Tuerto Rey - Poesía y alrededores

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Norma Etcheverry
/ poemas de La vida leve

La rajadura


Je suis tèrrible. Algo se quebró dentro de mí y no puedo acomodarlo. C`est tout.
Si pudiera, pasaría el tiempo entero viendo películas, o tomando aviones. O trenes,
con gente desconocida. Hacia lugares desconocidos. Hasta mudar toda la piel.
Y desear la lluvia.
 

La historia de amor


El vendría en un barco, alguna vez... mientras ella caminaba sobre el murallón cada tarde...
creo que al final él no regresa y ella pierde la razón.  Pero la “verdadera” historia sucedía entre
los actores que daban vida a ese desamor. Cuando se quitan las ropas de época y  cae el decorado,
lo que aparece es la historia prohibida de los principales actores.
Y, al final del rodaje, tal vez se amaran también.
No lo sé.
Pero siempre pienso en esa mujer que espera a un hombre que está en el mar.
 

El viento


Escucho el viento, su nombre que viene desde la ruta del desierto cuando las caravanas
de menhires deslizaban sus almas blanquísimas y ya estabas, estábamos ahí.
Cuando todavía no teníamos designio de los ángeles ni rostro humano.


El Trópico


Cruzamos el Trópico de Cáncer mientras el sol atraviesa el vidrio y horada mi costado izquierdo.
Un  estado semifebril me lleva a ver todo lo que veo como si fueran imágenes de una película muda.
Nubes espesas que se recortan en el cielo, la superficie en sombra  de los cerros, el nopal,
y los cuervos que sobrevuelan. Y luego están los camiones. Fantasmales figuras escupiendo humo y mezcal
en ambas direcciones de la carretera cincuenta y siete. Sólo camiones y pequeños santuarios,
como una aparición, sobre el camino. Cruces y vírgenes, y unos pocos ranchos abandonados
por los cazadores furtivos. Cada tanto, animales resecos reptan  bajo el sol.
“A poco llegaremos  a Real de Catorce” dice, como quien dicta una sentencia,
y su aliento a tequila corta la espesura de esta tarde de piedra.
 

El manzano


Finalmente mandé sacar el manzano de la huerta. Como un amor que nace enfermo
y no puede dar frutos, debía terminar y salir de mi vida.
Dirán que fui cruel, sabrán que no. Le di oportunas primaveras a sus flores blancas.
Las manzanas prometían ser dulces y crecer enteras como una persona que se precie y decida ser feliz.
Pero al llegar el verano caían sin fuerza antes de la cosecha. Entonces, se llenaba de palomas
y cotorras que, al igual que los cuervos, venían por los restos.
Confieso que era bella la luna sobre las ramas del manzano enfermo y yo solía pegarme al cristal frío
sólo para admirar su plenitud, su circular blancura en dirección opuesta. Imaginaba un pájaro
que atraviesa la noche o el último avión que abordé para cruzar de un continente a otro.
Siempre con la esperanza a cuestas, lloraba sobre el hombro de un futuro cercano
y volvían a nacerle flores blancas, crecía el entusiasmo y la indulgencia de otro otoño sin hacha.
No hubo nada que hacer. El jardinero no aceptó cavar la tierra para quitar la enorme
raíz que el manzano ha dejado en mi huerta.
Dijo que un pozo semejante sería triste y se llevó los troncos y las ramas.
Todo parece más vacío ahora, aunque el sol da de lleno sobre el limonero.
Como un amor que nace enfermo y esperamos que cure, lo regué cada día, cada estación del año.
Cuando un amor así brota de la tierra, todos los males y todos los bienes se desparraman.
Guardamos la esperanza en la caja de Pandora.

 

Norma Etcheverry

Norma Etcheverry


Ranchos, 1963. Reside en La Plata. Es periodista y poeta. Publicó Máscaras del Tiempo (1998),
Aspaldiko (2002), La ojera de las vanidades y otros poemas (2010) y La vida Leve (2014),
libro al que pertenecen estos poemas.

Sobre La vida leve:
http://www.eldia.com.ar/edis/20150104/Poesia-libro-como-Caja-Pandora-septimodia3.htm