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Gerardo Gambolini
/ “La memoria esparcida”. Poesía Irlandesa actual

Prólogo


  La presente selección de poetas irlandeses, cuyo título La memoria esparcida está tomado del poema “La casa del fuego” de Patrick Deeley, responde principalmente, al deseo de reunir en un volumen una serie de poemas traducidos por y con placer a lo largo de algunos años. La excéntrica, saludable desproporción entre la demografía y la producción poética irlandesas vuelve muy difícil, si no imposible, lograr una antología abarcadora. Más aún cuando la selección se centra en poemas escritos en inglés, en un país donde una parte sustantiva de la literatura está escrita en gaélico. Las omisiones, por tanto, conforman un ejército de sombras.

  Dicho esto, el criterio adoptado para este libro ha sido el de ofrecer una muestra de la poesía irlandesa aparecida, en términos generacionales, con posterioridad a la de los nombres más gravitantes del siglo XX (de Yeats y Joyce a Clarke, Kavanagh, Beckett, MacNeice, Kinsella, Montague, Hartnett y Heaney, entre otros), escrita por poetas nacidos a partir de 1940. No obstante, por encima del hilo conductor de una determinada nacionalidad, mi aspiración es que los poemas aquí presentados sean leídos por su valor intrínseco, si es que tal cosa existe. En lo personal, si leo a Shakespeare o a Cervantes o a Borges no considero la condición inglesa, española o argentina de cada caso. Todo el mundo pertenece a un lugar, un momento y una cultura específicos, y esa perogrullada, ciertamente, no es el punto principal; no importa cuánto apreciemos tal o cual color local en particular. Mi gusto por los poemas elegidos no partió de su irlandesismo. He tratado de valorar su carácter universal. Sus temas y modos, innegablemente irlandeses en muchos casos, se vuelven universales –si lo hacen– por el talento, no por la geografía.

  “La historia de la poesía irlandesa a partir de 1950 es el relato de cómo una nueva generación de hombres y mujeres buscó otra vez –como lo hiciera Yeats a principios del siglo– liberar 10 a Irlanda de su provincianismo mediante una crítica rigurosa y una actitud europea”, escribe Declan Kiberd. Las veintidós voces aquí expuestas corresponden a una Irlanda más diversa y cosmopolita. Receptora de inmigrantes, incluso. De hambrunas ajenas. Muchos de los poetas presentados han viajado o vivido en el exterior. El diálogo con el pasado puede permanecer, pero la identidad ya no parece exigir ni la exaltación del oeste ni ningún “Non serviam” de despedida o “París en guerra” beckettiano. Los temas se permiten una menor endogamia. Así, aumentan los paisajes de ultramar, las abstracciones, los horizontes menos determinados. Poco a poco, el estereotipo muta. Como en muchas excolonias (un estatus discutible, dada la mutación global en la mecánica del poder), ahora hay más variedad de vinos.

  Un tópico significativo, sin embargo, mantiene aún hoy una fuerte presencia: la figura del ancestro, sea este el padre o los antepasados en general, como objeto de nostalgia, compasión o rechazo. La referencia familiar o tribal sigue siendo abundante. Acaso un dilema, no ya de identidad, sino de pertenencia.

  Sin que agote su universo en modo alguno, y sólo a partir de los poemas elegidos aquí, la crítica de la que habla Kiberd podrá observarse, más velada o explícitamente, en Michael O’Loughlin, Patrick Deeley, William Wall y Pat Boran, por caso. Como se verá, hay una acidez radical y un pathos escéptico en Fred Johnston o en Gerry Murphy. O, como es manifiesto, un alejamiento iniciático de la insularidad en Harry Clifton. O una indagación lacerante en Peter Sirr, un vacío latente que sobrevuela en John Deane y Pádraig Daly. Pero sería artificial tratar de aunar o sacar denominadores comunes en todos ellos (sin olvidar las omisiones) para satisfacer tan sólo una descripción sumaria. Afortunadamente, cada voz es intransferible. Cada una enfrenta con su propio bagaje sensible las regiones que decide enfrentar, en el dominio de la evocación, la observación o el cuestionamiento.

  Como tantas veces se ha dicho, la buena literatura (o el buen arte en sí) es una forma de reflexión; nos hace pensar más allá del texto, nos permite imaginar una dimensión más estable que la realidad ofrecida por el marco externo. Por un instante, uno 11 cree en la posibilidad de una clave traducible, en una suerte de espacio donde flotan arquetipos, armonías que uno vanamente trata de aferrar, aunque sea de manera fugaz, fragmentaria. Lo que nos conmueve es la ilusión de estar traduciendo voces a un lenguaje íntimo, extrañamente impersonal y atemporal, que proporciona algún alivio a nuestra condición. Y de ese modo, los buenos escritores, poetas en este caso, logran un efecto quizás más importante: nos sacan de nuestro propio monólogo.

  Desearía concluir este prefacio expresando mi especial agradecimiento a Harry Clifton, Peter Sirr, Joseph Woods, Gerard Smyth, Michael O’Loughlin, Fred Johnston, Mary O’Malley y William Wall por la ayuda que me brindaron para la traducción de sus poemas. Y, muy particularmente, a Pat Boran por su generosa ayuda en la parte final de este proyecto.

  Recuerdo con mucho afecto las cálidas conversaciones y la amistad mantenida con algunos de ellos, a lo que se suman los gratos momentos compartidos con Pádraig Daly, John F. Deane, Macdara Woods, Iggy McGovern y Tony Curtis.

 

 

Nota sobre la traducción

  El criterio de la traducción de la presente antología ha sido el de respetar los signos de puntuación de los textos originales, aun cuando no se correspondan con la norma de edición española. Esto se notará fundamentalmente en el uso del guión largo, muy común en la escritura inglesa y utilizado de manera distinta en nuestro idioma. Si bien está de algún modo emparentado con nuestros puntos suspensivos, sugiere una pausa diferente. A juicio de quien traduce, su reemplazo por comas o por guiones de apertura y cierre, generando una aposición, entrañaría otra connotación semántica, en muchos casos ajena o distorsionante.
                                                                                                                                                                                                                                              G. G.

 

Gerardo Gambolini

Gerardo Gambolini

Gerardo A. Gambolini nació en 1955, en Buenos Aires, Argentina. Es traductor y poeta. Seleccionó, tradujo y prologó, junto a J. Fondebrider, la Antología de Poesía Irlandesa Contemporánea (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999). Es traductor del ensayo La invención de Irlanda, de Declan Kiberd (Adriana Hidalgo, Buenos Aires) y de los Cuentos completos, de John Mcgahern (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009). Ha participado en diversos congresos sobre traducción, como expositor. Ha publicado los libros de poesía Faro vacío (Buenos Aires, edición de autor, 1983), Atila y otros poemas (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2000) y Arañas (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2007). Sus poemas también fueron publicados en diversos medios de la Argentina y del exterior, entre otros, los periódicos Clarín, Convicción y las revistas Diario de Poesía, Mascaró, La Danza del Ratón, Luvina (México), Periódico de Poesía (México), Action Poetique (Francia) y Poetry Ireland Review (Irlanda).

Se agradece a detodoslosmares editorial (http://www.editorialdetodoslosmares.com/) la posibilidad de transcribir aquí el prólogo de "La memoria esparcida". Poesía Irlandesa actual. Con selección, prólogo y traducción de Gerardo Gambolini.