Tuerto Rey - Poesa y alrededores

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Roxana Páez
/ Diario de la china

(Donde el diablo perdió el poncho y la liebre y el zorro se dan las buenas noches)

 

 

La habían raptado los indios,
remontada de los pelos
sobre el anca de un caballo.

Pero su bisabuelo
fue indio también
y había robado durante un malón
su bisabuela.

Sucedidos, vampiros, chotacabras.

Presagios y estrellas.

Sólo habían sido suave las piedras.

 

Su soledad subrayó
que fue dueña de sus decisiones,

 

un planeta en éxtasis
diferente de los otros planetas.
Un conjunto de moléculas en movimiento.
Se va. Se raja. Se rompe.

 

Hace una semana vio
al zorrito violeta
durmiendo al sol
en el campo, después de correr
en su juego mudo.

 

Hace 14 días vino el vampiro,
le aleteba un hombro
o la abrazaba por detrás,
desaparecía por un zaguán
y reaparecía como un asalto.

 

Qusiera ser india mala, pero no le sale
como malón. -En buena ley !

Esta larga ausencia como un exilio
es una absoluta presencia

que el tiempo no altera.

El mundo se me esquiva,
reconstruirlo
día a día,
poema tras poema.

Un verso, un día son la misma cosa
si nacés en movimiento.

Vida minúscula, días diferentes, iguales,
voy a levantar su eternidad!

Ya sé que piensan que soy huinca letrada
imitando a una china. Pero no.

 

Cuando era chica me hechizaba
una palabra que no entendía.

Cuando leí por primera vez
no entendí nada.

Y eso me deslumbró.

Me alumbró tal cosa.

Los libros son
piedras brillantes.

La noche termina en una negra pizarra,

con restos de tiza.
Y encima de la noche,
un renglón luminoso, fulgurante.

No fui a la escuela.
Espiaba.

 

De cualquier lugar de dónde sea soy
de aquí.

Como flor de panadero. Inútil
preguntar de dónde viene.
Siendo planta vuela,
siendo autónoma, busca donde posarse
y desaparecer.

 

En el bosque percibo el sonido de las cosas que van a morir,
los preparativos de un nacimiento.

 

Criatura negra.

La lengua me da las palabras,
sueños, insultos que ponen a girar
la rueda dentro.

Puedo mirar a los gauchos directo a los ojos

puedo verlos alzados
en sus bestias galopantes.

Nadie me enseñó a montar
pero aprendí, como a leer, nadar y escribir.

Las vacas sueltas en la tierra son palabras
de un mensaje que no entiendo.

Miro sus ojos negros en medio de la angustia blanca.

Un indio borracho se me acerca
vestido con unas plumas de avestruz.

Se queda en silencio,
apenas me sonríe.
Entre las rendijas aparecen los ojos
medio verdes, escupida de mate.
Mezclado con italiano parece.

Cayó piedra sin llover, como decimos
cuando los demás llegan
a la rueda donde cebo.

 

Hace un fuego y yo me voy
entibiando. Indio mezclado.

Estira la mano para agarrar la mía
de un tirón, siento su aliento
en mi dedo, donde tengo un tajo.
Mira mi lastimadura
para hacer de cuenta
que se preocupa por mí.
Y me la chupa.

 

Escuché los gritos del chajá.
No sé qué me venía advertir
que me mete en la boca
un gusto triste de sangre.

 

Bípedo implume!Me perturbás
ese silencio mío
y el comienzo de una sonrisa
que no estalla.

Estallá!

Vos tampoco ordenaste tu pena.

 

Desde la ventanilla, viene la tierra como si fuera sal.
Era de noche todavía cuando llegué.

Pedí a unas chinas ateridas que me dieran una mano
para clavar la pala en las afueras
de los viejos pueblos blancos,
enterrar otro mal recuerdo en la nieve.

Campos helados. En pocos días me voy al verano.

 

De aquí,
donde la liebre y el zorro se dan las buenas noches,
donde está lleno de nosotros, de otros,
aparecidos y desaparecidos.

A medida que fue pasando el día,
fui respirando mejor y comencé
a disfrutar de lo pasado.

La libertad continuará.

No quejarse, agradecer, decía
el chacarero irlandés,
antes de podar la viña.

En la pérdida, ganancia. Qué suerte
pa’la desgracia, meta repetir mi abuelo.

Durante el día trabajar mi soledad.

Aquí donde el diablo perdió su poncho,

en el quinto baobab como me gusta decir
después que el negro me preguntó
si su recuerdo de árbol no
era un primo del ombú.

Y esos tres olivos diminutos al este!

su verde seco,
agua que sube de la tierra
al cielo.

Vino el olor antes del agua.
Enloquecen las plantas, las moscas
y quien sea yo.

El aire zumba hasta que rompe bolsa.

 

Caminé a tontas y a locas bajo la lluvia
que declara verano,
inclinada,
vendaval.

Me guarecí en la posta.

Después de la tormenta,
escampa.

Igual sigo muerta,
no estoy enamorada.

 

Trepo el eucalipto,
en la rama manchada
ahí me recuesto.

Las luces de las casas,
que los habitantes creen
que son para su mesa, su pan,
su pieza,

son señales luminosas
que me hablan a mí de otra vida posible:
al cuidado,
debajo de un cielo raso.

 

Sería necesario que deje
el mío?

Evitar este vuelo de noche,
evitar la suspensión
envuelta dentro del aura del humo?

Estoy equivocada,
al alejarme de lo que vuelve suave
la vida de las chinas?

 

El tiempo es bueno,
la ruta de estrellas,

los giros y la flotación
me suceden en ese mar de intensidad
junto al mar mismo.

Mi rama, un caballo en el viento.
Ahora el aire se vuelve turbulento. Pero
sólo pierdo casa y tiempo
en apariencia.

Parto y reparto.
Será difícil vencer
este impulso de carta.

 

Pude verlo con largavista,
sobrevolarlo. Mis ojos se iban allá.
Y siendo yo la invasora,
lo veía como una aparición.

Como aparece el pájaro en la vida de un hombre,
como una sorpresa en su campo visual.

Pero después?

He comenzado una nueva vida.

Y me acuesto en el suelo.

Ayudo,
a cambio de un jornal
y me voy.

Ayer preparamos una bomba
que hicimos explotar
para romper las nubes.

Hay que saber reconocer
las amenazas del cielo.

A salvo las uvas del granizo!
Así nos enseñó un tano.
Después ayudé con el arte del corral
donde las gallinas se están acostando
todavía. Por qué, por qué
se espantaron tanto?

Había temblado la tierra. Habían
venido en tropel. Pero yo estaba
escondida bajo granos de maíz.

Puede parecerte duro,
pero prefiero seguir con la tienda
enrollada, precio de mi libertad.

Aunque sean medio hermanos
ellos me la cortarán. Y yo hago
lo que quiero, me volví maleducada.
Cualquier organización, tribu,
chacra, gaucho carente, gringo solo,
me amenazan, de todos sospecho yo,
que me quieran mandonear.

 

 

El resto del día
anduve trabajando sola
mis pensamientos.

En qué momento de la estación,
el hijo venía. Lo tenía como gurí.
Se reía conmigo. Y boleaba los ñanduces
cuando se despertaba certero. Nos divertíamos.
Al sol yo le buscaba los piojos y él
enlazaba gurisas o abrazaba la guitarra.
Al hombre, tengo que buscarlo
para verlo pasar siquiera
al vuelo.

Tiempo, mosquito insistente,
dejame tranquila

comer mi puchero
y una naranja fría.

Los fantasmas no se acercan
porque voy acompañada
de un talismán,

del mate y la bombilla de plata,

meta chupar. Como respiro.
Y la energía se mete a galopar.

Yerba, polvo desigual,
verde y amargo como la tierra
que vuelve la fatiga
un yuyo raro. Exalta!,
enciende.

Nunca necesité dormir para caer
en el sueño. Ese verano, comimos piedras
y lo concreto
sigue llenando el pensamiento.

 

No puedo saber de dónde vengo.
Madrecita no responde y lo sabía,
estrellas declinantes?

Porque un día los conquistadores, los buscadores
de tesoros, los cazadores de indios y los tratantes
de negros y después un vasco, un francés,
un italiano, un ruso, un alemán, un gallego

y qué se vuelve tipo de aquí? Es negro de negro, de indio,
de andaluz, de siciliano? Esa nariz es pampa, huarpe, tana?

Aquí estamos
al mismo tiempo en todas partes:
selva, pajonal, pampa húmeda y tierra dura.

Qué desierto?
Gauchos, chinas, indios, negros,
gringos, troperos, cuatreros, matreros.

Soy un poco todo eso.

Aquí es ahí es allí.

Nómades tan entretenidos,
la intemperie no puede explotar.

Los intrusos han derrochado la luz.
Hasta las moscas vuelan dormidas bajo este sol doble.

Claro que siento el peso de tareas que me son obligatorias.
Lo pesado pasa
si tenés la cabeza en un enjambre de insectos.

Abejorros en celo, mariposas, rumorosas,
afiladas cigarras que me desesperan,

mosca de ojos dorados,

el asesinato de la mosca.

 

A mí no me dicen la gaucha,
a lo sumo guacha y no sé para ustedes quién soy.
Si india, china, en todo caso de un asia de por acá.

Repulsivo plasma étnico, así nomás,

sobre un mar verde, sólido
sembrado de huesos de vaca
que de noche son fosforescentes.

Es la industria del cuero y de la grasa,
lujo de los caranchos,
regalo de los chimangos.

Siempre tengo 3 pájaros
revoloteando en derredor.

Esas sombras alegres que sospecho detrás:
indio, gaucho, gringo, de todos puedo
aprender y a cada uno enseñar una cosita.

Si uno desaparece por abandono, por muerte,
lo que viene a ser igual, otro ocupa
su lugar rápidamente.Tres es la seguridad.

Trabajados por la vida brava,
tostados, fuertes,
ojos acostumbrados a sondear.
A ver, qué profundidad, ojos de místico?

Es bueno cuando desayuno
con uno, carne y humo.

Otras veces, ése que creí mi porvenir,
no estuvo ni siquiera presente en mi pasado.

Le pedí que me encienda un fogón.
Y él se pregunta dónde conseguir las ramitas
del cortejo. Vago resultó o loco, o violento
y se me fue la inspiración.

 

Y me oscurecí en un nido mío
y de día me cubro con un manto tibio
de oro que calma la tristeza,

como el peligro la ahuyenta.

Empecé muchas vidas.
¿Dónde vive mi zorro violeta
en invierno?

Hace mucho que no siento una efusión luminosa.

Calculé mal. Acaso calculé?
Conozco mi felicidad
y muchos días también la desconozco.

Las cosas me suceden vertiginosamente.
Las penas son el pasaje de una vida
a la siguiente.

Palabras hermanas, denme energía
para vencer la orfandad.
Pónganme alas para salir de mi aislamiento
y encontrar una aguada.

Porque cazadora no soy, ni domadora de potros,
ni soldado, ni centinela de la civilización,
ni bárbara de Andalucía.

Pero sé vivir entre emboscadas y sobresaltos
al cuerpo y al pensamiento.

Y soy muy buena
atrapando la sortija.

Aquí me pongo a escribir
sobre el cráneo de una vaca.

Malhaya la inspiración,
yo prefiero improvisar.
Sin guitarra ni octosílabo
que le dejo a mis hermanos
a quienes gusta alardear.

Puede explotar la intemperie.
Ya no puedo cortar campo.
La tierra se divide con alambre,
la estancia interrumpe la vagancia!
El tren atraviesa la inmensidad.

Hagan una gauchada
-esperanza bastante dolorosa :
Váyanse todos !

Brusco cambio a mujer mala ?
India taimada, china traicionera.
(Cuánto cuesta representar tal personaje.)

Con la pena me voy.
Dejo los trastos, entre ellos, vos.

 

Soy la flor de panadero
en mi sillita de oro suspendida.
Avanzo bajo el poncho rojo
con que se fue cubriendo
el día.

La honradez de la gracia y la desgracia.
Una pena extraordinaria
con el cantar se consuela?

 

 

Belleville, 2 de abril de 2010

 

 

del quechua guacho : huérfano, abandonado, errante.

 

Roxana Páez

Roxana Páez

Roxana Páez nació en La Plata. Vive desde el año 2000 en París. Poeta, ensayista, traductora, crítica, profesora, viajera. Sus libros de poesía son Gran distracción animada (Seis Sellos,1994), Las vegas del porvenir ( La Marca, 1995), La indecisión (La Marca,1999), Fogata de ramitas y huesos (Alción, 2002) por reeditarse, Lettera rarissima (Marsella, Fidel Anthèlme X, 2007), Madre Ciruelo ( Alción, 2007) y Serie de banda rumorosa-Todo lo que es útil para quien se encandila por desconocimiento (Alción, 2011).
Obtuvo, entre otras distinciones, las Becas Saint-Exupéry y la Direction du Livre; el Primer Premio Nacional de Poesía del Concurso Enrique Pezzoni, otorgado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y el premio internacional “Juan Laurentino Ortiz”. En 2005, obtuvo su Doctorado en Lenguas Romances en la Universidad de Grenoble.