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Juan Carlos Moisés
/ Una lucha desigual con las palabras


Una lucha desigual con las palabras

 

1
Escribir es devolver golpe por golpe en una lucha desigual con las palabras.

2
Toda escritura se puede leer también como un libro de viajes.

3
La primera sensación es que las palabras nos pertenecen.
Pero la realidad puede ser otra: que somos nosotros quienes pertenecemos a las palabras.

4
Escribo lo que no sé. Lo escribo como si lo supiera.

5
No escribo porque lo sé. Lo sé porque lo escribo.

6
En poesía, las ideas no se conciben sino con palabras.  

7
Auden: “La poesía no hace que ocurran cosas”.
La poesía ocurre en las cosas y las cosas en la poesía.

8
Un escritor debería tener un “atrapatodo” para escribir.

9
Cosismo. El efecto de las cosas en las personas.

10
Las cosas, su presencia: cosismo.

11
Escribir un poema sin palabras. Escribir palabras sin poesía.
No escribir ni palabras ni poesía. Pero escribir.

12
Escribir en el agua una poesía de tierra. Escribir en el agua, con tierra.                
Escribir como si el agua fuera tierra. Escribir en la tierra, con nuestros propios pasos.

13
Si no hubiera más alternativa, escribir con pasos en el aire,
con pasos en el agua, hasta que la escritura se haga visible.

14
Escribir en la arena de la playa el sentido de lo duradero. Escribir en la roca
el sentido de lo pasajero.

15
Escribir solamente lo que se ignora. Y sobre todo, escribir ignorando lo que se conoce.

16
Escribir con la mano que le han cortado al ladrón.
              
17
Escribir con los ojos. Escribir en los ojos. Llegado el caso,
escribir como si no tuviéramos ojos.
O bien, escribir sobre los ojos como si no existieran las palabras

18
Irnos del poema, como si pudiéramos irnos, o como si no hubiera poema.

19
Escribir, para estar acompañado. Escribir, para saber que no hay compañía.

20
Olvidar las palabras en el camino, y ya no poder volver atrás a buscarlas.

21
Perder las palabras y que las encuentren otros.

22
Escribir porque sí y escribir porque no. Pero escribir.

23
Escribir una sola palabra, una sola que valga la pena.
Escribir esa palabra con todas las palabras a disposición.

24
Cuando alguien escribe lo que se cuenta, lo que cuenta es lo que se escribe.

25
Escribo sobre la imposibilidad de escribir; escribo con la excusa de que no  
puedo escribir. Para que esta forma de escritura no sea un fin en sí mismo,
grito lo que escribo. Grito con todas mis fuerzas. Sólo me oye mi perro.

26
Escribir un poema es aprender a hablar de nuevo.

27
Más de una vez he tenido que irme de la poesía. La negué (tres veces, como Pedro a Jesús),
la rechacé, la olvidé, la reduje a nada.
Pero siempre he vuelto, rendido, y caí a sus pies, como se hace con un amor verdadero.

28
Suele pensarse que el poema esconde palabras de utilería, y que lo visible,
lo que muestra, es la imagen acabada y pulida de esas palabras desechadas en el camino.
Si los diéramos vuelta del revés, esos signos provisorios también deberían ser el poema.
Sería bueno hacerles esa jugada —ponerlas en igualdad de condiciones que las otras—
para que no se escondan detrás del poema sin dar la cara.

29
En la intención real de esta mano que escribe
hay un movimiento elástico por hacer (salto mortal, sin red);
y aunque no siempre alcanzar lo otro es conocer su realidad,
hago lo que debo: dispongo las palabras en la línea, como acróbatas,
para tocar desde lejos a quienes no veo ni puedo oír.

30
Las palabras son impacientes. Pensemos, pensémonos, dicen ellas,
y que nos piensen, que no ahorren pensar los pensamientos.

31
Sobre este paisaje estepario. La primera impresión es que las pampas altas
nos provocan una conmovedora inquietud.
La segunda es saber si nuestra presencia les produce alguna inquietud a las pampas altas.

32
Carver: "La buena narrativa es, en parte, la transmisión de un mundo a otro".
En poesía deberíamos hablar de transmisión de sentido.
Y esta otra: "Una línea de referencia que va del mundo real al mundo de ficción".
Son dos mundos comunicados. Pero el camino no sólo es de ida; también es de vuelta.

33
Dos vidas, como espejos enfrentados, se manifiestan en la persona que escribe.
La primera, en movimiento: la experiencia antes que las palabra.
La segunda, en reposo: el movimiento de las palabras.

34
La imagen previa al poema puede estar quieta o en movimiento,
puede ser clara o confusa. No se trata sólo de verla sino de que sea una presencia,
un estar en uno, como en la tierra las semillas.

 

 

 

Juan Carlos Moisés

Juan Carlos Moisés

Juan Carlos Moisés. Nació en Sarmiento, Chubut, en 1954. Publicó Poemas encontrados en un huevo (1977), Ese otro buen poema (1983), Querido mundo (1988), Animal teórico (2004), Palabras en juego (2006), Museo de varias artes (2006; 1° Premio Fondo Nacional de las Artes) y Esta boca es nuestra (2009). De 1990 a 1998 dirigió el elenco teatral “Los Comedidosmediante” con el que recorrió varias ciudades del país y participó en festivales provinciales y nacionales. Autor de La casa vieja (1991), Pintura viva (1992), Muñecos, un cuento de locos (1993), El Tragaluz (1994), Desesperando (1997) y La oscuridad (2002); todas estrenadas. Publicó las obras El tragaluz (2007, en “Dramaturgos de la Patagonia Argentina”, Argentores); y Desesperando (2008, por el Instituto Nacional de Teatro y Argentores); y los libros de cuentos La velocidad de la infancia (2010) y Baile del artista rengo (2012). También es dibujante. Vive en su pueblo natal.