, en la descripción de un estado del alma: quebradizo se hace el gris/ simple el horizonte.

Porque en esta poesía la peripecia exterior es punto de inflexión de la peripecia interior, y de este modo la poesía se vuelve zona de descubrimiento, bastión del conocer. Las cosas son lo que son, pero en el horizonte del poema son, en primer lugar, locución de lo velado. Por eso, los detalles –aquellos que Nabokov aconsejaba acariciar para conocer el venero del texto- se convierten, sin mengua de la literalidad, en artífices de una escritura que se despliega en el universo de lo simbólico. El verso En los detalles la vida fue haciéndonos es –así comprendemos- menos una claudicación que la sabia aceptación de la labor del tiempo. Continuadora de la fina tradición poética platense, Sandra Cornejo sabe el significado de las cosas mínimas –la madera, la amarra, la mesa, la taza de té- y con ellas, sobreelevadas a la condición de significantes, construye su poesía que tiene tanto de reunión como de abrazo. Quiero decir: de unión de partes que la vida fue extraviando y que se reinician en la página como frutos del lenguaje.

En el poema “Un lago” voy a detenerme para concluir esta reseña. Es una pieza de ejemplar transfiguración poética. En la primera estrofa la autora recuerda un hecho corriente que le fue confiado: la profundidad de un lago es semejante a la altura de las montañas que lo rodean. En la segunda, hace pie en una aventura personal: haber caminado por el muelle, en compañía, haciendo equilibrio entre hierros atravesados/ sobre un apoyo invisible. De ahí, hasta el final, las imágenes giran, se interpolan, el verso retoma el símbolo, y aquella profundidad del fondo del lago se convierte en la presencia insondable de la vida. El poema ha producido el acto revelador. La poesía cumple, en imágenes, su tarea de aproximarnos al milagro. La contratapa lleva una lucida reflexión de María Teresa Andruetto sobre la poesía de Sandra Cornejo.

                                                                                      Rafael Felipe Oteriño

Sandra Cornejo, Bajo los ríos del cielo
Ediciones Al Margen, La Plata, 2014

         

 


Bajo los ríos del cielo

(Ediciones Al Margen
2014)

En: http://letras.s5.com/scor180614.html

Leí con avidez Bajo los ríos del cielo del que ya conocía el Tríptico de Santiago. Después, en la mansedumbre de las relecturas, el libro se me fue quedando en el alma, como ya han quedado Sin suelo (Vox, 2001) y Partes del mundo (Alción, 2005). Quedar en la memoria de un lector es, como bien lo sabía Banchs, la única gloria del poeta. Luego podríamos hablar de las zonas que estos poemas visitan (el tiempo, los amigos, la vida que se bifurca, los hijos) y sobre todo del uso tan personal del lenguaje, del equilibrio entre lo biográfico y lo ficcional, lo emotivo y lo material, lo cotidiano y el misterio…, de la vitalidad, la melancolía, el desencanto. Conmovedoras en su condensación y en el trabajo exquisito de la forma, las palabras aquí calzan a su materia como un guante, todo lo cual convierte a Sandra Cornejo en una de las voces más sugerentes de su generación. Sin embargo esta tarde, aquí en las sierras, leyendo sus poemas bajo los ríos de este cielo, más que decir todo eso, lo que quisiera es contarles que estos versos se han quedado conmigo y que yo, como en las líneas finales del Tríptico, me he convertido en esa que /retirándose del sitio que le dio cobijo/ junta las palmas, agradece…/conserva la inmensa prontitud/ y se va/ abrigadísima de Dios. 

María Teresa Andruetto



 

Tríptico de Santiago

I

Bajo los árboles entrelazados, una paloma. Cierta y gris.
En el Parque Forestal
cerca de la calle Monjitas
Lila y la mejor de las suertes
me confían este Infarto del alma
que leo sobre un banco.

No reconozco los humores de aquellos
que parecen desdoblar
sus gustos. O cambiar de frase en frase.
Sé que este libro
buscado por años
en su primera hoja dice:

“Te escribo.
¿Has visto mi rostro en alguno de tus sueños?”.

Y eso basta.

Puede que nadie sea reconocible
pero aquí, entre las hojas,
se afianza una íntima paz.

II

Me gustaría hablar con alguien
alguien que se acerque
que se siente junto a mí en este banco del parque
y me hable
en un idioma amigo
sosegado
como esta paloma que abajito me mira
y me conversa.

III

A veces, ser otra es una buena costumbre.
Inmigrante en una misma.
Los ojos como si fueran nuevos.
La mano que aprieta levemente
lo ajeno en una mano propia.
La otra que anda por ahí
sola, abandonada de una.
Esa que
retirándose del sitio que le dio cobijo
junta las palmas, agradece
observa el espacio, memoriza

conserva la inmensa prontitud
su presencia
cuando la paloma se lanza hacia la copa
del árbol trenzado sobre su cabeza
y se va
abrigadísima de Dios.


(A Diamela Eltit, su Presencia
Santiago de Chile, noviembre de 2011)



En la foto: Lara Villaro, Sandra Cornejo, Ximena Villaro
Alianza Francesa, La Plata, 30 de mayo 2014

 


Gabo


 

—“¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?”,
le preguntó en los años setenta su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza.

 —“No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela.
Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor.
Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo,
me dije: ‘Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa”.

Todo el texto en:
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/06/actualidad/1391715274_928706.html


Terrón de barro

La Plata
2 de abril



Terrón de barro

 
La tempestad cubre el mundo y toda la realidad.
Se traga el auditorio e incluso a los que traman
espectáculos.
Pero Próspero tal vez no previó nada
y al libro de magia se lo llevó la corriente.
 
Qué asco la lujuria de lo grandioso.
Sólo podía hablar de pequeñas cosas.
 
Y sin embargo llegó tarde la noticia de la tormenta.
Y tuvo un miedo gigante
 
por la lluvia de cuatro años en solo una noche.
 
Después de la inundación
vino el recuento de lo perdido. Tu hijo está vivo.
Podés nomás ir a trabajar.
Hace siete horas se conectó al libro de las caras.
 
Ésa de la señora flotando en una piscina de improviso
dentro mismo de su casa, no se la va a olvidar.
 
Ni a la madre que sacó a todos sus hijos de la casita,
uno en la espalda, otro bajo el brazo derecho, la tercera
bajo el izquierdo, el bebé sujeto por delante.
Se dio cuenta saliendo
a flote. El de pecho se perdió en la corriente
que ella nunca volverá a cruzar.
 
El negocio del amigo quedó cubierto,
las máquinas y las ropas resistentes, todas perdidas.
Es la ganancia del barro. Él ya no duerme, desentierra,
esquiva los restos del temporal.
 
¿Un triste aniversario, día feriado, tu compañero de trabajo
bajo plátanos, tilos o naranjos pedaleaba cuando el agua
lo llevó a un paradero de limo?
 
No hay comienzo ni fin, pero hay repetición y gobernantes
que visitan el día después de la gran inundación
las veredas cubiertas de basura y colchones anegados.
Hasta las ranas y los escarabajos, las cucarachas milenarias
se habrán ahogado con las campanillas
barridas con una pluma de carancho sobre el Arroyo del Gato.
Ladran los perros guardianes por el fin de la propiedad.
 
Nadie sabe cuántos paraguayos
desaparecieron de su propia vida, invisibles
para siempre del resto,
como lo fueron antes.
 
La tempestad misma envuelta en cuero, vino en harapos
porque mucho antes el agua de La Plata la había castigado.
 
Un tomo blando que fue un don de un ser querido a otro,
ambos ya idos. Cada uno por su catástrofe a destiempo.
 
Mi padre le regaló La tempestad a mi madre.
 
Escuchá un poco más. La biblioteca fue un reino
enorme y hubiera sido pecado dudar
de la honradez de mi abuela.
 
Mi padre hizo llover
lágrimas y un nene provisorio nos sonrió
y salvó de la tormenta.
 
¿Cómo decir del agua que es dulce? ¿Cómo ganar
la orilla?
 
Esas lecciones me sacaron
buena parte de la frivolidad.
Ya que debí crecer
en el hueco de un tilo,
me acostumbré
a ser invisible.
 
Visibilidad, comunicación, mitos barrosos.
¡Monstruos y catástrofes,
muéstrense bien! Sin siquiera la gracia
de la cresta de una ola.
Hokusai se volvía pincel al surfear.
 
Monstruitos, viendo todo no ven
cómo libera la reserva. Distraídos
por la repetición en el reflejo, no vieron
las piedritas ni el musgo ay
del pasaje, ni la savia ni la hormiga
en el hueco del tilo.
 
Una muela de leche guardada
en un alhajero se salvó.
 
¿Qué ves? La suela dura y chata
de una alpargata seca, colchones destripados,
restos de sillas y maderas podridas.
Los aparatos de la conexión
incomunicados para siempre y las huellas
biodegradables de los habitantes invisibles.
 
Casilla y cartón. Terrón de barro.
 
Terror del paradero inconcluso.
Todo está cambiando
de lugar. ¿Y sin embargo qué ves?
 
¡Enjambres!
No son abejas, ni moscardones. Ni las moscas
de la mierda de tan real
tan alegórica.
 
Son chicas y chicos en escuadrillas
aleatorias que organizan el desentierro,
del residuo del temporal.
Limpian el porvenir
frágil sin embargo.
 
Estás viendo a tu hijo! Delegado del barrio.
Pero tus hijos no son tus hijos, sino hijos e hijas
del amor, de las catástrofes
y de la mutación.
 
Revoloteos luminosos entre el paco y el barro.
Campanillas fosforescentes salen de un tacho.
Se viene otra tormenta.
La oigo cantar en el viento. Daré una vuelta
para calmar la agitación.
Cric cric cric cric cric
luciérnagas, grillos, ranas me alegrarán.
 
¿Cómo están ahora? ¿Quién era tu compañero? ¿Tenía cierta edad?
Si no querés, no me digas nada. Lo que pude leer y escuchar dejó
filtrar apenas un resto de limo secado sobre un diario de ayer.
Nadie puede ponerse en el lugar del otro.
Cómo pudo ser una corriente sin río, adónde iba.
En Mendoza es más fácil darse cuenta.
El deshielo carga el río y los zanjones rebalsan,
el agua “atormentada” se lleva todo. El terremoto
sacude y traga.
La gente convive con el suspenso como
en los alrededores de un volcán.
 
Pero La Plata fue privada de orillas y montañas.
A cambio, pájaros y cigarras.
 
–Hay mil anécdotas terribles que trato de filtrar, por la psicosis
que genera semejante desastre.
Esta noche se pronostica lluvia... imaginate lo que se siente.
Este compañero iba en bici la noche de la tragedia
y se lo llevó la corriente. Profunda tristeza.
 
¿Cómo te diste cuenta?
¿Una gota cayó en una cuchara y te despertó?
¿Acaso gritos en medio del sueño te llamaron
sin conocerte?
–Lo supe al otro día,
cuando salí a la calle. La mía es
la más alta del barrio.
Un poco más allá los desagües estaban saturados,
las cloacas desbordaban. Mucho se dijo
sobre quién se dio cuenta, quién no.
Desagotaba su casa, se ponía a salvar
muebles cuando de pronto pensó
¿alguien estará en peligro?
 
La boca de tormenta, la gárgola
horizontal y callejera
¿vomitaba o tragaba?
 
Me acuerdo bien. La lluvia que tanto quise
en el desierto, en Tolosa no podía ser feliz.
 
¿Adónde fueron tu compañero en bici y las nenas
que raptó la corriente? Pudieron gritar
en castellano, en guaraní revueltas
en una sopa de barro
espesa como la pobreza? Imaginate,
era feriado. Si hubiera sido un día hábil, la
cantidad de gente por la calle.
No hay barrio que no haya sido afectado.
 
Hay barro.
 
Han desaparecido de una manera extraña.
 
Esas figuras, esos gestos,
sin el auxilio de la palabra
forman un lenguaje mudo.
 
Mirá, mirá directamente.
No hay moluscos en estos charcos.
Pero se van cubriendo de unas redes de araña
que sobrevuelan teros y benteveos.
 
Escuchá, parece el chasquido de una pala.
 
Después de destilar
su aniversario de guerra vuelve
el sol alegremente
y las partículas de los rayos
se amotinan en cada agujero.
 
Belleville, 8 – 23 de abril 2013
 
 
Este poema pertenece a Roxana Páez y fue escrito con motivo de las inundaciones ocurridas el 2 de abril
de 2013 en la ciudad de La Plata, Argentina.

Fuente y más Roxana Páez en:
http://lospoetasnovanalcielo.blogspot.com.ar/
 


Día mundial de la poesía

21 de marzo

Roberto Frost, en su época,  señalaba que todo lenguaje, excepto el matemático o científico,
es metáfora de una cierta realidad.
Algo más tarde, sin embargo, Jorge Luis Borges opinaba que no existe una diferencia esencial
entre la metáfora y lo que los profesionales de la ciencia denominan explicación de los fenómenos.
¿Difiere en algo, entonces, el lenguaje del arte del de la ciencia?
Probablemente sólo en el hecho de que el primero apela no exclusivamente a la razón sino también a la emoción.
De allí, posiblemente, que Frost pensara que la mejor manera de aprender y de enseñar fuese a través de la poesía,
puesto que, precisamente, el individuo no puede separar esos dos componentes fundamentales que, 
por poseerlos, lo diferencian del resto de las criaturas del universo.

Jorge R. Sagastume
En el prólogo de Parábolas a medianoche de Lyubomir Nikolov
(Ediciones al Margen 2006)

 

Durante su 30° reunión, en París en octubre-noviembre de 1999,
la Conferencia general de la UNESCO decidió de proclamar el
21 de marzo como Día mundial de la poesía.

«Como expresión profunda del espíritu humano, como arte universal,
la poesía es una herramienta de diálogo y acercamiento.
Al dar acceso a la expresión auténtica de una lengua,
la difusión de la poesía contribuye al diálogo entre las culturas y al entendimiento mutuo.»

Mensaje de la Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Poesía 2014.

 

 


2013/2014

desde un modesto planeta
nebuloso y azul...bendiciones




En la playa de interminables mundos
los niños juegan.

Rabindranath Tagore

Un día, un monje, al volver a casa desde el bosque, donde había estado recogiendo madera,
se detuvo a oír el canto de un pájaro. Su canción era particularmente hermosa y el monje
quedó suspendido, extasiado, durante  unos breves momentos antes de proseguir su camino.
Cuando llegó al monasterio, descubrió nuevas caras en él.
Mientras estaba escuchando el canto del pájaro, todos sus hermanos habían muerto
y había pasado un siglo. Al entrar plenamente en un momento concreto del tiempo,
el monje había tocado la eternidad.

John Briggs y F. David Peat, en Las siete leyes del caos

Ahora se sabe que la materia, esa cosa tan sólida y conocida
que sostienes en tus manos y que compone tu cuerpo, es básicamente
espacio vacío. Espacio vacío y puntos de luz. ¿Qué expresa esto
con respecto a la realidad del mundo?

Jeannette Winterson en Espejismos

El tiempo,  el espacio y la causalidad son como un cristal a través del cual
se ve lo Absoluto…En lo Absoluto no hay tiempo, ni espacio, ni causalidad.

Swami  Vivekananda

 

"modesto planeta...nebuloso y azul" es una frase de Cosmos de Carl Sagan


A este lado del corazón

Matti Rossi

A este lado del corazón

 

A este lado del corazón aún es noche: goza de ella.
El niño viene a tus brazos, dibuja un pájaro en el aire,
el niño y tú os echáis a llorar cuando se va volando.
Pero vuelve, trae consigo otro, te acuerdas
aquel que tú dibujaste una tarde,
aquel que el tiempo alejó. Te ríes
y el niño se ríe cuando vuelan los pájaros
a este lado del corazón, y en la tarde alada
se percibe el aroma de muchos hogares.

A este lado del corazón llueve, es una noche corriente,
los pájaros se han ido, el niño duerme.
Alguien no encuentra su casa, alguien no regresa,
alguien acaba de marcharse, la puerta dio un portazo,
el corazón se abre, se cierra, lluvia y más lluvia
y sólo se oye un susurro de aleteos lejanos
cuando los pájaros de antaño llegan, se vuelven,
vuelan raudos al otro lado del corazón.

Amanece: un espacio iluminado, lleno de soledad, lleno de soledad.
Cuando el niño se despierta dibuja un pájaro en tu mano.
 

 

Matti Rossi (1934), Sortavala, Finlandia.
http://www.enfocarte.com/4.24/finlandia.html


 


CENDRA

domingo 3 de noviembre
La Plata

Cendra
 

Continuando con el ciclo de lectura denominado Cendra, el domingo 3 de noviembre a las 20,00 hs,
se presentarán, en La Enseña de las Tres Ranas, diagonal 78, entre 8 y Plaza Rocha, La Plata,
los poetas Ana Lafferranderie (Buenos Aires), Marina Kohon (Bahía Blanca), César Cantoni (La Plata)
y Horacio Preler (La Plata).

El ciclo toma el nombre de un libro de Horacio Castillo
y cuenta con la coordinación de Diego Roel.


La turbia

José Watanabe

La turbia

 

A mi hermana Dora le debo
la limpieza de mis camisas
y de mi alma.
Mujer más solidaria
no hay:
cuando me  hieren
ella odia por mí.
Si te miro con limpieza
es porque ella está turbia.

 

José Watanabe, Trujillo, Perú, 1945- Lima, Perú, 2007
 


LECTURAS

Agosto
La Plata

 

Cendra
 

Ciclo de Lecturas organizado por el poeta Diego Roel

Claudia Masin/Julia Magistratti/ Sandra Cornejo
 

Domingo 25 de agosto/ 20 hs
En Palo Santo
3 y 39, La Plata
 

En la foto Julia Magistratti, Claudia Masin, Sandra Cornejo y Diego Roel


En Contextos

Talleres
lectura/escritura

En el inicio, dos ejemplos

 

Unidad Penitenciaria N° 25, Lisandro Olmos
por Carlos Ríos


Empezamos el taller literario con una torre de libros de poemas; los alumnos revisan, eligen, leen, descartan, vuelven a seleccionar un libro, y en ese libro un poema, y en ese poema algún verso o pasaje que les llame la atención. Conversamos sobre los alcances de la poesía, sobre el particular registro de la lengua poética, sobre qué cosas del mundo atrae y coloca en un libro. ¿Cómo nos hablan los poemas? ¿Qué noticias nos traen? ¿Quién habla en ellos? ¿Podríamos ser nosotros los que también prestamos la palabra para que ese poema sea dicho? Iniciamos la práctica de la escritura con el intento de describir, en un texto mínimo pero esclarecedor sobre ese interés que surge desde la experiencia de cada uno de los alumnos. Hacemos una puesta en común de los textos. Leemos algunos de los poemas seleccionados. El tiempo vuela cuando nos encuentra trabajando.

Unidad Penitenciaria N° 9, La Plata
por Sandra Cornejo


Abren  la quinta puerta (¿o la sexta?). Un muchacho de unos veinte años dice “profe, venga para el Centro”. Luego de transitar varios recovecos, llegamos juntos al espacio que les sirve de refugio. Dos o tres computadoras precariamente equipadas, una mesa larga, mate. Se arma la rueda y les cuento que mi intención es abrirnos a un mundo de palabras. Uno de ellos teme no poder, recién empieza la primaria, “y si para éso estamos aquí” aclaro, “la idea es compartir palabras, más allá de escribirlas”. Tiempo al tiempo. Otro me pregunta qué se entiende por valores. Con su mirada fija espera una respuesta concreta. Entre ellos, uno acota: “seño, cuando salga voy a vivir de enseñar chino”. El más callado quiere escribir cartas. El que organiza prefiere que trabajemos para la revista del Centro, “así los que nunca pudieron, esta vez colaboran”, insiste. Para la próxima piden un cuento fantástico. Cuadernos, lapiceras. Y cuerdas para la guitarra. Y galletitas. Cuando salgo, el sol inmenso ilumina una sonrisa inmensa; y pensativa.
 

Más data en:
http://servicios2.abc.gov.ar/lainstitucion/organismos/programa_cultura_en_la_escuela/default.cfm


Ana Emilia Lahitte

La Plata

Ana Emilia Lahitte

(19 de diciembre de 1921, La Plata, Buenos Aires – 10 de Julio de 2013, La Plata)

 

Por favor,
quédate ahí.
Si te mueves puede regresar
el mundo.


(de Insurrecciones, 2003)

 
http://www.tuertorey.com.ar/php/autores.php?idAutor=128
 
 

Ana Emilia Lahitte
En el diario El Día de La Plata, 12 de julio



http://www.eldia.com.ar/noticia.aspx?idnoticia=466203&voto=si&link=http://www.eldia.com.ar/edis/20130712/laciudad5.htm


A los 91 años falleció Ana Emilia Lahitte, pérdida que significó un profundo dolor para sus seres queridos más cercanos como así también para aquellos que conocieron sus destacados valores como poeta y como mujer ligada al universo literario tanto local como internacional.

Había nacido en La Plata el 19 de diciembre de 1921 y de chica se crió en su casa de 53 entre 10 y 11, propiedad que había sido construida por sus abuelos y que, ya de joven, Ana Emilia convirtió en sede de sus emblemáticos talleres literarios y en un lugar de referencia ineludible para los poetas de la Ciudad.

Generosa y viajante incansable por el interior del país, su labor creadora abarcó la poesía, la narrativa, el ensayo, el teatro y el periodismo.

Como poeta publicó, entre otros libros: Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los Abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), El padre muere (2006) y Gironsiglos (2006). Entre sus ensayos y compilaciones poéticas figuran: Veinte poetas platenses contemporáneos (1962), María de Villarino (1966), Roberto Themis Speroni (1975) y Cinco poetas capitales (1995).

Obtuvo, asimismo, numerosas distinciones, algunas de las cuales son: Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Puma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994) y Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999).

Amiga y colega de figuras como Juan Ramón Jiménez, Antonio Buero Vallejo, León Felipe, Gabriela Mistral, Gerardo Diego o Gregorio Marañón, los poemas de Ana Emilia Lahitte fueron reconocidos y valorados por poetas de la talla de Juan Gelman y de buena parte de los principales exponentes de la poesía contemporánea.

Considerada por muchos como “la Victoria Ocampo de La Plata”, Ana Emilia dirigió por más de 20 años uno de los primeros talleres de poesía de la Argentina, llegando a superar con el sello Hojas y Cuadernos de Sudestada las 300 publicaciones.

Su obra fue recogida en varias antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre.

El poeta Osvaldo Ballina, uno de sus grandes amigos y quien estuvo junto a ella en sus últimos días, la recuerda como una persona “de una generosidad asombrosa que la diferenciaba del resto y que la hacía siempre preocuparse por el otro”.

Se caracterizó por ser una persona sociable y generosa y, sobre todo, de un carácter lúcido y elegante que nunca pasaba inadvertido. Dueña de una personalidad rica en virtudes, Ana Emilia Lahitte deja un legado que los suyos jamás olvidarán.

 


"Navegar en turbulencia"

Los lunes
Unidad N° 9 / La Plata

Navegar en Turbulencia
 

Cada lunes, a partir de julio, el eje central de la tarea consistirá en llevar adelante un espacio de lectura y escritura creativa a modo de  experiencia extra curricular. Dado que a través de la literatura se crean, descubren y conocen mundos (al tiempo que mediante ella la persona puede encontrar claves para comprenderse a sí misma y a los otros), usaremos este ámbito como herramienta de expresión y alumbramiento, en un marco de respeto creativo y mutua comprensión.

Ante la propia incertidumbre, se irán plasmando aquí dudas, preguntas, resultados, trabajos, inquietudes. Serán los distintos registros/géneros (leyendas, mitos, poemas, cuentos, relatos, teatro) los que nos ayuden a rever un posible aprendizaje en estos universos donde los valores  y la persona humana se tensan en situaciones extremas.

Nota: "Navegar en turbulencia", nombre que nos aproxima otra vez a un taller creativo de lectura y escritura en Contexto de Encierro, es una frase/idea de Inés Dussel, publicada en "La escuela y la diversidad: un debate necesario".

Sandra Cornejo, julio, 2013.


Tuerto rey cultura

junio 2013
La Plata

Tuerto rey cultura presentó:
 

Andalucía Nueva Ignara, de la poeta cordobesa Griselda Gómez
y La puerta del cielo, de la escritora platense María Alicia Uriondo.

Se refirieron a los mismos María Laura Fernández Berro y Mauro Fabián Kein.

El viernes 28 de junio, a las 19hs, en el Museo y Archivo Dardo Rocha (50 entre 13 y 14 de La Plata).


Griselda Gómez es poeta y periodista. En este su nuevo libro traspasa el umbral, convoca a los viejos poderes, y asumiendo una voz singular y colectiva. Afirma: "nadie puede lo que calla".

María Alicia Uriondo, narradora de refinada prosa lírica, nos sumerge en potentes historias que valía la pena rescatar.

“Griselda Gómez con las palabras hace puentes, cruza, arma y desarma imágenes cargadas de significación. Todo adquiere en lo escrito un impulso lírico que es apremiante emoción, conciencia de soledad y percepción del tiempo.
Porque de lo que se trata es de seguir viviendo, tanto en primera del singular como colectivamente. Para ello hay que empezar a exorcizar el mundo, arrancarlo de la docta e ignota apariencia y convertirlo, como hace toda poesía, en una nueva realidad, traspasando el umbral, convocando a los viejos poderes, reviviendo la liturgia verbal, diciendo la palabra de vida”.
María Laura Fernández

Auspician: Asociación Amigos del Museo y Archivo Dardo Rocha
y Tuerto Rey (www.tuertorey.com.ar)

 


Poemas Invictos

Lara Villaro

 

Poemas invictos 
de Lara Villaro
(Alción Editora, 2012)


"Escribo- dice Lara -, y elijo la poesía porque me revela un mundo, porque tiene la magia que casi todo ha perdido. Pero por sobre todas las cosas, elijo la poesía porque me cimienta, y al hacerlo, de la misma manera que me empalidece, me ofrece los colores más sorprendentes de la vida”.

Una amiga grabadora crea imágenes, diminutas. Pájaros a tinta negra. Un papel pegado en la pared enlaza los grabados con el interminable tanteo del peregrino ser. “Con la idea de salir, de emprender vuelo, de recordar a aquella Ilsebill del Rodaballo” escribo, dice Lara. 
(fragmento de la presentación de Poemas Invictos en la Feria del Libro de la Plata 2013) Sandra Cornejo
 


Búsquedas literarias

nota
Aquí La Plata

Maneras de contar un mundo

                                                                               

Reunidas por el cariño definitivo hacia los libros (en todos sus formatos), las escritoras Genoveva Arcaute, Fernanda Castell, Sandra Cornejo y Silvia Montenegro trazan aquí (o ponen en cuestión) algunas de sus razones y búsquedas literarias. Con caminos particulares, diversas en sus gustos y estilos, hacen pie en una certeza común: aquello que perdura nada tiene que ver con las modas o los escenarios. Ni cofradía ni grupo, nacidas o no, crecidas o no en el contexto de una ciudad paradójica como es La Plata (cada vez más abierta y multiforme), se juntaron para desentrañar el reverso de la  escritura, los métodos, el procedimiento, el origen de una elección (o no) en la elaboración de la propia voz.

Aquí La Plata suma sus experiencias como una simple muestra de lo que hay hoy por hoy en las letras platenses y hace de esta nota un espacio que promueve el diálogo y la convivencia desde el hecho artístico. Se transcriben los textos de Fernanda Castell, Siliva Montenegro y Genoveva Arcaute.

 

Escribir es orgánico

(Fernanda Castell)

Escribir ¿es orgánico? Sí. Convengamos esto. Si no puedo con lo que imagino lo escribo y allí desplegado lo puedo ver; si lo puedo ver lo puedo palpar. Y al cobrar esa texturada dimensión, se me hace soportable. Es como inventar-se la parte que falta. Lo que no está allí pero amenaza, si es escrito es conjurado a remitir. O recubierto, al menos tolerable.  Y uno se vuelve imperturbable ante el sinsentido, la verdadera peste humana. Algo de lo que padezco. Es mi condición de existencia. A través de la escritura y por la escritura la vida cobra velocidad. La velocidad del caminante. Y se deviene con el movimiento orgánico. Se integra el cuerpo y como el desmalezador de una selva desconocida uno avanza. Una analogía posible sería la operación etnográfica. Escribo desde la extranjería y la incomodidad.  Inadecuación en estado puro. Es allí donde construyo. En la escritura devengo  y habito. Suspendo la lógica cotidiana: subvierto reglas. No busco, construyo.  La cuestión siempre es la búsqueda del tono y el soporte. Comparto con Lispector eso  de escribir para deshacerse de uno. En verdad es devenir en una cosa Otra. Con la escritura la historia juguetea un poco por fuera de uno. Ésa es la ficción en verdad. Esa interioridad poco reconocida como propia, exteriorizada. 

En relación a lo que pensando en los tópicos de género: las mujeres trabajamos desde lo cotidiano, lo doméstico, lo corporal,  “Cuando un hombre escribe es porque sabe, cuando lo hace una mujer, siente demasiado” como decía Sexton; así como descreo a veces de la taxonomía literaria, la escritura de género me resulta sospechable. Un determinismo tramposo.

Las palabras, para mí., son materiales. Lo único que rescato de mi pasaje por las instituciones educativas ha sido el encuentro con “bancos de palabras”. Y ahora, a la distancia veo que todas mis elecciones incluso profesionales se basaron en el gusto por las palabras que se me ofertaban desde las disciplinas más duras y alejadas del mundo literario, como la Geología o las Matemáticas. El mundo en verdad fue y es algo escribible. Palabras-ideas- ideas/martillo. Trabajo de pulido, esmerilado, devastado. Por etapas, arte textil. La escritura es asíntota. Es como dice Jenny Disky: viajar hasta el Gobi y retirarse antes de tocar la arena. La construcción del poema conduce necesariamente a un clivaje que respira para comenzar con otro. Y lo mismo podría trasladarse al relato.

La construcción de un libro es otra cuestión. En general empiezo con una idea. Una conversación robada. Un sonido. Unos días de observación en la estación de tren.  Universos cristalizados. El mismo planeta. Dialectos. Mucho conurbano. Me gusta viajar en tren. Mirar las casillas. El micro también me ofrece materiales. Observo. Cuando llego a casa, si es posible hago un punteo. Un crudo. Y lo dejo. Luego lo retomo y doy forma. Relato lo que vi o sentí, como si esto fuera posible. Pero existe un momento en el que me desprendo de la experiencia directa y creo otra cosa. Y el procedimiento es variado. Se piensa más en la forma. Las lecturas son el diálogo necesario de cada día: Le Clézio, Beckett, Handke, Agota Kristof, Margaret Atwood, por citar algunos.  Con el tiempo lo escrito sedimenta. Coagula. El  libro deviene. Despliega su propia intencionalidad material.  Que si bien no busca comunicar, circula y al decir de Blanchot “se convierte en la intimidad abierta de alguien que la escribe y de alguien que la lee, el espacio violentamente desplegado por el enfrentamiento mutuo del poder decir y del poder oír”.


Fernanda Castell/data

Nació en Coronel Dorrego en 1965. Estudió Antropología en La Plata. Publicó En el Abras, (Siesta 2003), Peces de agua (Editorial Tema, Porturgal, 2004)  y  La construcción de lo desagradable (Editorial Al margen, 2010). Participó de varias antologías, entre ellas, El verso toma la palabra. 33 poetas argentinos de hoy ( Homoscriptum y la Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, México, 2010) y  País imaginario, escrituras y transtextos, 1960-1979, autores latinoamericanos, prontamente a editarse en Ecuador. Ha recibido distinciones de la Fundación Octubre y  el segundo Premio del concurso provincial de Poesía Ginés García 2001. Tiene varios textos inéditos, entre ellos, una novela, La pena de Azucena. Trabaja en Violencia de Género y como Arteterapeuta. Formada en la Primera Escuela Argentina de Arteterapia, ha trabajado con enfermos terminales y actualmente en Salud Mental en el Centro de Día de CEMIC, con enfermos graves.

 

Buscar lo que ya encontramos
(Silvia Montenegro)
 

Escribir si no es mejor al silencio.
Escribir para hacer pedazos la realidad y convertirla en palabra.
La Palabra.
El templo que nos rodea.
Escribir desde el cielo y el infierno.
Hacerlos atmósfera del lenguaje.
Decir agua, y vaciarse.
Convertir la herida en olor a narcisos.
Ir hacia lo  que no tiene nombre y se nos atraganta.
Ser lo que vemos: resaca y belleza.
Vivir el aire de la ausencia.
Me arriesgo me desnudo.
(Qué terror da la visión de uno mismo,
 saber de sí en el mandala indescifrable).

Surcar la hoja en blanco, con la juventud de la catarsis
y luego despojar, deshojar, limpiar, con el oficio de los viejos.

Leer leer leer. Jugar con fuego.

Aullar el más grito.
El más hondo.
El coronado.

Entregarse a las sombras o construir mariposas.
Montar en cólera las debilidades.

Escribo para no ser una mujer muerta, de vestidos muertos,
de boca muerta, de mirada perdida.

No quiero la llaga inútil.
No quisiera la llaga inútil.

Quizás el designio fue habitar las palabras de los acorralados.

Amar a Rilke, a Rimbaud, a Baudelaire, a Voltaire. A Tom Waits:
“Gastado y herido, no es culpa de la luna”.
Amar la poesía de la música, la música de la poesía.
Mozart, Chopin, Beethoven (recuerdos de la infancia en que mi madre clavaba mis manos en el piano, y yo inventaba planetas en el cielo).
Las teclas duelen la memoria.

En esos años iba construyendo desde la nube, el velo. El pequeño reino.

Asumo la deshonra de invocar mi batalla al gozo, en estos tiempos en que el imperio irriga y amordaza.
En estos tiempos que el “capital” se comió a la flor, y se tomó el agua que regaba a la flor,
y le chupó la raíz, y la destripó, y nadie se apiada.

El enigma es buscar lo que ya encontramos.
Quizás de eso se trate la literatura.

 

Silvia Montenegro/Data

Nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, en 1961. Egresada de la  Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de La Plata. Publicó Sobredosis de alma (Sudestada, 2001), El diablo pide más (Ediciones Último Reino, 2004; Premio Hespérides, 2004) y Los príncipes oscuros (Último Reino, 2008). Participó en festivales nacionales de poesía de San Luis, Junín, Azul, La Rioja, Paraná,  en el Festival Internacional de Poesía de Rosario 2003  y en el Festival Internacional de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires, 2009. En el exterior, participó en el Festival Internacional de Poesía de Michoacán, México, en 2005. Su poesía integra antologías en Argentina, México, Perú y Alemania. Una selección de sus poemas fue traducida al alemán y al portugués. Es una de las organizadoras del ciclo de lecturas de poesía llamado Tohu-Bohu. Actualmente es secretaria de la Sociedad de escritores y escritoras argentinos (SEA).

 

Leer para vivir
(Genoveva Arcaute)

 

La experiencia literaria es salvífica, cura, alivia. Estar enamorado, estar en análisis, estar en manos de la escritura, todo trance doloroso puede morigerarse en el trabajo de la lengua. No cura, pero sí alivia. Bienaventurados quienes rozan al menos uno de estos  programas de sanidad del alma.

(Diderot identificaba el placer de la lectura con la posibilidad de escribir. Para gozar de la lectura es casi imprescindible  ser capaz de escribir: la inteligencia del emblema poético no le es dada a todo el mundo, hay que estar casi en estado de crearlo para sentirlo. Por eso aquí se trata de ambas cara de la experiencia indistintamente)

La experiencia literaria es más del orden del goce que del orden del placer. Este aquieta, conforta, arropa. Aquel nos comunica pérdida, vacilación, crisis, temblor. ¿Por qué buscarlo? Jugar con los límites, hallar el nexo entre la matriz primera, materna –sin connotación de sexo- la korá griega, lo somático prelenguaje, esfera del padre. Ese umbral, ese continuo a donde regresamos en el sueño es el territorio de la creación artística. Lo convencional en nosotros se resiste quizá, el lenguaje opone resistencia, a menos que se revierta en poesía, entonces el sujeto sana, se aleja de riesgosos borders. El texto organiza el límite. Y funda una nueva sintaxis.

Lenguaje es búsqueda, es el oráculo de la especie, el lenguaje literario descontextualiza y lo hace con violencia, salta hacia la polisemia. No revela, pero hace señas, según Heráclito.

La elección de las palabras es en el orden de lo antiguo en el fondo del alma, de lo arcaico del impulso vital, las  imágenes  allí abrevadas dan el poder y la potencia de decir. Remontarse desde la convención hacia ese fondo atávico que viene de abismos. Sublime-exaltación-asombro-éxtasis en un circuito que conduce a una raíz originaria. Es el lenguaje literario el que desviste, el usual el que encubre. El lenguaje poético es desnudo hasta el espanto. Sin paradas intermedias que relajan, leer es buscar con la vista la única flecha disparada desde el fondo de los tiempos

En este camino se establece una red de sentidos por fuera de la gramática. Hablamos de ritmo, respiración, aliteraciones, onomatopeyas, ecos. El receptor aquí, gira en operaciones dobles, hay dos escrituras, pugnan, se niega y se afirma. Se instala la polisemia, lo múltiple y como en los sueños, desaparece la unidad. Una retórica análoga a la del sueño: plural, relacional, asociativa.

El ritmo es revelado por el poema y no es una subcategoría de la forma, sino inseparable del sentido, es organización del sentido en el texto. A menudo el sentido viene del ritmo en un poema y no del significado. Y no hay sentido más que por y para un sujeto. Y el funcionamiento de éste pone en evidencia a una sociedad. De donde la historicidad del sujeto lleva la mirada a ese ritmo individual que patentiza lo político, antropológico, único. El ritmo sobrepasa al signo en lo que tiene de corporal, y lleva a una teoría del discurso. Discurso anclado en un punto histórico, que da cuenta del placer que provoca. Poético, ético, político, antropológico, aspectos inseparables, desencadenantes uno de otro, encadenados en la producción de sentido.

Aunque no podemos dar cuenta del estilo de nuestra época, vivirla nos invalida. Apenas soñamos y pretendemos dar cuenta de nuestro sueño, no podemos hacer de otra manera.

Pero sí podemos comprometer nuestra primera infancia en nuestra obra, de otro modo la invalidaríamos.

Así, un poema es una cadena de jeroglíficos en los que el sentido está imbricado en un ritmo haciendo un todo que siempre se está escapando, como el sentido de los sueños. Pero si la belleza estalla, no se piensa en entender o en diseccionar.

Dijimos experiencia literaria, la lectura, la escritura, el doble movimiento de un amor: Narcisismo, en el juego del yo que se refuerza, que de ratón se encuentra águila, y en la cumbre se pregunta quién lo dejó estar ahí. Un yo que se permite ser extraordinario. Por el otro y por sí mismo en la escritura, hecha otro apenas se separa del que escribe.

Que  necesita parirse, darse a luz, -nadie nace para siempre- Escribiendo se nace, se es el otro, se amamanta a la madre. Escribir como los dioses que hicieron los libros que se apoderan de uno, lo traspasan, lo transportan.

Alimentarse de texto, leer para vivir. Es que el que escribe ha tenido hambre de libros, ha leído, mordido: con la primera leche, el primer libro.

Idealización, porque en el lenguaje poético el yo se permite el derecho a ser extraordinario, necesariamente, otro, aquello de lo que se carece, de lo ausente.  Que asume todas las perfecciones.

Vivir en la carencia, a  impulso del motor, el deseo, hacia identificación e ideal, buscando sin suerte el nombre en la punta de la lengua que se atrapa en perífrasis, en metáforas, en un halo de melancolía.

Qué decir de la propia escritura después de semejante despliegue: se agradece el aporte de los maestros Barthes, Meschonnic, Quignard, Cixous, Kristeva y quienes subyacen en el entramado de entrañables lecturas ya sin pie de imprenta.

Y agregar que es desvelo, acecho, captura, predación de la palabra inesperada, que lo es en el laboratorio, en el lexicon privado y en  el contexto donde encontramos la ropa de diario. La palabra inesperada deslumbra y altera, descompone el pulso e interroga. Pero ahí está como los viejos telegramas con buenas noticias, a seguir desvelando el convoy que arrastran, leyendo el sentido a medida que se escribe, que escribo lo que leo y leo lo que escribo.

Genoveva Arcaute/Data

Nació en La Plata, en 1953. Es egresada de Letras. Colaboró en la revista Humor entre 1980 y 1990. Publicó la novela breve Mandorla en 2007 y el poemario Todas somos Frida en 2010. Antologada por la Biblioteca Nacional 2009 y 2010.


Foto: Constanza Agesta
(De izquierda a derecha: Sandra Cornejo, Fernanda Castell, Genoveva Arcaute, Silvia Montenegro)


La 123

Colegio Nacional
UNLP

 ..."si hemos de vivir es porque habremos de amar".
Una nueva era y siempre el mismo sol.

Para 6°5°, en La Plata, entre yesos y cumbia, entre La Charles
https://es-es.facebook.com/LaCharlestone y la matemática integrada!!

Gracias a la educación pública y responsable. Gracias al tiempo,
y para cada uno en este extraño planeta, bendiciones 2012/2013.

Sandra Cornejo/Tuerto rey Cultura


Sofía Rei/De tierra y Oro


Breve historia de una canción

Sofía Rei, además de cantar y componer, lee, y lee mucho. En uno de sus viajes de regreso a sus "pagos de acá" (vive en Nueva York desde hace algunos años) se cruzó con una antología de poetas mujeres, allí encontró un poema que escribí en el 2005 en Partes del Mundo: Todo lo perdido reaparece. Enseguida sintió que una musiquita le brotaba. Me preguntó por mail si lo podía convertir en canción y yo me pregunté cómo sería posible tamaña empresa. Lo logró, claro está.  El punto es que desde entonces nos hemos mantenido en contacto, por mail, por teléfono, y poquitas veces en persona.

Proviene de una progenie de mujeres luchadoras, unas warriors, como me contó sonriente en ese barcito de 11 y 47 de La Plata cuando nos encontramos por primera vez. Sofía también tiene familia en La Plata, recorre varios países por año y en el Norte se desplaza entre Boston (donde enseña) y NY (donde vive). Inquieta, estudiosa, desbordante de vida, ha sido un gusto entrañable encontrarla gracias a la magia de la poesía y la música. Al que quiera, no se la pierda, presenta este 23 de noviembre su último cd De tierra y Oro en La Trastienda, en el marco del Festival Internacional Buenos Aires Jazz 2012, Argentina. Y luego sigue su viaje, llevándose a la poesía por ahí.

Sandra Cornejo, noviembre 2012.

Sofía Rei en: http://www.sofiamusic.com/
http://www.buenosairesjazz.gob.ar/home12/es/plays/show/v/id/57.html
 

 


Keats, su hogar


Keats, su hogar/
por Sandra Cornejo

 

“Yo no sé nada
y sin embargo mi canción surge en comunión con la tiniebla.
Yo no sé nada
y sin embargo la noche escucha.”
John Keats

 

Luego del Canal de la Mancha, en la Isla, Hampstead Heath, al norte de Londres. En el centro, el underground parte de la parada de Tottenham Court, sobre Oxford Street.

La ciudad,  prolija, indica los sitios y las reglas. Un policía camina, conversa con otro. Detrás de Piccadilly y los teatros, el Soho. Una versión del cuento Las babas del diablo de Cortázar se cuela por los setos del Hyde Park, cerca del Palacio de Buckingham, donde la guardia saluda a la Reina, invariablemente.

Reminiscencias del Big Ben lejano de la infancia, una fuente en el Támesis, cristalina, y London London, la canción que sonaba en un viejo disco de Caetano, vienen a la memoria, sonrientes. La boca del  metro se abre ante amplios ascensores. Es un claro mediodía. Hace frío. Un frío soleado.

El aire que huele a campiña sobre la colina de Rossling nos da la bienvenida: este paisaje no avanza hacia nosotros como un monstruo, jamás lo haría. Por el contrario, se serena el cansancio y la curiosidad aumenta.

El camino desciende, ondulado. Hampstead aparece dulce, verde y dorado en el otoño: la aldea conserva su viejo rostro, el rumor de altas ruedas con llantas de caucho, el zigzag de una ardilla que saluda, trepa por un tronco añoso, y no quiere films. Cercas de madera, de arbustos, de hierro. Casitas con techos de tejas negras, ventanas de marcos pintados de blanco. Jardines como los jardines del gigante de los ojos azules. Flores rojizas que le crecen a la tierra. Un aroma en el aire a lavanda y entre las callejuelas serpenteantes y los árboles, la leyenda. El corazón se inquieta y en la profunda soledad aparece Wentworth Place, la casa de Keats.

Sobre un tenue paredón de maderos, el cartel, pequeño y de madera también, anuncia que allí vivió el poeta romántico inglés entre 1818 y 1820. El sendero es de piedra, bordeado de hierba, hojas, pasto, unos pasos y se abre la casa, robusta, doble planta, cálida. Paredes blancas, dos ventanales lado a lado, y al centro, una pequeña escalinata que asciende hasta el portal. La aldaba y un extraño y entrañable mayordomo de color que atiende.

Un menudo pasillo, la biblioteca, pinturas, la estufa hogar, manuscritos, la máscara con sus facciones, intactas. Y el sueño que desciende. El recuerdo de un sueño que se asienta y sobrevuela el instante.

Se diría que dos años no son mucho tiempo. A John Keats le bastaron para crear sus obras capitales, que sin saberlo, lo instalarían en lo más alto de la literatura inglesa, y en la cumbre de la poesía mundial.

Su vida, obviamente, fue muy corta. A diferencia de sus hermanos de raza, Shelley y Byron, no eligió morir, aun cuando la “extremada melancolía” merodeara siempre por sus rincones.

La querida criatura del dolor, borracho de imágenes y palabras, sobrellevó el áspero mundo convencido del valor de la belleza porque creía que la belleza “es la única senda que conduce a la verdad”.

Desde que leyera La reina de las hadas de Spenser, ya no pudo olvidar “la ballena que empuja el mar con el hombro” y sus días empezaron a generar un remolino de fantasías helénicas y un cielo de mitos: los peñascos de la poesía crecían en él como las hojas en un árbol.

Su orfandad prematura fue compensada por una constelación de amigos que a modo de identidad le hacían de suelo, techo y contención. El grupo de Hampstead: Reynolds, Haydon, Hunt, Bailey, Dilke, Brown, Severn, lo acompañaron en su último viaje, le sostuvieron los hombros y le custodiaron una obra que la sociedad, entonces, no estaba preparada para recibir.

Wentworth Place, rodeada de verde, de un blanco impecable por fuera, en su planta alta, en la habitación de Keats,  todavía conserva la cama en la cual aquella primera gota de sangre, a sus 25 años, le anunciara que iba a morir de tuberculosis, como su hermano menor y su madre. “Este es mi certificado de defunción”, dijo.

Quizá allí, aún, Fanny Brawne, su amor irrealizado, su amor desbordado, se pasea como una sombra entre las salas de la casa. Quién sabe si llora, quién sabe. Una vez escribió Keats: “¿Sigue Shelley diciendo raros relatos de la muerte de los reyes? Díganle que hay raros relatos de la muerte de los poetas. Algunos murieron antes de ser concebidos”.

Keats descansa en un cementerio de Roma. Su otra ciudad querida. Su otro puerto. Su hogar está en Hampstead, luego de La Mancha, al norte de Londres. Endimión, Hiparión, La víspera de Santa Inés, Al ruiseñor, Las estaciones humanas, Soneto a Fanny, Oda al otoño, El castillo encantado, son trozos suyos que nos habitan a todos dondequiera que se encuentre la poesía.


Nota:
Texto pensado para y publicado por Horacio Castillo cuando el poeta tenía a su cargo el suplemento literario del diario El Día de La Plata.


Mes del bibliotecario y las bibliotecas populars

Septiembre
en cada rincón del país

Una Biblioteca es un centro consumidor y productor de cultura; alberga en sus salas el debate y la actualidad, articula tareas con otras Instituciones con un claro sentido de humanidad, identidad y proyección, da cabida a todos los sectores generacionales; en ella se difunden autores nuevos que, junto a los consagrados, tienen la función de establecer un diálogo constante con el público. Los bibliotecarios, nexo entre los libros y la comunidad, resguardan ese mundo con la tarea noble y solidaria que desempeñan cada día. Puente entre los libros y la comunidad, pocos como ellos comprenden la naturaleza de las palabras.

Un cariño en estos días dedicados a homenajearlos.
Sandra Cornejo.

"El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas".
Jorge Luis Borges

"Mediante la difusión práctica de la lectura, se crea un cierto número de condiciones necesarias para acceder a una ciudadanía".
Michele Pétit

"Los dictadores de diverso signo han comprendido - con mayor lucidez que muchos parlamentarios democráticos  - cómo se relacionan arte y vida. Y se pusieron a encender hogueras. Porque, si bien es cierto que ningún poema pudo evitar que sucediera Auschwitz, la literatura es capaz de suscitar transformaciones personales más allá y por fuera del lenguaje".
Mónica Sifrim

 

Foto: Alicia D'Amico.  Borges en la Biblioteca Nacional.

 


Alicia Genovese y Sandra Cornejo, diálogo

10 de agosto
Rayuela Libros, La Plata

Se presentó en Rayuela Libros (44 N° 561, entre 6 y Plaza Italia) la poeta Alicia Genovese. En la charla, organizada por el Fondo de Cultura Económica y Rayuela Libros, Genovese dialogó con Sandra Cornejo sobre su obra poética y crítica. Leyó además poemas inéditos y recorrió especialmente algunos temas desarrollados en su último libro, Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco (2011). Auspició Tuerto rey Cultura.  

Alicia Genovese (Buenos Aires, 1953).
Es poeta y ensayista. Es profesora de Letras por la Universidad de Buenos Aires y obtuvo un doctorado en Literatura Latinoamericana en la University of Florida, Gainesville. Dirige el departamento de Literatura de la Universidad John F. Kennedy, de Buenos Aires, y coordina talleres de escritura. Publicó críticas y notas periodísticas en diversos suplementos culturales y revistas especializadas, como Hispamérica y Revista Iberoamericana. Obtuvo la beca a la creación en poesía otorgada por el Fondo Nacional de las Artes en 1999 y la beca John S. Guggenheim en 2002.
Es autora de los libros de poesía El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), La ciudad de los puentes / La ville des ponts (Quebec, Canadá, 2001), Química diurna (2004) y La hybris (2007). Ha publicado también el ensayo La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (1998).
Fondo de Cultura Económica ha publicado Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco (2011).


Tuerto rey Cultura


Tuerto rey Cultura es un espacio que promueve canales de participación e intercambio entre escritores, pensadores, artistas y público en general, impulsando toda aquella actividad que fortalezca, a través del arte y sus diversas expresiones, la salud, la educación y la cultura.