Tuerto Rey - Poesía y alrededores

en el archipiélago /
textos de aquí

Eric Schierloh
/ poemas de El Mamut

 

El Caos (Extended)

 

Una mujer abre las piernas para dar a luz a un niño ciego:
en el cementerio entierran a un anciano vestido con su mejor traje negro.
Una pareja de leones africanos estériles copula en el zoológico:
unos chicos de escuela cruzan la avenida tomados de la mano.
Alguien enciende lentamente el último cigarrillo de su vida:
un hombre a duras penas logra poner en marcha su viejo automóvil sin frenos.
Seis caranchos revolotean sobre un lagarto muerto en medio de la ruta:
en una partida de ajedrez al aire libre dos peones coronan reinas.
Una madre amamanta a un chico ciego de once meses:
en el desierto una serpiente negra acaba con una rata flaca y sus nueve crías.
Una pérdida de gas invade la casa de una familia tipo:
un jubilado afila las cuchillas de su cortadora mecánica.
Un chico de diez años enciende un Lucky Strike que le robó a su padre:
Meet the Mothers of Prevention gira en un tocadiscos por cuarta vez en el día.
Cinco bombas caseras explotan en cadena en cinco embajadas europeas:
un hombre sale de caza con sus dos hijos durante la veda.
Entierran a un chico ciego y a una viuda que murió de tristeza:
alguien en una vieja máquina de escribir tipea «del caos: el orden».

 

Por Dios que no te hayas muerto

 

Hombres de pelo negro con peines en los bolsillos traseros de sus pantalones;
hombres desesperados por desempañar los parabrisas desde adentro;
hombres meando junto a sus autos en marcha mirando el cielo estrellado;
hombres fumando cada treinta y cuatro kilómetros y medio;
hombres buscando pueblos fantasmas en el mapa equivocado;
hombres imaginando a putas de tiempo completo.

Mujeres orinando junto a sus hijas detrás de los árboles;
mujeres maquillándose frente a espejos escupidos;
mujeres hojeando revistas de moda a 100 k/h bajo diminutas lámparas de 12 voltios;
mujeres que por nada del mundo se sentarían en los inodoros de las estaciones de servicio;
mujeres imaginando a solteros bien dotados y algo desquiciados.

Pero esta chica se restriega las manos en su vestido;
esta chica trata de escribir algo en la tierra húmeda
junto a las placas geológicas de asfalto gris y negro;
esta chica con un vestido rojo floreado
y zapatillas blancas deportivas recién robadas
se esfuerza por escribir con un crucifijo
algo junto al camino en el que espera.
«Por Dios que no te hayas muerto» dice.
«Por Dios que no te hayas muerto» escribe con el crucifijo la chica.

Y en el cielo se dibuja una tormenta
que sólo puede ser augurio de malas noticias.

 

Seventeen bottles of whisky (Extended)

 

                                               i.m. Dylan Thomas

Diecisiete botellas de whisky
no harán de un pobre borracho enfermo
un hombre mejor o peor de lo que era.

Diecisiete botellas de whisky
no harán que el viejo camarada lisiado
se ponga a saltar de alegría en medio de la fiesta.

Diecisiete botellas de whisky
no harán que nadie baje de un barco
por la sencilla razón de que después de diecisiete botellas ya no hay barco.

Diecisiete botellas de whisky
no son más que una botella de whisky
y dieciséis de pura agua de cloaca destilada.

Diecisiete botellas de whisky
no harán de un viejo marinero un hombre más honesto
ni de una bailarina nocturna una mujer capaz de amar.

 

Balada del hombre solo

 

A Julia Oceanchild

Mi mujer se ha ido a una de esas reuniones
con amigas de los buenos viejos tiempos;
yo me he preparado unos espagueti
con albóndigas y salsa descongeladas.
Afuera maúllan las bestias mientras desgarran
las bolsas de la basura de dos o tres días.
Después salgo a fumar un cigarrillo bajo las estrellas
con los brazos en jarra, como un buen entrenador atento.
Siempre que miro al cielo no puedo evitar
pensar en cosas como Platón o los ETs,
o en una casa junto a la playa
con ventanas rotas y paredes agujereadas.
Hay rocío sobre el pasto y el techo de la casa brilla
como la espalda de una sirena en la noche.
La luna está amarillenta
probablemente por todas las porquerías que hay en la atmósfera.
Algunos disparos de escopeta y una sirena,
y algunas luces de edificios saturados que se apagan.
Voy a mear, sí señor; voy a mear
mirando la Osa Mayor o lo que fuera.
Antes de entrar en la casa reviso el buzón
y de regreso piso algunos hormigueros diminutos.
Dos gatos me miran desde las sombras;
«Bon apetit» les digo. «¡Bon apetit, bestias!»
Toda la casa a oscuras;
puedo oír el agua corriendo en las cañerías.
Me como las últimas albóndigas frías
mientras miro los recortes pegados en la heladera.
Me acuesto con los pies fuera de la cama,
vestido y con los dientes sucios.
Bendita oscuridad.
«Bendita oscuridad artificial», digo.
—Mi mujer es maravillosa.



 

Eric Schierloh

Eric Schierloh

 

Eric Schierloh (Buenos Aires, 1981) es autor de las novelas Formas de humo (premio del Fondo Nacional de las Artes, 2004; Beatriz Viterbo Editora, 2006), Kilgore o Todo vuelve a su cauce más pronto o más tarde (finalista del I Premio de Novela Bruguera Editorial, España; Bajo la luna, 2010), Donde termina el desierto (premio del Fondo Nacional de las Artes, 2009; Bajo la luna, 2011) y Maguey o El cuaderno tapatío & de los libros de poemas El Mamut (al que pertenecen estos poemas y que próximamente publicará Bajo la luna), El Hombre-Montaña, La Matanza del Ternero Cebado & la Insurrección de los Lúcidos en la Región del Maíz y Mattawamkeag. Ha traducido la poesía de Herman Melville, Lejos de tierra & otros poemas (Bajo la luna, 2008) y uno de sus diarios, Diario a bordo del Meteor (1860) & otros textos (Bajo la luna, 2011), así como a Henry David Thoreau, Raymond Carver, Dylan Thomas, Theodore Enslin y los escritores de la Generación Beat, entre otros. Vive en City Bell, provincia de Buenos Aires, Argentina.
 

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