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Alejandro Pidello
/ poemas de Las alas de Ángela

Fatal Ángela

A mí estas estrellas me llevan la muerte
– pensaste –
parada como chica de la nouvelle vague
en esta calle Monseñor Cabrera en el cruce con Juan XXIII, como que de más de tanto repulgue en la vida católica
o con más de insectos insecticidas
que de bendición papal.
A mí, que amé el mundo
me volaban tus zapatos rojos con tacos finitos
o infinitos si se tomaban en la escala de los premios de familia
con viejas palabras como burguesa
llena de fruta
de esperanto
y de nafta.
A mí también, estas estrellas me piensatizan la muerte
de las vidas
de los sistemas de signos como tu escritura cuando te pesabas desnuda
o del alfabeto sarcástico de los sordomudos.
A mí, me hacen la muerte
como murió Fellini
de desasosiego en las esperas,
de turbulencias en el perfume de la oculta magia de la materia sublime. 


Las alas de Ángela

Ángela es giganta, larga, bella
justa ero visión de Luc Besson.
Pero nosotros paseamos con Andra, como una Ángela muy pequeña por el borde de sus pechos.
La curiositá é una brutta bestia cantaba
y medía cuando podía la propagación de ciertos fenómenos italianos.
Y el puente nos llevó a todos,
los frutos de esa estación de los trenes amargos y los mosquitos.
Y el modelo de la carretera tipo París- Texas de Wenders.
Y el sol estaba gris,
como las miradas que presagiaban las distantes tormentas en la eternidad
donde nunca la piel tocada se repite.
Sus pelos cortos que crecían sin propuestas aparentes,
siempre presagiaban su boca de sonrisa arriba
la luna estaba negra como si fuera posible semejante construcción de misterio
aunque estaba también evitando
perseverando
la eternidad del despegue.
Y su perfume, fue siempre un canto de yuyos
exóticos,
una especie de Tourandot dentro del aire expirado de Cecilia Bartoli
y su saliva a la justa medida
de todos los ángeles, como una previsible
e imprescindible
Ángela.

 

El mundo

Morder mariscos desnuda al borde del balcón sobre los
arcos del Pont Neuf
o con una bandera roja en el techo de la Sammaritaine
y preguntar sobre el destino de un batallón
perdido de Napoleón.
Como por arte de mago
salté vestido de alma negra
–  pongamos otra música –
la del ángel del misterio de la guarda del mundo
– vos querés? –
– vos crees? –
en esas cortinas de agua que hacen de esas casas una pintura
en la costa izquierda, o una guache
Guandra
sentada en una silla, tu cuerpo silba sibila inmóvil
aunque ojos de dinamita te desvestían por todas partes
casi allí comenzaron nuestras lluvias, bajo ese puente con
el sol de Binoche.
Hace frío, los otros están en invierno.
 

Alejandro Pidello

Alejandro Pidello

Alejandro Pidello (Rosario, Argentina, 1947) es poeta, profesor de Química Biológica e investigador en el área de la Ecología microbiana de los sistemas naturales. Cofundador de la revista de poesía La Cachimba (Rosario 1971-1974) y coeditor del sello editorial Papeles de Boulevard. Publicó: Los colores del salón de lectura (1973), El Diablo in albis (1997) y Estación de animales buenos (2007), libro que mereció el premio provincial José Pedroni 2009.

Estos poemas pertenecen a  su libro Las alas de Ángela (2012).