Tuerto Rey - Poesía y alrededores

poesía, magia y alrededores /
de la literatura universal

Richard Matheson
/ Soy leyenda, fragmento

 

 

En aquellos días nublados, Robert Neville no podía saber cuándo se ponía el sol, y a veces ellos estaban en las calles antes que él regresara. La hora del crepúsculo estaba unida para él, por los hábitos de toda una vida, al aspecto del cielo, y prefería entonces no alejarse demasiado.

Caminó lentamente alrededor de la casa, en la luz grisácea y débil, con un cigarrillo colgándole de la boca, y arrastrando por encima  del  hombro un hilo de humo. Revisó las ventanas en busca de alguna madera floja. Los ataques más violentos dejaban tablones rotos  o arrancados en parte, y debía reemplazarlos. Odiaba esta tarea. Hoy, asombrosamente, sólo faltaba un tablón.

En el patio examinó el invernadero y el tanque de agua. A veces los hierros que protegían el tanque se habían aflojado, y los caños estaban retorcidos o rotos. A veces, en el invernadero, las piedras arrojadas por encima del muro habían agujereado la red protectora, y tenía que cambiar algunos vidrios.

Pero el tanque y el invernadero estaban hoy intactos.

Volvió a la casa. Mientras abría la puerta de calle, vio en el espejo una distorsionada imagen de sí mismo. Un mes antes había clavado allí aquel espejo agrietado. Pocos días más tarde algunos trozos caían en el porche. Que siga cayendo, pensó. No colgaría allí otro condenado espejo; no valía la pena. Había puesto en cambio algunas cabezas de ajo. Era más eficaz.

Atravesó lentamente el oscuro silencio de la sala, dobló por el pasillo de la izquierda, y entró en el dormitorio.

En otro tiempo los adornos habían abarrotado la habitación, pero ahora todo era enteramente funcional. Como la cama y el escritorio ocupaban tan poco espacio, había transformado una pared en almacén.

En el estante había un serrucho, un torno, y una piedra esmeril. Sobre él, en la pared, todo un muestrario de herramientas.

Neville tomó un martillo y extrajo, del desorden de una caja, unos pocos clavos. Volvió a salir, y clavó rápidamente  el tablón en la persiana, arrojando los clavos sobrantes en la derrumbada puerta próxima…

Richard Matheson

Richard Matheson

Richard Matheson nació en 1926 en Nueva Jersey, Estados Unidos y murió en 2013 en California, Estados Unidos. Autor de clásicos literarios de la ciencia ficción como El hombre menguante, Más allá de los sueños o La casa del infierno. Ha sido considerado uno de los escritores más importantes del siglo XX. Obtuvo, entre otros premios, el Premio Mundial de Fantasía.

“Soy leyenda, saludada como una incomparable novela de horror, plantea  a la vez un enigma, con un vigor, según Boucher que sólo se encuentra en algunos escritores de la “escuela dura” norteamericana. Pero es, además, de acuerdo con la sagaz interpretación del crítico francés Claude Ernoult, un viaje en el tiempo, y el lector asiste gradualmente al nacimiento invertido de una leyenda. El punto de partida no es aquí -como habitualmente- un efecto, sino una causa: la supervivencia de un hombre normal en una sociedad anormal”. En la contratapa de Soy leyenda (Minotauro, 1971).