Tuerto Rey - Poesía y alrededores

poesía, magia y alrededores /
de la literatura universal

Pascal Quignard
/ fragmento de Morir por pensar

 

La muerte de Ariadna

 

Teseo, con su ovillo de hilo en la mano, no le avisó y bordeó la costa.

Siguió el borde de la costa que venía a rozar el agua como si fuera un hilo.

Llegó a su barco. Subió a bordo. Tomó el cordaje con ambas manos. Tiró bruscamente de la cuerda. Izó la vela. Partió.

Fue así que sin decirle nada, sin mirar atrás, Teseo abandona a Ariadna entre las focas y los lobos, clavada en un arrecife aislado. Ella alza la vista; los halcones marinos la sobrevuelan. En la isla de Día, frente a Cnosos. Allí sobre su peñasco, mientras grita cada vez más en vano, cuando articula cada vez más débilmente el nombre de Teseo que acaba de abandonarla, mientras muere en el sitio donde fue abandonada, mientras gime, en voz baja, de manera dolorosa y punzante, ese nombre amado, mientras poco a poco el nombre se hace canto y deja de designar a un ser, cuando modula y acentúa su treno en el dolor, entonces Liber llega para tomarla en sus brazos, abre sus alas y la trasporta al cielo.

Pascal Quignard

Pascal Quignard

Pascal Quignard nació en 1948 en Verneul-sur-Avre, Francia, en el seno de una familia de músicos y especialistas en literaturas clásicas. Su infancia estuvo marcada por períodos de autismo y anorexia. Ya adolescente, sus gustos se inclinaron por la música, el latín, el griego, los estudios etimológicos y la literatura. En 1968 estudió filosofía en Nanterre. En 1969 publicó un ensayo sobre la obra de Sacher-Masoch, pero fueron las novelas El salón de Wurtemberg (1986) y Las escaleras de Chambord (1989) las que lo dieron a conocer. Desde 1969 fue colaborador de la editorial Gallimard, hasta que en 1994 tomó la decisión de dedicarse exclusivamente a escribir. En 2002 ganó el premio Goncourt por su novela Sombras errantes, hecho que significó la consagración de una obra de una enorme riqueza y variedad, que incluye ensayos sobre filosofía, música, literatura y arte, novelas y poesía.

Este texto pertenece a su libro Morir por pensar –Último Reino IX (el cuenco de plata, 2014)