Tuerto Rey - Poesía y alrededores

en el archipiélago /
textos de aquí

Silvia Montenegro
/ poemas de La Bruma

 

Nani


 


Cuando atendí el teléfono,
era Nani pidiendo velas. Fósforos.
Que el agua se me llevó todo.
Que por favor, mi hijo con frío.
El perro en una bolsa de residuos
muerto por querer saltar un alambre.
Y los vecinos,
a todos se los llevó el arroyo.
No pudieron salvar ni a la beba ni al viejito.
Mire, hasta un señor se fue nadando tras ellos.
Y rezo, vio que yo siempre rezo, pero no.
Llueve todavía.
Que vaya, que la ayude.
Todo flota.
La silla, la mesa la cocina,
la ropa el colchón
las fotos los rosarios
los políticos los jefes
los carteles, las delicias del futuro.
Flotan biblias, constituciones.
Flotan leyes, discursos,
árboles, silencios
y miedo.

 



La Huida
(Fragmentos)
 



El mar sólo cuida a quienes saben nadar detrás
                                                                             de la rompiente.
Cuando se anda por la orilla la espuma trae certezas.
Te roza como esos muertos que aparecen en sueños,
que te visitan suavemente pero no callan.

Te recuerdan: donde lastimaste quedó un conjuro.
Y así, con los pies blancos en la espuma, oís el galope
                                                                de los viajeros heridos.
Entonces de tu nombre roto sale una voz que reza por
                                                                                          los eternos.
 





No es casual el paisaje elegido.
Uno es con lo puesto y algunas sombras.

Si ha de ser la bruma que sea ésta, con el café entre
                                                                                          las manos
frente al mar de octubre.

 


Plaza Miserere


 


No soy ellos
pero entre ellos escribí la sombra.

Borré la sombra y encontré un túnel.
Había una desembocadura
y era una plaza
con restos de mí entre las palomas.

Una gran puerta se abrió.
Una herida se abrió.
Era yo una paloma sin canto.

Fui entonces a tenderme bajo el silencio del biguá.
Quise escribir eso y decir la luna canta como Amy.
Pero mi voz es un tren que no frenó.
Un tren que siguió caminos sin ungir antes del vacío.

No soy ellos pero entre ellos veo mi rostro.

Puse mantel de flores y serví agua en una copa azul.
Vino hacia mi mesa el zumbido de los que duermen en
mantas húmedas.
De mi brazo nació una araña, un hilo negro y dulce
sosteniendo lo insostenible.

No soy ellos pero con ellos me hundí en la noche.

Lo real es un pasillo en demolición.
No sé qué me pasa, en qué vida soy.
En quién escribo cuando los recuerdos llegan
y quedo sin blindaje, sin techo lo púrpura.
En las horas sin pájaros
soy ellos entre sus rostros aunque no vea el mío.

Hay días así,
desmoronándose.

 

Silvia Montenegro

Silvia Montenegro

 

Silvia Montenegro nació en La Plata en 1961. Es egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Publicó los siguientes libros de poesía: Sobredosis de alma (Sudestada, 2001), El diablo pide más (Ediciones Último Reino, 2004), Los príncipes oscuros (Ediciones Último Reino, 2008) y La bruma (Barataria Libros, 2014). Fue invitada a numerosos festivales de poesía, entre ellos: Festival Internacional de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires, Festival Internacional de Poesía de Michoacán (México), Festival Internacional de Poesía de Trois Riviere (Quebec, Canadá) y Festival Internacional Transpoesía (México). Figura en antologías poéticas publicadas en Argentina, México, Perú, Italia y Alemania. Algunos de sus poemas fueron traducidos al francés, al alemán y al italiano. Entre 2009 y 2012, se desempeñó como Secretaria General de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA). Reside en City Bell.